Animal Político

Matar al enfermo

La crisis de aerosur y el papel del estado

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:02 / 08 de abril de 2012

AeroSur es una empresa enferma; de eso no hay duda. Lo que hay que averiguar es que si la enfermedad de la aerolínea   está en una fase terminal o aún se puede intentar salvarle la vida. Alguna vez, cuando se creó el famoso “hospital de empresas” que sirvió para que algunos empresarios sigan haciendo de las suyas en Bolivia, el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada expuso como su mejor argumento una metáfora sobre la salud de un enfermo al que había que salvarle la vida en vez de dejar que simplemente muera.

Más allá del discurso fúnebre, detrás de las empresas hay gente, y en el caso de AeroSur, son más de 1.200 empleados, que en un promedio de cuatro dependientes por cada trabajador, suman casi 5.000 personas que dependen de un salario, al margen de los empleos colaterales.

Pero también hay un país que debe exigirle a las empresas pagar sus obligaciones, porque de esas cancelaciones depende la salud, la educación y los servicios que está obligado a dar a sus habitantes, por lo menos en teoría.

El drama de todo es que esta película ya la vimos. Y si bien los actores han cambiado, el guión es casi calcado de una situación similar en la que se vio envuelto el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) hace algunos años, al margen de una pugna entre dos sistemas que en su oportunidad privilegió     al sector privado y que hoy prefiere lo estatal.

En los años de la privatización, darle una estocada al LAB no fue difícil. El entonces ministro de Educación, Tito Hoz de Vila, a título de cochabambino, comenzó la Blitz Grieg contra la línea aérea con sede en Cochabamba, señalando que la seguridad del LAB dejaba mucho que desear. Lo demás, fue fácil. Un par de incidentes y la línea bandera de Bolivia terminó por caerse, aunque no fue sólo eso. Mucho antes, la presión de los propios trabajadores del LAB hizo lo suyo: clanes familiares, demasiados empleados, ninguna visión para el futuro y dos heridas mortales. Primero, la entrega ideológica del LAB a los Canhedo (empresarios brasileños) bajo el rótulo de capitalización, con un manejo a la siciliana por parte de los brasileños y luego la actitud de los mismos trabajadores que le “ganaron” un juicio laboral a su empresa por un bono de antigüedad que terminó por quebrarla, sin darse cuenta de que esa victoria a lo Pirro llevó luego a su fuente de trabajo a la destrucción.

Luego, en el aire revuelto, la ganancia fue de la flamante empresa privada AeroSur,    creada a partir de una pequeña empresa regional en Santa Cruz y con el apoyo financiero del Banco Sur, que siguió por la senda de quiebra junto a varios otros bancos privados y estatales. La empresa se vio beneficiada del mismo monopolio que usó internamente durante años el LAB, con una clientela cautiva y obligada, lo que determinó a la postre lo que siempre ocurre en estas circunstancias: mal servicio, endiosamiento de los ejecutivos y empleados, y como el plano inclinado es insensible, una mala administración que hizo desaparecer millones de dólares de las arcas de AeroSur.

Pero no es la línea aérea la única culpable. Es el Estado, que no le supo poner freno a la orgía que se había desatado en las finanzas de la aerolínea. No otra cosa significa que Impuestos Internos recién haya efectivizado acciones legales para recuperar impuestos de hace más de ocho años. No otra cosa significa que el Estado sólo se fije en los impuestos que no se pagaron y que se haya olvidado de millones de dólares que le debe a AeroSur por convenios sobre combustible y por devolución de descuentos a beneficiarios del Gobierno. No otra cosa significa que el Estado  le cobre a la compañía impuestos  por venta de pasajes en el exterior. En todo caso, la desprolijidad, por llamar elegantemente a este drama, es de ambos lados.

El Estado, que ahora ideológicamente ha decidido apostar por Boliviana de Aviación (BoA), no quiere cargar con lo que consideran un muerto. Porque hay muchas deudas, demasiadas. Y en ese contexto habría que dejar a un lado la política y tratar de salvar una empresa que puede ser en su momento una ayuda a la propia BoA. Son sólo ideas, pero no estaría mal un acuerdo en el que el Estado adquiera, por la deuda a Impuestos Internos, el 51% del paquete accionario. Y pagar a los otros acreedores   con un 20% y que los trabajadores asuman el resto por las deudas que tiene la empresa con ellos.

¿Qué beneficios traería esta operación? Primero, no se mata a la empresa. Luego, el Estado pasa a ser dueño de la línea ya consolidada. No hay que olvidar que a Estados Unidos, por ejemplo, no puede ingresar BoA por ser estatal, pero sí puede hacerlo AeroSur. Podría ahorrarse mucho dinero con la compra conjunta de combustible, comida abordo, servicios en aeropuertos y un sinfín de elementos útiles a ambas compañías. Pero, sobre todo, se salvaría a más de 1.000 familias que esperan un milagro que les salve de esa muerte que está intentando el Ejecutivo.

No será fácil. Se requiere voluntad política y desideologizar por un momento las decisiones. Será necesario esclarecer en todo caso qué hay en AeroSur. ¿Quiénes son los accionistas? ¿Qué tiene que ver en todo esto el pedido de un empresario para que se le conceda licencia para operar un banco y a quién la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (Asfi) le ha negado ese pedido ya dos veces? Y, finalmente, si en forma consciente el Gobierno ha decidido el asesinato de AeroSur o simplemente una eutanasia.

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