Animal Político

Mujer amante de la naturaleza

Lupe Andrade Salmón - Pasa su vida entre la ciudad y el campo. Tiene una empresa de café y su producto lo envía a Europa. Es aficionada a la fotografía y también hace artesanías con bambú. Le encanta leer y escribir. Comenta que es feliz, muy feliz, desde que dejó atrás la vida política.

Lupe Andrade

Lupe Andrade Foto: Miguel Carrasco

La Razón / Erick Ortega

01:00 / 11 de diciembre de 2011

Viernes 9 de diciembre. Poco antes del mediodía se desprende un aroma dulce desde la cocina de Lupe Andrade Salmón, en su casa cercana a la plaza Roma, en Obrajes. En las planchas del horno están las masitas de jengibre. “Mis nietos van a venir y debemos decorar las galletas”, cuenta sonriente la madre de cuatro hijos y “feliz” abuela.

Felicidad es la palabra que salta en la punta de su lengua el momento que debe hablar de su vida lejos del mundo político. Al finalizar los años 90, ella fue concejala y después se convirtió en alcaldesa de la metrópoli que la vio nacer.

En el living de su casa convive una fiesta de colores y decoraciones. Por ejemplo, un piano con una manta de chola encima ocupa gran parte del ambiente que está rodeado por adornos navideños.

Los objetos de bambú se camuflan en el ambiente. Ella habla con orgullo de estas artesanías que son hechas con sus manos gruesas. Andrade tiene una edad mentirosa para las actividades que realiza. Poco antes de contestar sonríe y después dice cuántos años tiene: 72.

La periodista nació en el inmueble donde está la Caja de Salud, de la plaza Murillo, pero su vida está íntimamente ligada al campo. Especialmente entre mayo y septiembre, suele pasar semanas enteras en sus tierras de Machacamarca, frente a Chulumani, en Sur Yungas.

En la zona, a 1.800 metros de altura sobre el nivel del mar, tiene plantaciones de café que la también literata Andrade se encarga de trabajar para después industrializar el producto que es exportado a Europa.

Cuando pasa jornadas en el campo, despierta aproximadamente a las 06.30 y se interna en el verdor de su terreno. Saca parásitos a sus plantas y arregla el espacio donde permanece su vergel.

Hace tiempo que descubrió una nueva pasión: la fotografía. Andrade puede permanecer durante horas sentada con su lente apuntando hacia los árboles, el cielo y el suelo. La exalcaldesa tiene en su álbum virtual cientos de aves y bichos de sus tierras. También catalogó 90 plantas.

Por la tarde, cuando está en Yungas, se dedica a trabajar en la edición de libros, traducciones y en actividades del rubro académico.

Es capaz de permanecer días enteros lejos del ruido de la ciudad; sin embargo, no puede estar sin teclear una computadora. El año pasado, junto a Rita del Solar, publicó el libro ¡Ají!: un regalo de Bolivia al mundo.

Se considera “una gadget”, a quien le gustan las nuevas tecnologías e incluso comparte con sus nietos algunos juegos en red. Su familia —cuenta— es el pilar de su vida.

Así como escribe, Andrade no puede estar lejos de la lectura. Uno de los últimos libros que leyó fue The Greater Journey, de David McCullough. Le fascinan los relatos que mezclan la historia con la aventura.

Le pasa lo mismo con sus gustos en el cine. Una de las películas que más le gustó fue Avatar, pero su preferida es El discurso del rey. “Está muy bien hecha”, dice.

No habla de política y ofrece una mueca de disgusto cuando se le comenta su paso por la comuna. Luego de su salida de la Alcaldía enfrentó seis procesos judiciales y seis sobreseímientos. Fue preventivamente detenida en el penal de Obrajes, aquello es un capítulo cerrado en su vida.

Perfil

Nombre: Lupe Andrade Salmón

Edad: 72 años

Profesión: Periodista

Ocupación: Literata

Datos

Lupe Andrade fue alcaldesa de La Paz en 1999. Sin embargo, hasta entonces, tenía una carrera en el ámbito periodístico. Estudió literatura, pero tiene “alma de periodista”. A comienzos  de los años 90 escribió en el matutino Última Hora. Después fue columnista de un par de diarios paceños.

Pedidos y miedos de la Nochebuena - Erick Ortega

A los mininos rayados ya les llegó la Nochebuena, gentileza celeste, off course. Carlos Mesa, Doria Medina y otros más se sumaron al festejo de fin de año. Al menos, algo los une. ¿No que no? Pero esta Navidad está repleta de regalos extraños. Hay, por ejemplo, tarjetas con droga. ¿Qué dirán las postales? “Mis mejores deseos de que llegues alto”, “que tengas una feliz Nochebuena y que vueles todo el año que viene”; en fin.

Y algunos trajes con coca del viejito pascuero también fueron descubiertos por los agentes de narcóticos. ¿Estos barbones vestidos de rojo habrían pensado llegar volando y sin renos? Qué manera de dejar sin chamba a los amigos del reno Rodolfo.

Y también, imagino, hay cada carta que va a recibir Santa Claus. Por ejemplo, los de la COB quieren tener su partido político. Si en este país, donde lo posible es imposible y viceversa, sucediera aquello, entonces ¿quiénes protestarían en las calles?: pues los empresarios, y habría dinero de sobra, tanto que las universidades podrán seguir guardando sus ahorros año tras año y cada vez pidiendo más presupuesto. Uno nunca sabe cuándo va a llegar la época de vacas flacas, como pasó el año pasado.

¡Uy! y ni hablar de aquel tiempo, de la mala palabra que ahora asoma como sombra negra, el grinch de la Navidad nacional: “gasolinazo”. En el Ministerio de Economía y en las canastas del mercado hay terror a la palabra. Es necesario exorcizar a la palabra para que no venga a chingarnos la vida y el fin de año.

Pero, las malas lenguas dicen que alguna gente de la cumbre social sí va a querer que se aumenten los precios para el año que viene. ¿Cómo, pues, el pueblo pidiendo aumento de precios? Más bien démosle alas a nuestro superhéroe de estos años: Mister Subvención.

Pero, por estos días los superhéroes son otros, visten de rojo y tienen grandes sonrisas... no, no son los que atienden Pollos Copacabana, son los papanoeles que estarán haciéndose un nudo en las cabezas con nuestros regalos. Pediremos el mar nuestro de cada día (ése es el regalo que lo esperamos con ansias, pero que nunca llega, algo así como la pelota cuadrada de Quico) y otras vainas más. Y algunos tendremos que sentarnos a esperar. Otros, rayados mininos, ya tienen su Nochebuena.

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