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Máximo Quitral: Chile levanta su política exterior de espaldas a la región

Máximo Quitral es uno de los historiadores chilenos más representativos de la corriente crítica en su país. Su trabajo sobre todo se ocupa de la relación económica entre Bolivia    y Chile.

Máximo Quitral.

Máximo Quitral. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 01 de noviembre de 2015

Chile podrá haber sido “buen alumno” en cuanto al manejo de su economía o la aplicación del ‘esquema neoliberal’, pero en todo caso ha sido “mal compañero” de clase, observan los críticos a cómo el país vecino ha establecido su relación con sus pares de la región. El joven historiador chileno Máximo Quitral, que hace algunos días visitó La Paz, va más allá: al menos por ahora y bajo las actuales dirigencias políticas nacionales, “Chile no cree en el proceso de integración latinoamericano regional”, para el caso, hasta hay una dramática “ausencia de identidad latinoamericana en la política exterior de Chile”. En este contexto es que hay que entender, entre otras cosas, el diferendo marítimo con Bolivia hoy, con Perú hace tres años, en 2012. Se trata de una “construcción mental”, afirma Quitral que, al menos con Bolivia, expresa aquella lógica de ‘nosotros los vencedores’ (de la Guerra del Pacífico) y ‘ustedes los vencidos’; mitos, según el historiador, que más bien se vienen descarnando para mostrarse tal cual prejuicio.

— Hay una mirada tradicional en Chile —dice en un texto— de sus élites, respecto a Bolivia: pigmentocracia, menosprecio, la lógica ‘nosotros los vencedores frente a los vencidos’. ¿Cómo persiste esto?

— Esto aún persiste, tal vez en menor porcentaje, pero hay una construcción mental en Chile, la construcción del exitismo, de vernos un Estado superior al otro, que no solo se da con Bolivia, sino también con otros países. Esa conceptualización, equivocada a mi juicio, de ‘los jaguares de Latinoamérica’; nosotros no somos ningunos jaguares, esto se ha ido mostrando a partir de hechos de la naturaleza y que han dejado al descubierto ciertos mitos en Chile. La élite se aferra a esos mitos y construye una realidad regional contraria a lo que debería ser; Chile construye una política exterior de espaldas a la región.

— Hay una imagen de Chile...

— El resto de los países latinoamericanos no nos quiere, tenemos que aceptar eso. Cómo revertirlo: con acercamientos, con integración, con encuentros; con trabajos en conjunto que permitan ir desmitificando Chile; estos mitos de ser el ‘país perfecto’, el ejemplo a seguir... sinceramente, hay que ponerlo en tela de juicio.

— Aunque parece que hay diferencias marcadas entre las regiones chilenas. El norte es diferente, por los muchos bolivianos, además.

— Las fronteras no son rígidas en el norte de Chile, y es muy distinto a lo que se pueda percibir en la zona central, como es el caso de Santiago, porque las dinámicas son muy distintas; porque además allí conviven pueblos originarios. Cuando los Estados se quieren poner de acuerdo, ¿qué pasa con la opinión de los pueblos originarios?, ¿qué pasa con los aymaras, por ejemplo? ¿Se incorpora su visión o son actores irrelevantes para la toma de decisiones políticas? Obviamente que en Santiago esa discusión es prácticamente inexistente.¿Cómo damos respuesta y solución a ese problema? La academia y la intelectualidad tiene esa función, pero el Estado o la clase política chilena ha tomado distancia de la intelectualidad chilena, y eso ha perjudicado avanzar en propuestas que signifiquen mejorar la vida de muchos.

— Una tesis suya es que la forma en que un país ejerce su diplomacia  como que también moldea la identidad de este país, de su gente.

— Más allá de la crítica que uno pueda hacer de la política exterior de Chile, como intelectual también tiene la responsabilidad de ofrecer soluciones. Y, claro, cuando el Estado enfatiza en la superioridad, en denostar al otro, efectivamente la población asume esas características, pero es porque hay una ausencia de identidad latinoamericana, creo yo, en la política exterior de Chile. Chile no cree en el proceso de integración latinoamericana regional; segundo, no hay una política de Estado que apunte a reforzar los lazos de integración; y si Chile concibiera un proceso de integración, me parece que enfatizaría en lo económico, y no se preocuparía de lo político, cuando Latinoamérica necesita integración política; pero este debate está ausente, es incipiente en Chile, y a aquellos que tenemos un discurso en esa línea, la gente nos considera seres extraterrestres, pero hay que ir cambiando de mentalidad. Soy crítico, lo asumo, pero es que quiero que las cosas cambien para mejor.

— ¿Qué efecto ha tenido la decisión de la Corte de La Haya entre sus compatriotas?

— En la población creo que hay frustración. No esperaban una respuesta tan contundente, tan sólida de la CIJ; hay sectores críticos que consideran que Chile ha tenido una derrota vergonzosa: 14 a 2, pero si uno analiza el resultado en profundidad es 16 a 0, porque los otros dos jueces querían conocer el fondo de la demanda, no estaban del lado de la posición chilena. Las autoridades cometieron un error de estrategia, porque el fallo de la Corte nos pone en el punto de inicio de la demanda boliviana, volvemos a punto cero.

— La presidenta Bachelet ha sido objeto de crítica de todos lados, parece.

— Lamentablemente, la dirigencia política, la oligarquía política chilena no escucha a la intelectualidad, no incorpora a los intelectuales, a los académicos, que tenemos una visión de largo plazo de las relaciones internacionales; y eso es un error, porque lo que sostengo es que no hay un convencimiento de integración, tampoco se pretende entrar en un diálogo con Bolivia, cuando lo que uno espera que a partir de esta coyuntura política, se abra la posibilidad para que Chile y Bolivia abran un diálogo fraterno y que contribuya a limar las diferencias políticas, eso es lo que uno espera; pero claro, los chauvinismos, muchos se juegan por mantener el escaño en el parlamento, construir un discurso agresivo a Bolivia le puede significar repuntar un poco en indicadores de popularidad, pero eso dura un fragmento de la historia.

— Todo al final deberá derivar en negociar.

— Lo que aquí falta es una visión de Estado, de atreverse a establecer una mesa de negociación con Bolivia; pero ojo, esta negociación implica otro actor: Perú; por tanto, mi visión es que aquí hay que construir una mesa tripartita, con visión de futuro.

— En verdad, ¿cómo ven el tema de la soberanía? Parece que es uno de los mayores tabús.

— Desde la visión chilena, hay que discutir qué entendemos por soberanía, porque tú comprenderás que Chile es un país hiperglobalizado, y yo no sé hasta qué punto ha sido respetuoso de su propia soberanía. Hay acuerdos que de alguna manera ponen en riesgo esa soberanía que tanto algunos defienden. Hay algunos que sostienen que Chile no ha sido un defensor férreo de su soberanía y, por tanto, es un término gelatinoso. Efectivamente, hay gente que dice, ‘démosle salida al mar para Bolivia, pero no con soberanía’; pero probablemente esa gente no tenga idea de lo que es el concepto; pero claro, se queda con un imaginario, con una construcción de los medios de comunicación, de algunos partidos o figuras políticas que distorsionan la realidad; pero es una responsabilidad de nosotros entrar en la discusión y elevar el debate político, que es muy sano para la convivencia de los países vecinos.

— Alguien dijo allá que cómo vamos a hablar de soberanía, si no somos dueños ni de nuestras costas...

— Gabriel Salazar, el Premio Nacional de Historia plantea eso. Con respecto al acuerdo Transpacífico, ahí también se abre otra discusión sobre la soberanía. Ahí hay un tema que la opinión pública desconoce, pero te das cuenta que la soberanía me conviene en un momento, pero en otros no me importa; ahí hay una discusión que tenemos que retomar y profundizar para aclarar conceptos.

— ¿Cómo encuentra a Bolivia?

— Aquí hay un manejo comunicacional que debo felicitar; reconozco que Bolivia ha tratado y analizado el tema mucho más serio; hay una uniformidad en el mensaje, más allá de las diferencias ideológicas que se pueda tener con el Presidente o con el grupo político que lo respalda; pero todos están alineados bajo una misma fórmula y eso ha sido un logro importantísimo para dotarle de sentido y fuerza a la demanda. La propia población está interesada, sabe lo que se está discutiendo; y eso no lo notas tú en Chile, no están alineados porque tampoco están convencidos si efectivamente ése es el mecanismo a llevar.

— Insiste en que la cuestión y negociación es de tres.

— Bolivia tiene que tener también la posibilidad de ceder, en términos de encontrarnos, si es que efectivamente queremos darle solución. Insisto, aquí hay un actor también que se debe incorporar, Perú. Ésta no es una discusión bilateral, sino trilateral.

Acceso al mar para Bolivia favorecería a ambos países

Todos tenemos el deber de explorar soluciones realistas a la demanda marítima de Bolivia, sugiere el historiador chileno Máximo Quitral.

— Gas, energía, por mar, o un intercambio así, tampoco es algo tomado de los pelos...

— Ésa es la discusión estratégica del futuro que tienen todos los países latinoamericanos. Centrándonos en Chile-Bolivia, me parece que la discusión mar por gas, mar por agua, que tampoco descarto, se lo planteó en los años 50, favorece mucho a nuestro país, porque la zona norte está viviendo situaciones muy dramáticas con respecto al agua.

— En el fondo se trata de una cesión mutua.

— Hay que retomar esa discusión; mucho más necesaria dado el actual contexto: podemos solucionar varios temas, un acceso al mar se soluciona con la búsqueda de un enclave estratégico que beneficie a ambos países; pero insisto, no es un planteamiento que estamos haciendo ahora; es algo que ya políticos con visión de Estado lo pensaron hace mucho tiempo atrás; el punto es que hay que atreverse y desarrollar algo que permita fortalecer a ambos países. Ahí está la clave, más que entramparse en una discusión, ‘yo quiero esto, pero no doy nada’, buscar una fórmula de entendimiento que permita a dos países encontrarse.

— Aquí se piensa que, por ejemplo, en un referendo se apoyaría a Bolivia. ¿En verdad, qué sentimiento se tiene hacia nosotros?

— Yo creo que la percepción de la ciudadanía hacia Bolivia ha ido cambiando; se han puesto un poco más intransigentes en términos de una negociación; es natural, porque se han ido distorsionando las posiciones. Pero, en la medida en que se vayan haciendo nuevas propuestas, en la medida en que vayan cambiando los discursos y nos vayamos encontrando, creo que esa posición puede ir cambiando. Pero falta hacer una discusión seria, al margen de los chauvinismos, plantear una posición de Estado, ¿qué queremos de cara al futuro?, y eso me parece está ausente de la discusión, en Bolivia y en Chile.

— Es un debate a alentar en ambos lados de la frontera.

— Implica abrir espacios de integración, dotarle a la integración de un sentido para que la gente no lo vea como algo único y exclusivamente de la intelectualidad, sino que lo vea como algo cercano, ¿cuál es el beneficio real que tiene o tendría la integración para nuestros pueblos?

Perfil

Nombre: Máximo Quitral Rojas

Nació: En Santiago de Chile

Profesión: Historiador

Vida

Máximo Quitral es historiador, magíster en Estudios Internacionales y Doctor en Ciencia Política. Investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat. Autor del libro Los desafíos de una agenda bilateral, Chile y Bolivia: Entre las diferencias políticas y los acercamientos económicos 1970-1990 (2012). Es vocero del movimiento Ciudadanos en Acción Directa (Maipú), organización que forma parte de la asamblea por la recuperación del agua en Chile.

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