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Mesa Vs. Pérez, una entrevista sui géneris

El autor valora el aporte del sacerdote jesuita a la comunicación en Bolivia.

Mesa Vs. Pérez, una entrevista sui géneris.

Mesa Vs. Pérez, una entrevista sui géneris.

La Razón (Edición Impresa) / Edwin Flores / La Paz

00:00 / 10 de enero de 2018

Haciendo honor a su búsqueda persistente de creatividad y profesionalismo, el jesuita Eduardo Pérez Iribarne, en una espectacular lucha de ideas con Carlos Mesa Gisbert, le puso fin a sus días de comunicador radiofónico y televisivo, tras casi medio siglo de un servicio sin pausas. Esto sucedió a finales de diciembre de 2017 mediante una entrevista periodística en la que además de la calidad y contenidos históricos reveladores, el jesuita presentó una forma innovadora de producción y transmisión del mensaje. A través del medio, los protagonistas —en igualdad de condiciones, capacidades, conocimientos y experiencias— desempeñaron, simultáneamente, los papeles de entrevistador y entrevistado.

Pérez Iribarne, quien vino de España en 1968 tras cumplir 24 años de edad, reveló haberse enamorado de Bolivia 49 años después de su llegada; dijo que este país es “una pasión desenfrenada de libertad”. Se caracterizó en este tiempo, y de modo obstinado, por hacer de la innovación una estrategia de vanguardia en los medios que dirigió: creó La hora del país, dando pie a una manera singular de informar/orientar, en 120 minutos, desde todos los rincones de Bolivia; logró que cientos de miles de niños sonrían durante un cuarto de siglo en campañas navideñas que desnudaban la pobreza extrema y sobrepasó los linderos del periodismo para crear centros médicos dirigidos a sectores vulnerables. Hoy, se prepara para hacer de consejero de parejas con el propósito de conservar la estabilidad familiar. 

En el “diálogo profesional” Pérez vs. Mesa, transmitido por Fides Tv, ambos tenían la misma posibilidad/obligación de preguntar y responder. Esto contribuyó a la renovación de la tipología de la entrevista periodística, generando una técnica o subgénero fuera de los cánones teóricos y metodológicos convencionales.

De acuerdo con la teoría y la metodología cultivada desde hace casi 150 años, la entrevista periodística es una técnica y, a la vez, un subgénero periodístico cuya finalidad es indagar, descubrir y/o esclarecer una serie de aspectos de una temática actual determinada de la realidad social, en cuya secuencia de intercambio de ideas existen dos personajes, cada uno con un papel diferente: uno que tiene el privilegio de preguntar y otro que asume el desafío de responder. El primero es un profesional de la información y el segundo constituye una fuente conocedora/especialista en determinada temática.

Existe un sinfín de conceptos sobre la entrevista: contacto directo entre un entrevistador y un entrevistado (Bond 1984); diálogo entre un periodista y un personaje para que las respuestas sean conocidas por el lector (Rivadeneira 1983); comunicación oral entre entrevistador y entrevistado (Gargurevich 1979); una radiografía de urgencia (Rodríguez 1984); una herramienta básica del periodismo (Sánchez 1994), además de un encuentro cara a cara y de proximidad con el personaje (Vidal 1998), entre otros.   

El origen de la palabra entrevista se anida en el vocablo francés entrevoir que significa lo que se ve entre o lo que se vislumbra. A pesar de su nacimiento galo, la escuela norteamericana reivindicó para sí la invención de esa técnica con el término interview, sumándose el hecho de que el Oxford Inglish Dictionary otorga al término entrevista un año de nacimiento: 1869.

De acuerdo con la comunicóloga española Natalia Abril, la etimología de este término revela la necesidad de aprender a mirar más allá de lo que dice el entrevistado, es decir, “leer entrelíneas”. Es por ello que, junto a muchos autores, Abril desarrolló el concepto de entrevista interpretativa que, a diferencia de las anteriores definiciones que hacen a la entrevista informativa, requiere de una metodología más compleja porque además de información/descripción, sus contenidos tienen elementos de contextualización, descriptivos, analíticos, críticos, valorativos, prospectivos, proyectivos, explicativos, deductivos y de proposición sobre una determinada temática de coyuntura o estructura sociopolítica.

Otros tres autores contribuyeron también, en la última década, a desarrollar la teoría de la entrevista interpretativa. Así, Vidal (1998), Balsebre (1998) y Halperin (1995) señalan que este tipo de interviú requiere de la capacidad y habilidad del periodista para descubrir la verdad en las palabras de su interlocutor. El entrevistador debe adquirir maestría en las leyes que gobiernan su realización entre lo efímero entremezclado con lo profundo, el juicio terminante, los cambios de ritmo, los mutuos semblanteos, los juegos de manipulación, las confidencias y las puestas en escena. Esta “invención dialógica”, como la llama Jorge Halperín, despliega también los juegos de poder y del entramado de lo individual y lo social.

El formato de entrevista sui géneris, desarrollado por El hombre invisible, pertenece más al mundo del periodismo interpretativo por su calidad, profundidad y relevancia que al informativo, en la que el entrevistador es un “mero transmisor de las ideas de su entrevistado”. Con la misma certeza de Oriana Fallaci, una de las legendarias entrevistadoras de la historia del periodismo que se resistía a ser un “refrigerador frío de lo que escucha”, el cura Pérez nos dejó, entre muchas, una lección valiosa: el buen periodista debe  planear, buscar, investigar, hallar, ver, sentir, oler, captar, delimitar, ordenar, analizar y precisar la información con profesionalidad, creatividad y recia honestidad.

  • Edwin Flores es un periodista formado en radio Fides

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