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El ‘Modelo Evo’

Mientras el banquete de tiempo completo de las megacoaliciones ofendía a lo popular, éste diseñaba un modelo para sustituirle. Tardó en hacerlo, pero se lo ofreció al país en 2005. Ese modelo, el de Mandar obedeciendo, hoy quiere ser replicado en el otro lado del mundo. El “Modelo Evo” quiere ser exportado.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Richter Ramírez

00:02 / 30 de noviembre de 2014

Era el final de los años 70 y la dictadura de Hugo Banzer había perdido aquello por lo cual nadie la desafiaba. Un puñado de mujeres, liberadas ya del miedo al dictador, lo enfrentaron hasta hacerlo retroceder. A ello le siguieron días violentos y el país cambiaba de presidente de forma casi cotidiana. Fue (el tiempo de) Juan Pereda Asbún, David Padilla Arancibia, el breve Wálter Guevara, después Alberto Natusch, Lidia Gueiler, el dictador sangriento de García Meza, Celso Torrelio Villa; y fue Guido Vildoso el general que mirando más allá de los golpistas entendió la solución democrática. Finalmente, Hernán Siles Suazo inauguró el periodo de la nueva democracia. Este era el “modelo político boliviano” una marca de inestabilidad y revuelta permanente por la que internacionalmente nos hicimos fácilmente reconocibles.

En 1985, Víctor Paz Estenssoro aplica la Nueva Política Económica que cerraría otro capítulo más de la inestabilidad boliviana, esta vez el proceso inflacionario incontrolado. De los tres planes de ajuste de aquel entonces (Plan Austral en la Argentina y Plan de estabilización Monetario de Israel) el boliviano fue el único exitoso. Bolivia asombraría a todos logrando estabilizar su economía con rapidez asombrosa. Sin embargo, el coste social del ajuste le quitó brillo a un proceso de estabilización que regó el desempleo por todo el país. El “modelo boliviano” no se exportaría como ejemplo a seguir, a pesar de que las cifras y las estadísticas, frías como siempre, hablarían de un resonante éxito.

La “democracia pactada” fue el soporte político para aplicar la Nueva Política Económica. Los acuerdos y pactos entre enemigos y adversarios políticos como mecanismo inicial para asegurar gobernabilidad y estabilidad a la incipiente democracia, sorprendieron fuera de las fronteras, pero en poco tiempo mostraron su verdadero rostro con el reparto indecoroso del aparato estatal. Así, previsible e inevitablemente, el año 2003 la “democracia pactada” estalló en mil pedazos hasta ser pulverizada. Lo popular irrumpía, y lo hacía ya cansado de tanto marginamiento y desdén.

Los bolivianos hemos tenido poco que mostrarle al mundo como modelo político a seguir e implementar. El modelo de la “democracia pactada” permitió, desde el Pacto por la Democracia entre Paz Estenssoro y Banzer hasta sus versiones finales, la faceta más abominable de este periodo: pragmatismo indolente y una extrema amabilidad con los poderes foráneos.

Así, mientras tanto el banquete de tiempo completo de las megacoaliciones ofendía a lo popular, éste diseñaba un modelo para sustituirle. Tardó en hacerlo, pero se lo ofreció al país el año 2005. Ese modelo, el de Mandar Obedeciendo, hoy quiere ser replicado en el otro lado del mundo. El “Modelo Evo” quiere ser exportado.

El “Modelo Evo”. “Cumpliré con mi compromiso, como dice el Subcomandante Marcos, mandar obedeciendo al pueblo, mandaré Bolivia obedeciendo al pueblo boliviano”. Así Evo Morales inauguraba su gobierno. Era el año 2006. Sus opositores le pronosticaban apenas unos meses de duración en el poder hasta que esa su supuesta falta de “formación profesional” lo conduzca a una crisis que termine con su aventura política. Pero aquellos que tenían la vista cansada de leer siempre los mismos renglones de la “democracia pactada”, no comprendieron que el “Modelo Evo” había echado pilares profundos donde asentarse. Dos fundamentales: movilización popular y asambleísmo.

La movilización como mecanismo de peticionar. La movilización organizada, resistente e incansable es uno de los pilares que Evo Morales inculcó en los movimientos sociales como ejercicio mismo de ciudadanía. Es cierto que hubo grandes e importantes movilizaciones en el pasado. La Marcha por la Vida en 1986 es acaso el inicio de una conciencia de movilización. Pero es irrebatible que fue Evo Morales quien hizo de las marchas, bloqueos y movilizaciones un arma política que apuntaba al centro mismo del poder.

Hoy, cualquier organización política carente de capacidad de movilización social camina hacia el fracaso permanente. Lo mediático y meramente discursivo, propio de la derecha en Bolivia, está agotado en su eficiencia para el ejercicio político.

Es bueno preguntarse: ¿cuántos partidos y organizaciones políticas opositoras a Evo Morales pueden hoy señalar evidente y comprobada capacidad para movilizar “al pueblo”? La respuesta es simple: algo pudieron hacer los sectores cruceños con el cabildo gigantesco por las autonomías, pero aquello no tuvo consistencia ni espíritu de lucha y terminó siendo algo muy parecido a un evento social. Hoy Santa Cruz apoya a Evo Morales. Ese fue el resultado final.

Asambleísmo. El pueblo reunido. El pueblo peticionando. El pueblo decidiendo. Este es el segundo pilar de un modelo exitoso y hoy invencible para los opositores a Evo Morales. El pueblo tiene forma de movimiento social, de organizaciones e instituciones populares que han de- sarrollado una dinámica irrebatible: el asambleísmo como ejercicio para peticionar al poder del cual ya forman parte inseparable. El pueblo pide, el gobernante obedece. El pueblo define los temas de agenda nacional y el gobernante ejecuta. En resumen, el pueblo peticiona y el gobernante Evo Morales obedece y manda. ¿Puede alguien oponerse con legitimidad a esa fórmula desa- rrollada desde las entrañas del Instrumento Por la Soberanía de los Pueblos, hoy devenido en el Movimiento Al Socialismo (MAS)?

La paternidad del “Modelo Evo”, como siempre ocurre con el éxito, tendrá muchos autores, pero uno solo lo ejecuta y el otro acompaña en plena sintonía. ¿Fue Evo Morales quien lo diseñó? ¿Es Álvaro García Linera el ideólogo?

El hecho es intrascendente. Contra la movilización de los sectores populares, ya con capacidad nacional plena. Contra el Asambleísmo, cuando un pueblo encontró la forma superadora del parlamento para peticionar, surge la pregunta inmediata: ¿qué pueden hacer liderazgos cortos como los de Unidad Demócrata y la Democracia Cristiana? ¿Tienen ellos un pensamiento de avanzada y superador del “Modelo Evo”? Por ahora está claro que no.Pablo Iglesias en España. El hombre de la coleta y el estilo desenfadado que hoy lidera a Podemos es hoy la expresión de lo popular en España. La movilización que ha provocado Pablo Iglesias incomoda a “la casta” —privilegiados del Partido Socialista y Partido Popular que han degenerado la política española hasta convertirla en un cúmulo de beneficios despreciables—. “Hemos venido a moralizar la vida pública, democratizar el poder y recuperar la felicidad”, dice Iglesias y ha señalado también su fórmula para implementar esto: “Mandar obedeciendo”. Dijo esto apenas unas horas después de estar de paso por Bolivia, de reunirse con Evo Morales y de entender que si el pueblo se moviliza, y peticiona, la fórmula es casi irrebatible. El “Modelo Evo” se exporta y España quiere probarlo.

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