Animal Político

‘Medios a la vista 2’: para problematizar el periodismo

Mirada al oficio de informar de los tres últimos años

La Razón / Érick R. Torrico Villanueva / La Paz

00:00 / 18 de diciembre de 2011

Más que un problema, los medios deberían considerarse como objeto de problematización, propone el estudio Medios a la vista 2, presentado esta semana por la Fundación Unir Bolivia. El libro analizó el derecho a la información y la comunicación, la calidad de la información periodística y la reorganización del campo mediático del país.

El derecho a la información y la comunicación (DIC), la calidad de la información periodística y la reorganización política del campo mediático boliviano son las tres grandes áreas temáticas que problematiza el libro Medios a la vista 2, recientemente publicado por el Observatorio Nacional de Medios (Onadem) de la Fundación Unir Bolivia.

Se trata de un volumen que compila 25 estudios y documentos elaborados entre los años 2009 y 2011, los cuales dan cuenta del polémico proceso de regulación de diferentes aspectos del ámbito informativo-comunicacional que tuvo lugar en ese lapso, de las posiciones institucionales adoptadas por Unir al respecto y de los planteamientos que efectuó en pro de los principios, las libertades y responsabilidades del DIC. Los materiales también analizan desde una perspectiva técnico-profesional el comportamiento de los medios noticiosos impresos, radiofónicos y televisivos en la cobertura informativa y de opinión de distintos momentos de la conflictividad vivida en el país durante ese trienio, además de que examinan la manera en que el escenario, los actores y las tendencias de los medios masivos en Bolivia se vienen reconfigurando en los últimos años.

El primer eje de la reflexión remite a la necesidad de que se lleve adelante un debate amplio y plural en torno a la concepción, los contenidos y los alcances DIC, un derecho que está garantizado por la Constitución Política del Estado (CPE) desde febrero de 2009, pero que, aparte de ser muy poco conocido, no sólo que es reducido en su entendimiento y en su aplicación práctica a las prerrogativas del periodismo —el propio texto constitucional presenta esas limitaciones—, sino que ha resultado afectado en grados variables por leyes y reglamentos que fueron puestos en vigencia a partir de mediados de 2010.

De lo anterior, con lo expuesto en el libro, es posible extraer varias consecuencias inmediatas: tiene que aclararse doctrinal, conceptual y legalmente el sentido del DIC; hay que difundir entre toda la población que éste está en pleno vigor; el Estado está obligado a asegurar el cumplimiento de este derecho en todos los planos y a evitar toda decisión o acción que lo vulnere; debe involucrarse al conjunto de la ciudadanía en la exigibilidad y el ejercicio del mismo; se requiere impulsar la comunicación democrática intercultural; es preciso promover la discusión sobre la complementariedad probable entre autorregulación periodística y regulación comunicacional y hace falta que todas las personas, en su condición de titulares del DIC, asuman un papel activo sobre el particular.

En el segundo caso, la calidad de la información noticiosa y de sus subproductos, la opinión y la interpretación periodísticas es un factor del profesionalismo, la credibilidad e incluso el rating que ha sido introducido por el Onadem en la agenda de los medios y de las carreras universitarias del sector, al menos desde 2006, a fin de que se lo tome en consideración de modo permanente en el trabajo diario y en la formación de los nuevos cuadros profesionales.

Guarda relación con la comprensión de la información periodística como un bien público y de los medios informativos como organizaciones estatales, privadas, institucionales, no gubernamentales o comunitarias, que tienen como finalidad básica ofrecer un servicio de interés público.

Para alcanzar sus propósitos, la información de calidad tiene que sujetarse a un mínimo de estándares técnicos de la profesión periodística que, a su vez, implican conductas éticas de las fuentes, los anunciantes, los responsables de medios y los periodistas en la provisión, obtención, procesamiento y publicación de los datos sobre los hechos y las declaraciones que revisten utilidad para los lectores, oyentes, espectadores e internautas.

Esa calidad se hace perceptible, tanto en los criterios de selección de los asuntos que son objeto de atención para los medios como en el rigor, el balance, la profundidad o la estética de los mensajes que éstos difunden acerca de ellos, pero de igual forma en los enfoques usados para abordarlos y en los estilos aplicados para su presentación a los públicos. La confianza que pueda merecer un medio depende, en gran medida, de la calidad de su trabajo, al mismo tiempo que del contexto en que éste se desarrolle: vigencia plena de libertades en la sociedad, condiciones laborales apropiadas, preparación profesional pertinente, etc.

Medios a la vista 2 muestra, en esa dirección y basado en investigaciones empíricas, que el periodismo boliviano continúa registrando falencias, desequilibrios e insuficiencias, que ha estado inmerso en un clima de inseguridad e incertidumbre, que requiere una reconducción en la capacitación universitaria de sus generaciones de reemplazo y que, entre otras facetas, debe aprovechar mejor sus potencialidades.

Finalmente, el libro brinda un sucinto repaso al acontecer nacional del último quinquenio con un vistazo igualmente rápido a los antecedentes de la recuperación democrática en el país y formula la hipótesis de que el campo mediático boliviano está siendo reconfigurado desde el influjo proveniente de la política. Dicho campo es entendido como el conjunto de procesos de comunicación masiva que incluye a los medios impresos, radiofónicos, televisivos y a los sitios electrónicos autónomos o vinculados con aquéllos que difunden contenidos noticiosos, de entretenimiento, publicidad y propaganda.

Lo señalado significa que, a diferencia de lo que ocurrió a mediados de la década del 80, cuando fue la economía de libre mercado la que reorganizó el sistema de medios nutriéndolo de la lógica de la competencia comercial, hoy este mundo —en realidad, a partir del año 2006— está siendo recompuesto en función de definiciones políticas surgidas ante todo de la iniciativa gubernamental reordenadora, las cuales están alimentándolo de otra lógica, la de la confrontación por el poder.

Gracias a esta situación se hacen evidentes dos hechos relevantes no siempre apreciados: 1) la información y la comunicación son un asunto central de la vida pública y 2) los medios periodísticos son actores cada vez más importantes de esa vida. Esto convierte a las primeras en un sector estratégico y separa a los segundos de la vieja retórica que los consideraba apenas como “mensajeros” o simples “mecanismos de reflejo de la realidad”.

Así, la reconfiguración del campo mediático en curso puede hacer posible una cierta contextualización de las pugnas y negociaciones que están dándose en el país en torno al DIC, sin que todavía se hubiera producido un debate suficiente y puede, asimismo, facilitar algunas líneas de explicación para las asignaturas pendientes de la calidad del periodismo.

El libro, aparte de documentar varias circunstancias en que el DIC, la calidad noticiosa y las fricciones entre autoridades de gobierno y medios privados estuvieron en el centro de la escena informativa y política durante el trienio 2009-2011, aporta una serie de análisis, de datos, elementos reflexivos y tomas de posición principistas que se orientan a motivar el interés por un mejor conocimiento ciudadano de estos temas que, por su naturaleza y derivaciones, debieran preocupar a sectores más extendidos que los especializados.

Los medios y el periodismo, antes que ser calificados como un “problema”, tienen que ser asumidos como objeto de problematización en el marco mayor de la dinámica social que, como es sabido, ya no resulta concebible sin ellos.

El marginal periodismo en idiomas nativos

Medios a la vista 2 presenta dos trabajos que analizan la oferta periodística en idiomas nativos en tres ciudades. El periodismo en aymara y quechua es marginal en los medios de La Paz, El Alto y Cochabamba, con una difusión en radio y televisión fuera de los horarios “estelares” y una presencia mínima en prensa.

Las dos investigaciones establecen que la marginalidad del periodismo en idiomas nativos se expresa, por un lado, en el reducido número de medios con contenidos informativos en aymara y quechua, y, por otro, en la franja horaria que ocupan los espacios periodísticos identificados y su limitada exposición a los públicos.

En La Paz y El Alto, de un total de 17 medios con programación en aymara, destacó una mayoría de 11 radioemisoras (65%) en relación a seis  canales de televisión (35%) que difundieron algún programa o segmento en ese idioma nativo. De éstos 17, sólo en ocho se halló oferta periodística con programas (16) que se difunden en un 50% en la madrugada, por lo que su accesibilidad entre los grandes públicos se reduce.

En Cochabamba se identificó 10 medios con programación en quechua: ocho radioemisoras (80%), un canal de televisión (10%) y un periódico (10%). En seis de éstos (cinco emisoras y un canal) se encontró contenidos periodísticos que, al igual que en La Paz y El Alto, se difunden en una proporción predominante en horas de la madrugada.

El único medio impreso con mensajes en quechua (salvo dos reportajes de un diario en 2011) es de carácter institucional, tiene una periodicidad bimensual y emplea canales de distribución alternativos a los convencionales, lo que le permite llegar a otros públicos, aunque pequeños, más allá de los consumidores habituales de prensa.

Los programas en idiomas nativos constituyen un escenario en el que se ponen de manifiesto las prácticas bilingües de una porción significativa de los pobladores de La Paz, El Alto y Cochabamba, que se manejan fluidamente en español y en aymara y quechua (dependiendo del caso), empleándolos en función de las circunstancias específicas en que se desarrollan los procesos comunicacionales (contexto idiomático, geográfico, cultural, cualidades lingüísticas de los interlocutores).

El Onadem, en esta línea, iniciará el año 2012 el monitoreo de programas periodísticos en guaraní.

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