Animal Político

Manecillas del reloj y sus conmovedoras explicaciones

Lo cierto es que los símbolos son la comunicación de un desplazamiento de sentido. Si un símbolo necesita ser explicado —más aún si requiere tanta explicación— pierde su estatuto de símbolo.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:05 / 29 de junio de 2014

El reloj de la plaza Murillo comienza a girar en sentido inverso. Salen varios personeros del Gobierno a explicar, no sin poco candor, que no hay error, que se trata del símbolo de que el sur es el nuevo polo desde donde se cambia el mundo, que es un signo descolonizador, que se quiere romper con las convenciones, que el sur, que el norte, que el izquierdo, que el derecho, etc...

Hay que ser justos, las exposiciones de miembros del MAS no escatiman en encanto y conmueven hasta al corazón más pétreo: Betty Tejada, en la Tv, sacaba a colación a Galileo (física); la Cancillería, en su explicación cosmogónica, departía sobre el acto de reflexionar (metafísica); y otras autoridades hablaban de la naturaleza de lo convencional (antropología y lingüística).

Lo cierto es que los símbolos son la comunicación de un desplazamiento de sentido. Si un símbolo necesita ser explicado —más aún si requiere tanta explicación— pierde su estatuto de símbolo. Todo desplazamiento de sentido —sea simbólico, metonímico, metafórico o alegórico— se explica por sí mismo por enlaces asociativos.

Tenemos entonces que un reloj anda al revés, se cree en el equívoco, se sale a explicar que es un símbolo que comunica tales o cuales cosas, ergo dicha comunicación simbólica no existe y tampoco tal símbolo.

Lo cierto es que la política de descolonización no llega a estar ni en pañales y es una página casi en blanco llena de un par de muecas como la del reloj.

Todos estos ademanes responden a cierta economía del gasto (con sentido negativo), pues demandan conflictos gratuitos que se gana el Gobierno y le exigen más o menos energía para remediar. La hoja en blanco de medidas estructurales descolonizadoras se llena con estas episódicas gesticulaciones. La economía del gasto barroco acá no tiene correlato con el horror vacui.

La arbitrariedad del significante lingüístico nos devuelve a las convenciones arbitrarias pero necesarias: nadie sabe cómo es que la palabra “mesa” comenzó a significar el objeto que designa ese fonema...

Pero pasemos a lo práctico, a la cotidianidad: ¿qué sucederá con los juegos entre más de dos personas que “convencionalmente” tienen su turno de acuerdo al sentido de las manecillas del reloj? (silencio...) Pero... hablemos de convenciones socialmente aceptadas, acá va una: que el MAS sea socialista.

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