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El Movimiento Sin Miedo: encierros y riesgos

El riesgo que corre el MSM es una mala noticia para la democracia porque es la única organización que desplegó acciones evidentes de institucionalización y adecuación a lo que dispondrá la futura Ley de Organizaciones Políticas, es decir, realización de elecciones internas, formación de cuadros,  y renovación dirigencial.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

00:06 / 19 de octubre de 2014

Después de quince años de presencia en el espectro político, el Movimiento Sin Miedo (MSM) enfrenta el riesgo de perder su personería jurídica y el reto de reinventar su identidad política. La escasa votación obtenida el pasado domingo no solamente pone en cuestión su personalidad jurídica, también exige un replanteamiento de su estrategia partidista si es que pretende recuperar algún grado de arraigo social  con miras a las elecciones municipales y departamentales del año próximo. No está demás recordar que en las elecciones subnacionales de abril de 2010, el MSM ocupó el segundo lugar en el cómputo nacional y obtuvo representantes en varios municipios y algunas asambleas departamentales, con victorias en Oruro y La Paz, en este último caso de manera ininterrumpida desde 1999.  La votación obtenida por este partido (en las recientes elecciones) es un escollo importante para encarar las elecciones subnacionales que se constituyen en un reto para mantener su continuidad como organización política.

Es una mala noticia para la democracia boliviana porque —y este hecho debe llamar la atención— el MSM es la  única organización política que, en los últimos cuatro años, desplegó acciones evidentes de institucionalización y adecuación a lo que dispondrá la futura Ley de Organizaciones Políticas, es decir, realización de elecciones internas, formación de cuadros, adecuación de su estructura organizativa a diversa escala y renovación dirigencial. Por otra parte, el MSM se encuadra en lo que se denomina “partido programático” porque el elemento cohesionador es un incentivo colectivo, es decir, una ideología elaborada en congresos y traducida en tesis políticas. Por lo visto, la dinámica interna no tiene nada que ver con las expectativas sociales o las demandas ciudadanas que responden a otras razones y motivos.  Con todo, no es irrelevante que la unidad integrante del precario sistema de partidos que hizo  mayores esfuerzos para adecuarse a los preceptos de la democracia interna corra el riesgo de perder su habilitación jurídica como organización política.

Obviamente, estos rasgos de funcionamiento interno no son causas de lo que le sucedió al MSM el pasado domingo. Para entender su bajo desempeño electoral esgrimo dos criterios: enclaustramiento geográfico y encierro ideológico.

ENCLAUSTRAMIENTO. El primer desafío del MSM era superar su “enclaustramiento geográfico”, es decir, trascender una votación limitada al municipio paceño. ¿Cómo lo intentó? Con alianzas. Y en este camino tuvo dos acciones: primero fue un interesante acercamiento con los Demócratas (MDS) liderados por Rubén Costas que terminó en una simple declaración de buenas intenciones. En sustitución de esa fallida alianza, Juan del Granado invitó a Adriana Gil como candidata a la vicepresidencia, una figura sin estructura partidista ni clientela electoral y que disponía de cierta fama mediática como personaje público que, por lo visto, no implicaba alguna capacidad de interpelar, siquiera, al electorado cruceño, es decir, con ese binomio el MSM no logró superar su “encierro geográfico”

En segundo lugar, el MSM tenía que lidiar con una suerte de “encierro” ideológico porque se situaba en un espacio ocupado por el MAS. El MSM, por su perfil ideológico como partido, se situó en la izquierda del espectro político, un espacio ocupado por el MAS desde hace más de una década de manera solitaria, a tal punto que el propio MSM puso sus candidatos bajo la sigla del MAS hasta que, hace cuatro años, rompió su alianza con el partido de gobierno. En esas circunstancias, el MSM se propuso como una fuerza política de izquierda con pretensiones para disputar al MAS un electorado que percibía escasas diferencias programáticas entre estas fuerzas, menos aún para visualizar como alternativa al MAS a un partido que poco tiempo atrás había sido su aliado. Así, el MSM no pudo superar ese “encierro ideológico” que lo convertía en una suerte de símil del MAS, y la ciudadanía optó por votar por el original.

En una mirada más amplia es preciso destacar que, durante el proceso electoral,  el MAS amplió su radio de interpelación porque ocupó el centro del campo político y la oposición de izquierda se expresó en dos tiendas políticas. Una de ellas fue el MSM que se concentró en cuestionar el estilo de gobierno del MAS caracterizado por la  concentración de poder en el presidente (“uniquismo” fue el término), una postura crítica que no tuvo mayor resonancia porque se situaba en una débil contradicción: autoritarismo/democracia. La oferta electoral de expandir la política municipal de “Barrios de verdad” solamente refrendó su “encierro ideológico”. La otra fuerza que ocupó el polo izquierdo fue el Partido Verde de Bolivia (PVB) con posturas críticas al extractivismo y apelaciones al ecologismo y al indigenismo. Era una crítica verosímil porque su candidato simbolizaba la movilización ciudadana en apoyo al TIPNIS bajo consignas antigubernamentales que se tradujeron en un leve grado de apoyo electoral. Si en los comicios de 2009, la única fuerza de izquierda —aparte del MAS— fue el efímero partido Alianza Social de René Joaquino, en esta oportunidad los dos partidos de izquierda tienen dificultades para lograr una votación que les permita mantener su personería legal y esquivar las sanciones.

RENOVACIÓN. Por lo pronto, los efectos políticos de esta derrota son nítidos en el MSM porque Juan del Granado se ha jubilado como candidato, aunque es posible que la necesidad de renovación se amplíe al propio manejo interno de la organización cuando este partido encare un balance de los acontecimientos. Posteriormente tendrán que definir una estrategia electoral para encarar los comicios subnacionales a partir de una renovación no solamente dirigencial, también discursiva y programática, si es que quieren apostar al largo plazo. Precisamente, ése era el desafío temporal que enfrentaban las fuerzas de oposición en estas elecciones generales y no supieron/pudieron enfrentarlo.  Mientras que el MAS fijó un horizonte con la mirada puesta en el año 2025, con la Agenda Patriótica del Bicentenario, los partidos de oposición no escudriñaron más allá del 12 de octubre de 2014, esto es, simplemente iban a esperar los resultados para definir su accionar en el futuro.  En este caso, el MSM se vio en el espejo del 12 de octubre y éste le reflejó un rostro raquítico. Ahora tendrá que pensar en las elecciones municipales para ver si a partir de ese evento podrán arribar a los comicios de 2019.

Para encarar las próximas elecciones subnacionales necesitará esbozar una estrategia diferenciada, una verdad de Perogrullo, y esperar las decisiones que asuman las otras fuerzas de oposición, en particular el MDS, que ya anunció que Unidad Demócrata fue pensada como una coalición con fecha de vencimiento en octubre de 2014.  Es deseable que este magro desempeño electoral no afecte la consistencia orgánica del MSM, es decir, la adscripción de su militancia. Ésa es la base institucional e ideológica para su permanencia y recuperación como organización política en la coyuntura electoral del primer semestre de 2105.  “Despacio que tengo prisa”, dice la frase célebre, pero es obvio que el MSM empieza a jugar contra el tiempo.

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