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Miriam Lang: El MAS ‘es un fenómeno más que partido’

Es una de las críticas del capitalismo, que, en su criterio, impera aún en el país. Sin embargo, propone la construcción de una alternativa al modo clásico de acumulación de capital y bienes.

Miriam Lang durante la entrevista.

Miriam Lang durante la entrevista. Victor Gutierrez.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López / La Paz

00:03 / 19 de mayo de 2013

Ya varias veces en el país, su conocimiento sobre el proceso de cambio que vive Bolivia le permite afirmar que éste es un paradigma para el mundo. Considera que la inclusión indígena es el principal logro, aunque asegura que esa tendencia no es el socialismo propiamente dicho, como destacan constantemente los líderes políticos del Gobierno. “Lo que más nos ha inspirado en otros países latinoamericanos son los debates sobre descolonización y despatriarcalización que vienen de Bolivia”.

Miriam Lang estuvo de paso por La Paz hace dos semanas. De aspecto muy sencillo, se muestra presta para hablar de política, especialmente capitalismo, socialismo o desarrollo. Aunque de manera muy básica, considera que el Movimiento Al Socialismo (MAS), más que partido, es “un fenómeno”, que pretende cambiar la forma de hacer política.

Socióloga y periodista, es directora regional de la Fundación Rosa Luxemburg. A pesar de que percibe un viraje político en Bolivia y en la región, teme que el capitalismo pueda reinventarse con el mismo discurso de los gobiernos progresistas. Suele hacerlo siempre.

— ¿Usa ropa de marca?

— Realmente, ninguna en específico.

— ¿Agua o Coca-Cola?

— Coca-Cola, no; sólo cuando estoy viajando a lugares muy remotos y donde no hay agua confiable. Ahí es donde compro Coca-Cola, porque es lo que se vende en todo el mundo, dramáticamente.

— ¿Por qué dramáticamente?

— Me parece muy triste que la bebida más repartida en el mundo sea un producto monopólico, además de tan nociva para la salud.

— ¿Conoce a Evo Morales?

— Personalmente, no. Lo he visto una vez en vivo y en directo en un congreso del MAS, en Cochabamba.

— ¿Cómo lo percibe?

— Estoy muy impresionada por ver  a un líder de tanta trayectoria; es algo que no nos pasa todos los días. Creo que Evo Morales está también en una tarea muy difícil actualmente.

— ¿Por qué en un momento difícil?

— Ser presidente de un país y proponerse un proceso de cambio profundo en el contexto mundial es muy complicado.

— Usted compiló debates sobre  democracia, participación y socialismo. ¿Ha podido establecer que Bolivia es un país socialista?

— No. En América Latina, ahorita, no hay un país socialista; hay países que intentan construir un nuevo socialismo, pero eso es    sólo un camino.

— Entonces, ¿cómo caracteriza al proceso boliviano?

— Yo siempre hablo de un proceso de cambio que recupera lo indígena e intenta descolonizar. Lo que más nos ha inspirado en otros países latinoamericanos (vivo en Ecuador) son los debates sobre descolonización y despatriarcalización que vienen de Bolivia, porque son más profundos. O sea, eso de cuestionar al Estado que uno hereda, por ejemplo. De que hay toda una institucionalidad, procedimientos y burócratas físicamente instalados desde otra visión, porque el Estado es un ente de dominación que ha sido inventado para mantener las relaciones de poder. Uno llega al supuesto poder que, a nuestro modo de ver, no es el poder, es el Estado, adverso al cambio.  En Bolivia hay un debate interesante sobre cómo lidiar ante eso, aunque creo que es difícil implementarlo en la práctica.

— ¿Qué le falta a Bolivia para alcanzar el socialismo?

— No sé si esto es lo deseable. Yo soy alemana, de izquierda, hemos vivido de cerca el socialismo real del siglo XX. Me parece que el socialismo como utopía es problemático todavía, porque no ha desandado todos los errores profundos del siglo XX. Por ejemplo, el estar inmerso en una lógica moderna de crecimiento económico, de competencia con el sistema capitalista, todo el desarrollo de las fuerzas productivas (en el marxismo clásico), que han llevado a la civilización humana a un abismo, hoy. Entonces, el socialismo del siglo XX es tan culpable como el capitalismo del siglo XX en la depredación ambiental y también en la visión colonial. Los partidos comunistas de la Tercera Internacional no han tenido un papel necesariamente positivo.

— Hugo Chávez había intentado ideologizar sobre el socialismo del siglo XXI. ¿Comulga con esa propuesta?

— En el contexto concreto de Venezuela, hay mucha gente que se ha apropiado del concepto y está llenándolo de contenido a su manera, sin dialogar necesariamente con la experiencia del siglo XX. Encontramos cosas interesantes y también cosas preocupantes, que de alguna manera repiten errores, como cierto estadocentrismo o partidocentrismo que finalmente dificultan los procesos de construcción democrática.

— Partidocentrismo que se da también en Bolivia con el MAS, hegemónico ante la “noche neoliberal”.

— No sé si el MAS es un partido. Creo que es un fenómeno más que un partido, aunque no me siento apta para opinar mucho, porque, fuera del congreso del MAS donde estuve, no he compartido mucho con el MAS. Más bien, estamos pensando hacer algún día una investigación para entender cómo funciona el MAS, que es un profundo cruce o compenetración  con las organizaciones sociales.  Es un terreno nuevo y lo que habría que poner en debate desde Bolivia es en qué medida hay una diferencia entre el Estado, el partido o instrumento político y el resto de la sociedad organizada. Desde mi visión, sería beneficioso para el proceso de cambio tener espacios separados que puedan dialogar, interpelarse y corregir sus errores de manera recíproca, y no fundirse.

— ¿Es posible caracterizar con una línea ideológica al proceso boliviano?

— ¿Algún “ismo”? No me gustaría. Los ismos cierran los espacios de debate. A nosotros nos gusta abrir los espacios.

— ¿Es un híbrido?

— Lo que diferencia a Bolivia de los otros procesos de cambio es la participación indígena, de repente todo el cambio simbólico que hubo desde quién puede gobernar o acceder a los espacios. Eso es lo más impactante. Estamos viviendo en un mundo muy segregado, donde la cuestión racial es uno de los cuatro pilares del sistema de dominación: el capitalismo, el racismo o colonialismo, el patriarcado y las relaciones depredadoras con la naturaleza. El cambio de gobierno en este proceso de cambio en Bolivia se ha destacado mucho por la inversión de la segregación y la discriminación racial.

— Con resabios del capitalismo, que se explica por los $us 14.000 millones de dólares de reservas internacionales producto de la explotación de hidrocarburos...

— Toda América Latina está todavía inmersa en el capitalismo, eso no nos asombra; tampoco iba a revertirse en siete años (de gobierno en Bolivia). Lo que tengo cierto temor, viendo en Bolivia y toda la región, es que el  capitalismo logre apropiarse de estos procesos de cambio para modernizarse a sí mismo. El capitalismo ha ingresado en crisis en 2008 y 2009 con la crisis financiera, con la burbuja inmobiliaria, y también con esas crisis subsiguientes, la alimentaria y la de energía, de agua, de recursos…

El capitalismo se está reformulando de cierta manera en esta época, hemos visto esto con la Cumbre Río+20, el año pasado, cuando se ha declarado ambientalista: “ahora hacemos negocio con los bosques o la contaminación”. Mercantilizamos partes de la vida humana que antes no estaban dentro del círculo de acumulación y ahora lo están, como el agua.

Yo vengo, de entre otras herencias políticas, del movimiento feminista, y nosotras siempre reivindicábamos para nosotras los espacios de poder y de trabajo mejor remunerado o en igualdad de condiciones. ¿Qué hizo el neoliberalismo? Se ha puesto una cara de emancipación y ha dicho “sí, sí, las mujeres tienen derechos, por supuesto; ésa es la igualdad”. Y ha explotado más a hombres y mujeres pagándoles tan mal, que las mujeres estaban obligadas a trabajar y, además, a paliar todas las crisis sociales y de producción que el neoliberalismo ha generado. Para mí, es el clásico logro del capitalismo de absorber demandas sociales para su propio beneficio.

— Puede reinventarse el capitalismo, pero no es una alternativa en sí mismo, como lo describió…

— Exactamente. Hay que estar alertas en todos los procesos progresistas en América Latina, no insertarse, sino suavemente, en lo que requiere este capitalismo nuevo del siglo XXI.

— ¿Cómo se explica la tarea histórica de la izquierda que propone?

— Viendo las condiciones del planeta, la izquierda tiene la tarea histórica de construir alternativa desde todas las esferas de la sociedad; no solamente quedarse en la crítica y la demanda al Estado, sino concebirse a uno mismo como un sujeto político capaz de crear nuevas realidades y desde allí ser el interlocutor del Estado. Esto con el municipio o con el nivel internacional.

De ahí surge la otra tarea, de articularse mucho más en el ámbito global y construir otra noción de nacionalismo que no es tanto como “yo me solidarizo con tu lucha, que te voy a dar o visitar, como brigadista”; es que tenemos muchos problemas globales que nos van a llevar al carajo si no los trabajamos desde la globalidad. Hay que dialogar entre norte y sud, entre movimientos sociales que están trabajando esas opciones; interconectarlas para potenciarlas.

— ¿Ese viraje es una ilusión, una alternativa o un hecho político que está merodeando para que se empoderen de esto?

— Existen muchas alternativas, tanto en el norte como en el sur, pero no son necesariamente muy visibles, porque también estamos sometidos a una especie de cartel mediático e informativo, de propaganda, que siempre nos pone el consumo, el consumo, nada más.  Si vemos las múltiples experiencias en el campo de la agroecología, la propiedad comunitaria o el mundo indígena (que tendría mucho que aportar), las experiencias de trueque en las ciudades para potenciar la producción local, el transporte alternativo, la energía limpia desde el barrio o la casa, hay mucho camino andado, pero lo que falta es vigorizar esas iniciativas, e instalarlas como política pública.

— ¿Cómo es posible desahuciar el extractivismo, como piden los movimientos sociales, si con eso se cree que el Estado tiene sustento económico?

— Es un tema complicado, pero abordable también. No es que América Latina tenga necesariamente un destino fatal, extractivista, sino que hay una hegemonía instalada en el ámbito internacional que le asigna este rol, que no  es de ahora, es de la Colonia. Si vemos Potosí y la historia, siempre ha sido que el bienestar de los países del norte se ha construido con el saqueo de los países del sur, y eso es lo que sigue haciéndose.

Sólo tenemos algunas pistas, es una tarea bien difícil de pensar en otras pautas económicas, siempre hay que pensar a contracorriente sobre esta trilogía: inversión extranjera, exportación y crecimiento económico, que nos meten a la cabeza, con fuerza, porque “de eso se trata para vivir bien”.

En Ecuador siempre nos dijeron que en Perú y Colombia hay más inversión extranjera y están mejor, pero si uno va a esos países eso no repercute en la vida de la gente; es algo muy abstracto. Puede haber inversión extranjera, pero que se lleva todo al extranjero. O sea, no queda nada. No son las cifras las que importan, sino el cómo queremos vivir; qué es para nosotros riqueza o   pobreza.

Hay una hegemonía muy instalada en el discurso público que es difícil revertir. Una de las pistas que hemos construido con el Grupo de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo, que intenta impulsar esos debates en la región, es mirar de manera distinta y de manera más profunda la integración regional. Pensamos que si lográramos potenciar el comercio interregional y construirlo de una manera más complementaria entre ecosistemas y países, podríamos preservar más la Madre Tierra y satisfacer nuestras necesidades, y desvincularnos progresivamente de esta fuerte presión de China, Europa y Estados Unidos, que demandan recursos naturales.

Perfil

Nombre: Miriam Lang

Nació: 29-12-1967, Múnich (Alemania)

Profesión: Socióloga

Cargo: Directora regional de la Fundación Rosa Luxemburg

En La Paz

Hace dos semanas, presidió el Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo para presentar en La Paz dos libros: ‘Más allá del desarrollo’ y ‘Alternativas al capitalismo del siglo XXI’. Además, participó de actividades con grupos de jóvenes de El Alto.

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