Animal Político

Mujer, trabajo y revolución

Hoy en día hay una leve tendencia a disminuir las brechas salariales.

La Razón (Edición Impresa) / Emilio Rodas Panique es abogado

00:00 / 20 de marzo de 2019

La tasa de ocupación de las mujeres asciende a cerca de 48,5%, según datos al cuarto trimestre de la encuesta continua de empleo. Existen unas 1.537.000 mujeres en el mercado laboral, la mayoría concentrada en servicios y comercio, 83%; y en un 17% en el sector de la industria.

De acuerdo al grupo ocupacional, las mujeres tienen mayor participación como trabajadoras de servicio y vendedoras, en 46%, seguidas de las trabajadoras en construcción y el rubro manufacturero, en 12%, y de mujeres profesionales, también en 12%.

La tasa de desocupación de las mujeres alcanza a 4,9%; en este contexto, es importante resaltar el mayor grado de libertad que tienen hoy las mujeres al elegir un trabajo, y el alcance de niveles de educación más altos, lo que elevó sus costos de oportunidad, gracias a que los hogares alcanzaron una mejor situación económica. A pesar de la diferencia que hay entre los índices de desempleo entre hombres y mujeres, existe una leve tendencia a disminuir las brechas salariales.

Así, hay un avance significativo en mejorar las condiciones de empleo de la mujer, lo que está determinado en la Constitución al reconocer el valor económico del trabajo del hogar (las labores domésticas), quedando establecido que el Estado promoverá la incorporación de las mujeres al trabajo y garantizará la misma remuneración que a los hombres por un trabajo de igual valor, en el ámbito público y privado.

Asimismo la Constitución dispone que las mujeres no podrán ser discriminadas o despedidas por su estado civil, embarazo, edad, rasgos físicos o número de hijas o hijos. Se garantiza la inamovilidad laboral de las mujeres en estado de embarazo, y de los progenitores, hasta que la hija o hijo cumplan un año de edad.

Además, el Gobierno promueve el Servicio Público de Empleo. Los Servicios de Intermediación Laboral (SIL) juegan un rol central para que los buscadores de trabajo tengan las herramientas para colocarse efectivamente. Los SIL ayudan a la gente a encontrar mejores puestos de trabajo, y a las empresas a identificar el talento adecuado; esto siempre fue una carencia: si bien las bolsas de empleo desde lo público han existido antes, fueron mecanismos ineficientes y dependientes del financiamiento externo, hoy incorporan elementos que las hacen necesarias para intermediar y apoyar la vinculación, pero además son capaces de diferenciar a los actores para hacer énfasis en la vulnerabilidad o las asimetrías.

El Programa de Apoyo al Empleo (PAE II) busca mejorar los niveles de empleabilidad de hombres y mujeres; en este sentido, la capacitación en el puesto del trabajo es el elemento principal para que las personas que buscan empleo se adapten al requerimiento de las empresas. Los resultados muestran una mayor participación de mujeres: representa a más de 51% del total general y los varones alcanzan a 49%.

El desafío principal es lograr que las mujeres se incorporen al mercado laboral en mejores condiciones.

Para lograr esto, se pasa por incorporar políticas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en nuestras escuelas, formación desde una perspectiva de derechos humanos de todo el funcionariado público, aumento de la concienciación de las mujeres de sus derechos legales y humanos, y la asignación de recursos para el desarrollo y sostenibilidad económica de las mujeres.

Asimismo, la tecnología puede jugar un rol importante para conseguir la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, puede facilitar el conocimiento y acceso a fuentes de empleo, dar un gran impulso a la iniciativa empresarial de las mujeres: datos a nivel mundial revelan que los nuevos modelos de negocio en la economía digital pueden reducir brechas, y es importante que en este modelo del futuro del trabajo también se garantice el acceso de mujeres a nuevos modelos de empleo.

Hay problemas estructurales en el mercado laboral, uno va mas allá de la perspectiva de género y afecta al mercado en general, dificultando el acceso pleno. Un ejemplo es la formación superior: hoy, las tres columnas que se deben identificar: a) qué buscan los jóvenes en la formación; b) qué ofrece el espacio de formación, y c) qué demanda al mercado laboral, no llegan siquiera a parecerse. Es preciso aproximar estas tres columnas, para ello el sistema universitario debe entrar en onda con el proceso transformador, es un pilar central del desarrollo y sin embargo se mantiene como una cápsula del tiempo, anclada dos décadas atrás.

Estamos viviendo tiempos de transformación, la revolución intenta corregir los problemas estructurales que la colonia, la república y su peor expresión política y económica, el neoliberalismo, nos han heredado. El mercado por sí mismo no corrige estos defectos, más bien los naturaliza en función de la ganancia ciega, por ello el Estado debe intervenir de manera directa en la economía y le da con ello el sentido de justicia y equidad; de ello depende que los avances en la relación mujer-trabajo sean sostenibles y se consoliden.

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