Animal Político

Mestizo, el nuevo ser boliviano

Debate sobre la identidad

La Razón / Andrés Gómez Vela

00:03 / 10 de junio de 2012

Cuando Dios echó al mundo a Caín, en realidad lo condenó al mestizaje, a mezclarse con sus semejantes de su misma especie, pero de otra cultura. Y cuando los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, se repartieron por la tierra, tras el diluvio, en realidad tomaron el destino del mestizaje, que terminó de materializarse en la Torre de Babel, cimentada sobre la base de la soberbia del hombre, destruida a su vez por el soberbio poder de Dios, quien para mestizarlos aún más hizo que hablaran lenguas diferentes, sin dejar de ser iguales, hijos de un solo Creador, pero con idiomas distintos para interpretar el mundo, crear cultura y volverse a mezclar.

Y si fuera insuficiente el origen bíblico del mestizaje, la ciencia estableció que la cuna de la humanidad es África y la madre de todos los seres humanos, una mujer negra, cuyos hijos se lanzaron a conquistar el mundo, a producir culturas, lenguas, a diferenciarse.

Abrace la teoría que usted quiera, el ser humano que habita estas tierras es resultado de ese origen mestizo, ya sea divino o científico. Es producto de ese movimiento permanente de oriente a occidente, de occidente a oriente, de sur a norte, de norte a sur.

Así se explica la presencia de Roma en España, donde está Mérida, una ciudad con amplia herencia romana, de donde partieron los conquistadores, entre ellos Francisco Pizarro, quien nació en Trujillo, Extremadura, donde además de musulmanes y romanos se asentaron muchos años antes los visigodos. Los musulmanes se quedaron en esas tierras casi 800 años (711-1492), hasta que los expulsaron los reyes católicos, Isabel y Fernando, quienes luego financiaron el viaje del italiano Cristóbal Colón hacia el nuevo continente.

Por lo visto, Pizarro y sus amigos ya vinieron a América mestizos y se encontraron con los incas, quienes por entonces habían sometido a casi todos los pueblos de esta parte del mundo, entre ellos a los aymaras y a otras culturas.

Los mestizos españoles llegaron a mezclarse con los mestizos abya yaleños, quienes además, según la ciencia, tienen herencia asiática; basta ver los rasgos de los habitantes de estas tierras.

El mestizaje desborda casi todas las dimensiones del país, comenzando por la política, donde lo más emblemático es la Constitución, nutrida de instituciones europeas de la democracia liberal, partiendo del mismo concepto demos (pueblo) cracia (gobierno), que en lengua griega significa el gobierno del pueblo o las palabras plebiscito y referéndum, inventadas en Roma.

El ámbito religioso no está exento de este proceso. Los españoles trajeron un dios. Sin embargo, si bien los indígenas aparentemente aceptaron en silencio la religión foránea, pintaron con lo suyo la nueva creencia, de ese modo, quechuizaron, aymarizaron, guaranizaron o chiquitanizaron el catolicismo y dieron nacimiento a una nueva religión.

La migración puso lo suyo. Según una encuesta de la Fundación Unir, realizada en 2006, más del 42% de la población boliviana (1) ya no vive en el lugar donde nació; de ese total, más del 66% está constituido por jóvenes que oscilan entre los 18 y 24 años.

A la migración interna se agrega la externa. De acuerdo con datos de 2008 del Servicio Nacional de Migración (Senamig)(2), los connacionales residen en 44 países del mundo. Se calculó aquella vez que 1.797.495 millones de bolivianos son inmigrantes regulares y 400.000, irregulares.

Imagine por un momento a una pareja de bolivianos que ha tenido hijos en España, de donde hace 520 años llegó una parte de sus ascendientes, a cuya cuna volvieron ellos y ellas como quechuas, aymaras, mojeños o simplemente cruceños, potosinos y cochabambinos y se reprodujeron biológica y culturalmente. Se repite la mezcla, en realidad el re-mestizaje.

En medio de todo llegaron las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC), que dinamizaron más el mestizaje porque son vehículos de la cultura de masas. Por las redes sociales, Facebook, Twitter, circula la vida, la economía, la cultura. En 2011, la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) informó que 800.000 bolivianos están conectados a internet y su crecimiento es rápido e inevitable.

El nuevo ser boliviano. La persona que vive en Bolivia es producto de los antecedentes señalados. Es un ser que cuando nació la República ya era resultado de una mezcla marcada por la Colonia, donde se produjo el proceso de mestizaje inevitable por la preeminencia o el avasallamiento de una cultura sobre otra.

En aquella época, el mestizaje fue una mala palabra y los mestizos, unas malas personas. Pero es incoherente seguir discriminando un concepto cuando ha construido una identidad en más de medio milenio. No se puede negar 520 años, tiempo durante el cual la palabra mestizo cambió su base epistemológica.

El término que nació para despreciar a un segmento de la población y que por ello mismo era despreciado, hoy se ha convertido en un término muy apreciado, al menos en Bolivia, porque tiende a convertirse en la palabra bisagra que puede unir al país y cohesionar lo boliviano con lo quechua, lo boliviano con lo aymara, lo boliviano con lo camba, lo boliviano con lo guaraní. Así lo demostró la encuesta de la Fundación Unir, realizada en 2008 (3), que revela que el 73,3% de la población encuestada se identificó como mestiza, pero a la vez el 67% se declaró perteneciente a un pueblo indígena.

El estudio señalado demuestra que el concepto mestizo no mata a otras identidades, sino que fusiona identidades mestizo/quechua; mestizo/mojeño; por tanto, proyecta la estructuración de una nación con un ideal de hombre en los términos planteados por Adela Cortina (4).

Sobre este cimiento se debe erigir al nuevo ideal de hombre boliviano, que en lo biológico, así no nos guste, es resultado de las mezcla de europeos e indígenas originarios campesinos (es muy probable que haya excepciones) y en lo cultural es el producto de una inmensa mezcla de pensamientos, prácticas y realidades.

Ese nuevo ser boliviano tiene una identidad de origen o procedencia, guaraní, chiquitano, quechua y un destino único: Bolivia. Vale decir, es un ser con identidad originaria, pero sin ser arrancado de sus contextos mestizos evidentes.

Un ser sin complejos frente a su historia, ni resentimientos frente a sus iguales mestizos, aunque diferentes identitariamente; un ser boliviano con alta reflexión moral para no quedarse estacionado en su pasado, con capacidad dialogante y consensual para sentar el presente de un futuro exento de la tentación de imponerse sobre el otro igual; un ser con espíritu autónomo, con sensatez rebelde para autolegislarse y para acordar una legislación y comprometerse moralmente a cumplirla sacrificando incluso sus intereses sectarios con la convicción de que el bienestar de cada uno se asegura sobre el bienestar de todos.

1. Fundación Unir. Encuesta nacional: Diversidad cultura, hoy 206 (http://www.unirbolivia.org/nueva3/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=7&Itemid=16)

2. Informe del Servicio Nacional de Migración (Senamig) de 2008, (http://cedla.org/obess/node/1306)

3. Fundación Unir; Segunda Encuesta Nacional, diversidad cultural 2008; (http://www.unirbolivia.org/nueva3/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=7&Itemid=16)

4. Cortina, Adela; Ética mínima, introducción a la filosofía práctica; editorial Tecnos, Madrid, España, 2010.

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