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Marta Harnecker: La reelección continua no hiere a la democracia

Llegó  para presentar su libro ‘Un mundo a construir (nuevos caminos)’, que fue Premio Libertador al pensamiento crítico 2013, en Venezuela. Allí dice: “Para construir el socialismo del siglo XXI se requiere una nueva cultura de izquierda: pluralista y tolerante; una izquierda que entienda que hay que ganar hegemonía, es decir, que hay que convencer en lugar de imponer”.

Marta Harnecker.

Marta Harnecker. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:02 / 16 de noviembre de 2014

Para muchos, el nombre de Marta Harnecker acaso inmediatamente sea relacionado con el texto universitario clásico Los conceptos elementales del materialismo histórico, (que no es poco: al menos 66 ediciones y quién sabe cuántas pirata). Pero en verdad que la, de origen, psicóloga chilena produjo mucho más que eso: sus “obras completas” ya van por los 82 libros... La primera semana de noviembre, Harnecker estuvo en Bolivia para presentar su último libro

Un mundo a construir (nuevos caminos) (Ediciones Correo del Alba, 2014). Asesora del Gobierno de Cuba, del de Hugo Chávez (durante al menos cuatro años), Harnecker es una de las intelectuales que trabaja en la sistematización del llamado Socialismo del siglo XXI. Bautizado así por el líder venezolano Hugo Chávez, esta construcción política, social e ideológica es una experiencia cuyo origen acaso se remonte hasta al Chile de Salvador Allende (1970-73) y cuyo primer dato sea el socialismo contemporáneo diferenciado del soviético y toda su esfera; regional, con las actuales Venezuela, Ecuador y Bolivia como principal escenario, el Socialismo del siglo XXI aún está en sus primeros pasos, afirma. Uno de los temas centrales de esta tendencia es su relación o convivencia con la democracia representativa, y aquí, acaso el hecho más espinoso, la reelección continua. Tema, como otros, de urgente discusión.

— ¿Cuál es el núcleo teórico y práctico del Socialismo del siglo XXI?

— En el siglo XX fueron procesos armados, ejércitos rojos producto de la guerra imperialista o de las guerras internas, que tomaban el poder, destruían el estado burgués, y empezaban a construir una cosa nueva; en el caso del Socialismo del siglo XXI, que es una alternativa a la sociedad capitalista, se construye por la vía institucional, a partir de ganar democráticamente, por elección, los gobiernos, parlamentos, gobiernos locales, etcétera; ir ganando terreno en lo institucional, para ir cambiando las reglas de juego institucional; los procesos más avanzados han hecho constituyentes, porque necesitamos nuevas reglas del juego.

— ¿No es lo que Salvador Allende quería, pero fracasó?

— Yo digo que Allende fue el anticipo del Socialismo del siglo XXI, porque fue un intento de transitar por la vía institucional y por cumplir muchas de estas metas, pero fue truncado, porque en ese momento la correlación mundial de fuerzas era distinta. Tenemos que entender que estos procesos no se pueden hacer solos, aislados unos de otros.

— A Allende se le critica eso, que se confió en una democracia burguesa… que ella al final lo encerró.

— Es la crítica de la ultraizquierda, que no entiende estos procesos, y es que Allende no destruyó el aparato del Estado burgués, y que no tenía una fuerza armada; por eso es que, después de Allende, la lucha armada se planteaba como el único camino; o sea, Chile había demostrado la tesis de que no se puede avanzar por la vía institucional; eso es lo que se decía. Por eso es que Chávez, cuando gana; bueno, primero es un militar que ha hecho un trabajo entre los militares, y él dice ‘mi proceso es un proceso pacífico como el de Chile, pero un proceso armado’, no porque el pueblo esté armado, sino porque él conquistó a los militares. Y por supuesto que lo militar es un tema importante en nuestros gobiernos. Pero hay una cosa distinta a Allende: no-sotros (Chile) no pudimos hacer una nueva Constitución, nuevas reglas del juego; entonces, los militares, que son fundamentalmente, digamos por definición de su misión, su misión es defender la Constitución…

— Tienden a ser conservadores...

— Claro, en cambio los militares de hoy, en estos procesos que han hecho constituyentes, al defender las constituciones, defienden otra cosa; pero además, nuestros gobiernos han sido muy sabios, creo yo, para involucrar a los militares en tareas sociales, y la forma en que los militares se radicalizaron en Venezuela fue cuando vieron la pobreza, cuando vieron que había tanta riqueza acumulada; entonces, esta idea de que los militares se contacten con el pueblo y que sean ellos, por ejemplo, que den los bonos, que construyan caminos, escuelas, es una forma de ir cambiando también la mentalidad.

— Hace diez años era impensable en las Fuerzas Armadas de Bolivia el ‘patria o muerte, venceremos’…

— Creo que el haber rescatado la wiphala... Y los soldados, ¿qué son? Son pueblo; en Venezuela es interesante cómo un pueblo que tenía mucho miedo de ir a los cuarteles, cuando se produce el golpe contra Chávez se van a los cuarteles porque sienten que ya los militares son amigos.

— Ahora, la primera acusación que se le hace al socialismo del siglo XXI es que no sería otra cosa que una forma de populismo.

— Hay una gran diferencia entre los líderes populistas y los líderes revolucionarios; en una primera visión o imagen son similares, el líder populista y el revolucionario; líderes capaces de llegar a su pueblo, de hablarle en un lenguaje que entiendan y de resolver algunos de sus problemas; eso es lo común. ¿Cuál es la diferencia? Que estos dirigentes, Evo, Chávez y Correa, no convierten al pueblo en un receptor de regalos desde arriba, sino que entienden que el pueblo tiene que ser actor del proceso. Hay una idea de estos dirigentes, de que el pueblo tiene que crecer, ellos son transitorios, no son eternos. Se alargan los procesos, tú me podrías decir por qué entonces la reelección.

— Eso, si hay algo que se les critica es la reelección continua...

— Ahí creo que es interesante que cites al New York Times, que admiraba el trabajo del alcalde de Nueva York; antes (este periódico) atacaba la reelección en América Latina, pero cuando le tocaba concluir su mandato al alcalde, el periódico dijo ‘no, debería ser reelecto, por qué, porque es tan bueno que no tiene que limitarse su mandato, porque su necesidad de cambiar (la ciudad) no cabe dentro del periodo corto, necesita un periodo más largo’; entonces, imagínate a nuestros dirigentes (presidentes), que tienen que cambiar toda una estructura social de años y de siglos; a veces es muy corto el periodo electoral.

— Pero pone en cuestión una de las cosas más caras a la ‘democracia burguesa’: el mandato por  tiempo definido...

— El asunto es que eso no hiere a la democracia, porque tú vas a elegir, y si tu no quieres que se renueve, dices que no, ¿cuál es el problema? El problema es que todos los líderes que tenemos son buenos, y la oposición no tiene esos líderes. No es tan fácil encontrar líderes tan extraordinarios como los que tenemos. A la oposición le interesa cortar (el mandato) por eso, porque no tienen líderes. Si tuvieran líderes y si fueran capaces de ganar, entonces no les importaría, cuando ellos ganan, no les importa.

— Aunque también se tiende a concentrar todo en una persona...

— Por supuesto, ellos deben ir creando el relevo; pero se necesita un líder para romper la fragmentación social, para convocar a todos estos sectores fragmentados por el neoliberalismo, y al mismo tiempo para cumplir un programa de gobierno que es mucho más largo que el del plazo (del mandato); lo ideal sería tener una dirección colectiva, nadie lo niega, pero eso no es fácil de lograr; hay que construirla, desde el comienzo, porque si no, puede ocurrir lo que al presidente Chávez, que al final se vio ante la terrible cuestión de tener meses de vida y no se había trabajado suficientemente en la dirección colectiva. Desde el inicio mismo hay que crear las condiciones para no depender de una persona, eso es fundamental; además está dentro de la ideología del socialismo, que las cosas se hacen mucho mejor cuando se hacen entre todos.

— ¿Por qué son exitosos los que han hecho constituciones, las leyes, la superestructura?

— Si tú vas a transitar por la vía institucional, la Constitución es el esqueleto institucional; después tienes que hacer las leyes; es fundamental, porque muy distinto es definir, por ejemplo, que la empresa privada tiene la posibilidad de ganar el lucro que quiera, a una Constitución que te dice que la empresa privada tiene que estar en función de los intereses de la sociedad; y así muchas otras cosas, respecto a la naturaleza, a la participación popular...

— Otra piedra en el zapato del socialismo del siglo XXI es la cuestión ecológica, el extractivismo.

— El hombre siempre ha tenido que extraer. Qué plantea Marx, qué planteamos nosotros: hay un necesario metabolismo entre el hombre y la naturaleza; antes se extraía, pero luego la naturaleza era reconstituida. El capitalismo, con su afán de lucro, cada vez más rompe este metabolismo; se saca, se saca y no se devuelve a la naturaleza. ¿Cómo han avanzado los países más desarrollados? Usando las materias primas que trajeron de nuestros países, usaron del extractivismo para desarrollarse. Hoy, estos países, sus intelectuales, exigen a países pobres que no extraigan, com dice Correa: ‘Es muy fácil para quienes han resuelto las cosas que nos digan que no extraigamos’. Hay que extraer para resolver los problemas de la pobreza, pero extraer para superar el extractivismo; y resolviendo el problema de la pobreza, tú resuelves problemas ecológicos, por ejemplo, con cocinas adecuadas que ya no se necesite leña; ahí se va reconstituyendo el metabolismo.

— Pero además están los pueblos indígenas...

— Hay que entender que las riquezas que están en nuestro territorio, petróleo, gas, agua para la electricidad, no son riquezas cuyos dueños son los habitantes de esos lugares. Es una especie de don que haya gas en Bolivia, no depende de los pueblos originarios, ni depende de los trabajadores del petróleo que haya petróleo en Venezuela; esas son riquezas de la sociedad entera; entonces, es la sociedad entera la que debería pronunciarse de si se extrae o no. Por supuesto que una voz importante deben de tener quienes viven en la zona y hay que consultarles, pero hay que entender también que ahí se juegan intereses de la sociedad entera.

— Socialismo democrático, vía elecciones; pero el voto no deja de ser un arma de doble filo.

— Sí, se puede ganar o se puede perder. Eso depende en gran medida de lo que tú hagas; tenemos que examinar dónde estamos fallando, y tenemos que corregir. Por ejemplo, el presidente Correa hizo un análisis de por qué perdió Quito y las capitales, y dijo: ‘no hemos hecho un trabajo territorial, hemos sido sectarios’. Esto es muy importante: cuando ganamos con una mayoría, empezamos a tener una actitud sectaria frente a un sector que fue minoría, pero una minoría amplia: 40, 45% no es una minoría. El proyecto de estos tres gobiernos (de Venezuela, Ecuador y Bolivia) refleja los intereses objetivos de 80% de la población. Tenemos que preguntarnos, ¿por qué no tenemos ese apoyo electoral, del mismo tamaño? Creo que parte es por la cosa mediática, que deforma nuestro proyecto, pero parte también es que nosotros tenemos debilidades que debemos superar.

— ¿Qué les demandaría a los actuales gobiernos de izquierda?

— Una de las cosas más importantes para mí es que como queremos construir una sociedad, o sea, el socialismo que queremos es construido por la gente, mi pregunta más importante es: ¿Estos nuevos gobernantes escuchan a la gente, crean espacios de participación? A veces tenemos gobernantes que han resuelto problemas materiales importantes, pero no han creado suficientes espacios de participación, para mi entender. Estoy muy apasionada con el tema de la planificación participativa, mi próximo libro es sobre eso...

Perfil

Nombre: Marta Harnecker Cerdá

Nació: 1937, Chile

Profesión: Psicóloga

Cargo: Asesoró al gobierno de Hugo Chávez entre 2002 y 2006

Vida

Escritora, también se considera periodista. Hija de inmigrantes austriacos, al principio era católica militante. En 1960 conoce los albores de la revolución cubana; en el 62 viaja a Francia, donde estudia con Luis Althusser y Paul Ri-coeur, convirtiéndose en seguidora del primero. Fue directora del semanario político Chile hoy, durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-73). Entre muchos otros, escribió: El capital, conceptos fundamentales; Reflexiones acerca del problema de la transición al socialismo; La revolución social: Lenin y América Latina; Vanguardia y crisis actual; Hacia el siglo XXI. La izquierda se renueva; Haciendo posible lo imposible: La izquierda en el umbral del siglo XXI.

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