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Migrantes bolivianos apoyan a Rousseff

Muchos de los líderes que pertenecen a diferentes asociaciones de la comunidad boliviana han trabajado de forma activa en la campaña electoral del Partido de los Trabajadores (PT). Con seguridad, la mayoría de los inmigrantes espera que el pueblo brasileño se decida una vez más por Rousseff.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Schwartzberg

00:00 / 26 de octubre de 2014

La creciente migración de bolivianos a Sao Paulo es innegable. Cada día decenas de compatriotas llegan a la estación de Barra Funda, cargados no solo de maletas, sino también de sueños que piensan realizar en el menor tiempo posible. El principal objetivo es acumular el dinero suficiente para retornar al país e invertir en algún emprendimiento que les permita prosperar económicamente.

La mayor presencia de compatriotas en la inmensa ciudad de Sao Paulo se evidencia al transitar por las calles, o al hacer uso del transporte público, como el ómnibus, el tren o el metro. La zona de Brass sin lugar a dudas es uno de los barrios donde la presencia boliviana es masiva, la rua Coimbra que se encuentra en esta zona es la viva expresión de la apropiación territorial, reconfigurándola de manera estética a partir de la utilización del espacio físico, con la creación de restaurantes, discotecas, tiendas, oficinas de remesas y radios que operan de forma clandestina.

Esta apropiación del espacio tiene su explicación hace 20 años, cuando los comerciantes bolivianos empezaron a vender las prendas que costuraban en las calles aledañas a la estación del mismo nombre. Un lugar que en aquella época estaba conformado por grandes espacios desolados, que la gente sin vivienda usaba para refugiarse o por la excesiva criminalidad que existía entonces.

TALLERES. Esto aconteció debido a que los bolivianos dejaron de trabajar a destajo para empresarios coreanos, quienes tercerizaban para famosas marcas de ropa y empezaron a confeccionar sus propias prendas al tener ya talleres propios, fruto del arduo trabajo de años de costura; sin embargo, cuando el barrio empezó a transformarse en una zona de comercio importante, los bolivianos comenzaron a ser amedrentados por brasileños que usurpaban sus puestos de venta, además de ser extorsionados y amenazados de manera constante.

En la actualidad Brass es una de las zonas más importantes de comercio y todo indica que seguirá creciendo. Pero este cambio fue gracias a la persistencia del trabajo migrante, principalmente de bolivianos que batallaron en la ilegalidad bajo un sistema de economía oculta y que ahora siguen viviendo en un estado de sumisión a los dueños de estos locales comerciales, sin ningún tipo de seguridad que les garantice algún derecho propietario. Si Brass es una de las zonas más importantes que ha crecido y se ha trasformado por la presencia de bolivianos, también han ido asentándose en otras zonas como Bom Retiro, Penha, Ermelino Matarazzo, etcétera.

Las redes de parentesco han sido fundamentales para que el proceso migratorio continúe. Los ya establecidos hace varios años con casas y talleres propios dan trabajo a familiares o personas de la misma comunidad. Son formas de reciprocidad que se extienden de manera transnacional permitiendo que comunidades enteras se reproduzcan en diversos barrios de Sao Paulo, lo que permite la continuidad cultural.

También existe el otro tipo de migración que es a través de agencias de empleo, donde las condiciones de trabajo son inciertas. Estos últimos son los que la prensa brasileña ha visibilizado, calificando a todos los bolivianos con el estigma de inmigrante-esclavo-ilegal.

El censo de 2010 realizado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) lanzaba un dato interesante: los inmigrantes bolivianos representaban la segunda comunidad de extranjeros más importante después de Portugal, desplazando a los japoneses. Sin embargo, los datos ofrecidos solamente tomaban en cuenta a los residentes, es decir, a los que viven en condiciones de legalidad, siendo que el grueso de la población vive en condiciones de ilegalidad y en un sistema de economía subterránea.

Con la Ley de Amnistía que el presidente Luis Inácio Lula da Silva del Partido de los Trabajadores (PT) promulgó el 2 de julio de 2009, las condiciones para los inmigrantes, y fundamentalmente para los bolivianos, mejoraron ostensiblemente. Esa fue la cuarta amnistía internacional general otorgada por Brasil en los últimos 30 años. Esto para los países del Mercosur favoreció a una migración legal que facilita la adquisición de una carteira de trabalho y el documento de permanencia.

La creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008 en Brasilia también representó la importancia que Brasil daba a la región para lograr una mayor integración y cooperación entre los países sudamericanos, y libres además de la injerencia política de potencias ajenas a esta región.

Un dato relevante, que muestra los avances que hizo el gobierno del PT en la búsqueda de mejorar las condiciones de vida de los inmigrantes, fue crear en la Prefectura de Sao Paulo la Secretaría de Derechos Humanos. Dicha secretaría se encarga de coadyuvar con los grupos minoritarios a trabajar en proyectos que beneficien a sus sectores, en la adquisición de mayores derechos y en la capacitación, en convenio con algunas organizaciones no gubernamentales para brindar cursos gratuitos de portugués además de otros talleres.

Consejeros. La inclusión de los inmigrantes en las políticas estatales del PT también promovió un hecho catalogado de histórico, la elección inédita de 20 consejeros participativos extraordinarios en las subprefecturas de Sao Paulo, donde el 0,5% de su población estuviera constituido por población inmigrante. Dato interesante en una ciudad de aproximadamente 20 millones de personas y con barrios de 300.000 habitantes como es el caso de Ermelino Matarazzo, donde fue electa Mónica Rodríguez; un lugar donde se asentaron más personas provenientes de Chuquisaca, particularmente de la población de Tomina, ya desde hace dos décadas.

Dicha elección confirmó que la comunidad boliviana es una de las más importantes y con una presencia política relevante, al obtener siete representantes, que ahora trabajan en la fiscalización y elaboración de proyectos en beneficio de toda la comunidad inmigrante; como se ve, fue un avance importante para todos los extranjeros en general.

Por estas razones, la segunda vuelta de las elecciones que se llevan a cabo el domingo 26 de octubre y que confrontará a la actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves, será  gravitante —se espera— en la ampliación de políticas que beneficien a los sectores minoritarios si es que el actual partido de gobierno es reelecto una vez más, o un posible giro o estancamiento en torno a la política migratoria, si fuera electo el partido de la derecha.

En 2009, cuando se promulgó la Ley de Amnistía, la oposición criticó la medida tomada por el presidente Lula, indicando que no era posible que Brasil amplíe sus fronteras a los extranjeros cuando los países desarrollados a comienzos de la crisis actuaban de manera contraria, cerrando sus fronteras y endureciendo sus leyes migratorias.

Muchos de los líderes que pertenecen a diferentes asociaciones de la comunidad boliviana han trabajado de forma activa en la campaña electoral del PT. Con seguridad, la mayoría de los inmigrantes espera que el pueblo brasileño se decida una vez más por Rousseff.

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