Animal Político

María Luciana Cadahia: 'Evo es más moderno que bolsonaro...'

Plantea una noción distinta del populismo; lo ve progresista, sobre todo por ser incluyente.

María Luciana Cadahia, docente e investigadora universitaria.

María Luciana Cadahia, docente e investigadora universitaria. Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

00:00 / 19 de junio de 2019

La joven doctora en Filosofía, de origen argentino-italiano y residente en Colombia, llegó a Bolivia a presentar, junto con Juan Carlos Monedero, el tomo IV de Pensando el Mundo desde Bolivia. El 29 de mayo, un día antes de la entrevista con Animal Político, la también profesora universitaria había sido “desvinculada” de la Universidad Javeriana (Bogotá), “sin justa causa”, según relata ella que decía la nota del despido. Fue un remezón en el mundo académico; en esta misma semana, el 12 de junio, 15 docentes de la Facultad de Filosofía de la referida universidad hicieron pública una carta elogiando el trabajo de Cadahia y llamando a reflexionar sobre aquello del despido “sin justa causa”. La Universidad, refieren medios colombianos, aún no se ha pronunciado al respecto. Cadahia, como hacen pocos, reivindica el populismo; tendencia más bien progresista, disiente en que a Donald Trump o Jair Bolsonaro se los considere ‘populistas de derecha’. Evo Morales, populista, dice, es más moderno que muchos otros (como  Jair Bolsonaro o Mauricio Macri) que lo considerarían premoderno, por ser ‘populista’, precisamente.

— ¿Se puede seguir hablando de populismos de derecha y populismos de izquierda?

— Hay mucho debate sobre eso. La distinción surge en Europa, entre populismo de derecha y populismo de izquierda; en mi caso, disiento de esa distinción, pues me parece que a lo que se suele llamar populismo de derecha en realidad es fascismo, y me parece necesario pensar teóricamente que el populismo no es fascismo. Voy a usar una palabra rimbombante, pero para dejarlo marcado: la ontología política del populismo es una ontología abierta e indeterminada, y por lo tanto no puede ser nunca fascista. La ontología política del fascismo (en cambio) es identitaria, cerrada sobre sí, se clausura sobre sí. Por tanto, fascismo y populismo son dos ontologías, dos modos de ser de lo social y lo político completamente distintos.

— ¿Cómo ubica a Evo Morales y al gobierno del MAS?

— Desde la teoría yo puedo pensar a Evo Morales y a todo el progresismo latinoamericano como una ontología política del populismo, como una experiencia política populista, independientemente de si estos líderes se reconocen o no en esta consigna, sobre todo cuando es muy difícil reconocerse en una consigna tan estigmatizada; pero creo que la lógica de construcción del Estado Plurinacional, y la manera en que el MAS, a través de Evo Morales, articula a los sujetos populares, a los excluidos, puede ser pensada desde la lógica populista.

— Siempre se ha querido contraponer populismo y democracia;  se dice que el populismo es la prehistoria, lo que la democracia moderna ha superado.

— El problema es que hay muchas maneras de nombrar a la democracia. Y hoy hay una tendencia teórica y práctica que elabora una noción reducida y pobre de la democracia, muy funcional al neoliberalismo. Y es desde esa noción empobrecida de la democracia que se dice que el populismo no es democrático. Pero si hacemos un trabajo más serio, una genealogía más profunda de la democracia, del papel del pueblo en la democracia, tenemos muchísimas herramientas para entender que el populismo es una concepción de la democracia. Y es una concepción de la democracia más amplia, más sustantiva, y que, por tanto, es una noción incluyente, a diferencia de esta noción empobrecida y neoliberal de la democracia, que es excluyente. Por tanto, la disputa es por pensar no solo el populismo, sino pensar qué noción de democracia estamos trabajando y qué tipo de democracia queremos.

— Esto lleva un poco a abrir la mirada de la democracia misma.

— La alternancia, por ejemplo, es una forma específica de comprensión de la democracia. Creo que lo importante es entender a la democracia como un proyecto político, y sí es interesante que dentro de ese proyecto aparezcan varias figuras, figuras femeninas de liderazgo, y esas figuras nuevas no suponen la anulación de los liderazgo actualmente existentes. Lo que creo es que cuanto más figuras de liderazgo haya dentro de un mismo proyecto político, y si encima esas figuras son mujeres, negros, campesinos e indígenas, tanto mejor para el movimiento.

— A Trump y Bolsonaro algunos los tildan de ‘populismo de derecha’; usted postula que no corresponde, ¿pero en últimas qué son?

— Yo no considero que ellos sean populistas. Es un neofascismo, creo que todavía no hemos encontrado la palabra que nos sirva para nombrar esto, pero a falta de lenguaje lo llamamos neofascismo. ¿Por qué creo que no son populismos? Es verdad que tanto estos neofascismos como el populismo trabajan con la sensibilidad de la gente, y como ambas experiencias apelan a esa dimensión afectiva, se hace una especie de identificación entre los dos, pero lo que hay que entender es que la manera en que ambos proyectos políticos trabajan la sensibilidad es muy diferente, y esa es la clave para entender que una cosa es el populismo y otra el fascismo o neofascismo. Porque desde el populismo se construye una identidad afectiva sin identitarismo, es la identidad de los excluidos que acoge, siempre se acoge al otro, el otro va configurando esa identidad, el otro es la mujer, el negro, el campesino, el indígena, los que habían quedado fuera de la historia, los nadie; entonces, siempre hay un mecanismo incluyente, y eso es lo que le da la fuerza afirmativa, afectivamente afirmativa a los procesos. El fascismo, en cambio, apela a una identidad identitaria, porque no es el otro, sino que es un yo que se ve amenazado por el otro, es un yo que necesita expulsar, un yo que se ve amenazado por el indígena, por el migrante, por la mujer, es un mecanismo de exclusión; y eso lo ves en Trump, en Bolsonaro, lo veíamos en Hitler, etcétera. En cambio, en el populismo, la identidad no es algo dado, sino un hecho a construir, y para construir necesita la otredad, por eso es abierto ontológicamente.

— En Argentina y otros países se dice que los partidos modernos ahora van a ‘reparar’ lo que hizo el populismo de izquierda.

— Así como se puede disputar el sentido de democracia, se puede disputar el sentido de modernidad. Ellos, Marcri, Bolsonaro, Duque, Piñera, apelan a un sentido reaccionario de la modernidad, pero la modernidad también puede ser pensada en términos plebeyos. Es una de mis disputas con la teoría decolonial; creo que nosotros, y en este sentido me reconozco en la tradición de (José Carlos) Mariátegui y (René) Zavaleta Mercado, desde América Latina hemos construido, y seguimos construyendo, una modernidad plebeya; así, no creo que seamos lo otro de la modernidad, sino que somos lo otro de un tipo de modernidad reaccionaria, pero nosotros somos una experiencia moderna, en sentido plebeyo, creativo, y no hay que perder nunca de vista la importancia de asumirnos como sujetos modernos. Creo que Evo Morales es un sujeto moderno, mucho más interesante, reflexivo y con visión de futuro que Bolsonaro, por ejemplo; cuando Bolsonaro apela incluso a elementos premodernos, atávicos, misoginia, maltrato a las mujeres, hay varios videos donde él, a periodistas mujeres maltrata físicamente, en público; eso habla de algo atávico, irresuelto, de un desprecio. Trump no es nada moderno en sus comentarios sobre mujeres. Eso es apelar a lo peor de lo atávico, es muy premoderno. Bajo esa idea de modernidad reaccionaria ellos reivindican lo que empieza a parecer elementos atávicos muy complicados.

— ¿De qué hablará en Bolivia?

— Me interesa conversar un poco sobre el avance de la derecha en la región, sobre lo que significa el progresismo en América Latina, y sobre la importancia de darle más presencia a las figuras femeninas, que es una deuda que nuestros populismos tienen, el papel de las mujeres en la política. Aunque me reconozca populista, es una deuda.

María Luciana Cadahia

“Como experiencia, en América Latina el populismo significó una transformación del modelo de Estado, porque en en la región teníamos Estados oligárquicos, gobernados por los de arriba y para los de arriba; el Estado funcionaba como mecanismo de exclusión”.

Datos

Nació: El 18 de marzo de 1982.

Profesión: Filósofa; licenciada en Filosofía en Argentina, con  maestría y doctorado en España.

Ocupación: Docente e investigadora universitaria.

Perfil

Cadahia escribió: Mediaciones de lo sensible. Hacia una crítica del Dispositivo; coeditora de Indignación y rebeldía, y de Crisis de la normalidad/Normalidad de la crisis.

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