Animal Político

Nacimos con mar y al mar volveremos

Bolivia y el mar desde 1825

La Razón / Juan Lanchipa Ponce

00:02 / 05 de agosto de 2012

Cuando el 6 de agosto de 1825 se proclamó la independencia de Bolivia, una costa y un extenso litoral en el océano Pacífico formaban parte de la heredad de la joven república. La costa boliviana ubicada en el territorio de Atacama, en el departamento de Potosí, se extendía desde el río Loa, que marcaba la frontera con el Perú, hasta el río Salado que al sur separaba a Bolivia de Chile.

La pertenencia originaria de Atacama a Bolivia puede constatarse en los mismos actos que dieron vida al país; no hay que olvidar que el decreto de 9 de febrero de 1825, al convocar la asamblea de representantes de las provincias del Alto Perú, estableció la presencia de un diputado por Atacama. La firma de este representante está plasmada en el Acta de Independencia nacional.

La soberanía que ejerció Bolivia sobre dicha región fue confirmada por una infinidad de actos legislativos y administrativos. Valga destacar que las constituciones políticas bolivianas a partir de la primera de 1826 reconocían a Bolivia como un país marítimo e incluían dentro de su territorio al Litoral de Atacama; tómese a título de ejemplo la Constitución de 1831, cuyo artículo 3 dictaba: “El territorio de la nación boliviana comprende (…) las provincias Litoral y Tarija”.

Hasta 1842, Chile no consideró que la región de Atacama fuera parte de su territorio ni realizó actos de soberanía sobre ella. Es significativo que sus constituciones de los años 1822, 1823, 1828 y 1833 hayan reconocido que hacia el norte Chile tenía como límite el desierto de Atacama.

No podía ser de otra forma, ya que era Bolivia la que poseía los títulos jurídicos sobre este territorio en virtud al principio utis possidetis juris que sirvió de base para la delimitación de fronteras internacionales en el marco del proceso de descolonización americana. Conforme este principio, las fronteras de los nuevos estados independientes debían configurarse respetando los límites administrativos coloniales. La Corte Internacional de Justicia ha señalado al respecto: “Su principal propósito es garantizar el respeto de los límites territoriales que existían en el momento en que se logró la independencia. Cuando esos límites no eran más que delimitaciones entre diferentes divisiones administrativas o colonias, sujetas todas ellas al mismo soberano, la aplicación de ese principio dio como resultado su transformación en fronteras internacionales”.

Son innumerables los antecedentes coloniales que dan fe del derecho que ostentaba Bolivia sobre Atacama. Cabe destacar por su importancia los siguientes:

— Un antecedente temprano lo tenemos en las capitulaciones de 21 de mayo de 1543, por las que el emperador Carlos V creó las gobernaciones de Nueva Toledo, a cargo de Diego de Almagro, y la de Nueva Extremadura, a cargo de Pedro de Mendoza. La primera, que cubría parte de lo que hoy es Bolivia, se extendía desde el paralelo 14°05’43’’ al 25°31’26’’ latitud sud, y la segunda, por 200 leguas a partir del límite sur de Nueva Toledo.

— En 1548, el pacificador Pedro la Gasca otorgó el título de gobernador de Chile a Pedro de Valdivia, poniendo a su cargo un territorio que comenzaba por el norte  en el paralelo 27°, es decir, a partir del valle de Copiapó; este límite fue después llevado al paralelo 25° coincidiendo con el río Santa Clara, hoy río Salado.

—La Real Audiencia de Charcas, entidad colonial que dio base a lo que hoy es Bolivia, fue creada por el Rey Felipe II de España mediante cédula real el año 1559. La audiencia gozó siempre de una salida al mar por la región de Atacama. Esto queda comprobado gracias a la Ley IX, tomo XV, libro II de la Recopilación de las Indias, la cual deja en claro que para el año 1681 la Audiencia de Charcas limitaba: “por el septentrión [norte] con la Real Audiencia de Lima y provincias no descubiertas; por el mediodía [sur], con la real Audiencia de Chile, y por Levante [este] y Poniente [oeste] con los dos mares del norte y del sur”.

— Con la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776, la Audiencia de Charcas pasó a depender de aquél. La real ordenanza de 28 de enero de 1782 creó ocho intendencias en este virreinato, entre ellas la de Potosí, a la que se le asignó: “la Villa de Potosí con todo el territorio de la provincia  de Porco en que está situada y los de las de Chayanta o Charcas, Atacama, Lípez, Chichas y Tarija, pues estas cinco provincias han de componer el distrito privativo de la restante intendencia, que ha de situarse en la expresada villa”.

Por lo dicho, Bolivia fue un país costero por 54 años desde su independencia y que como consecuencia de la invasión militar chilena en 1879 se nos quitó esa cualidad marítima, que nos forzó a un encierro geográfico y nos privó también del disfrute de las cuantiosas riquezas naturales que el territorio cautivo alberga en su seno.

En ese lapso de tiempo, los bolivianos comprendimos y apreciamos la relación de dependencia que tenemos con respecto al mar, tanto desde el punto de vista de su supervivencia como de seguridad y desarrollo, así como de las ventajas, bondades y cualidades del mismo que hacen a la conciencia marítima.

Pasaron 133 años del cercenamiento geográfico del Litoral boliviano y Chile pasó de la dilación a la negativa para dar una solución definitiva a la salida libre, útil y soberana de Bolivia al océano Pacífico, deso-yendo las permanentes, legítimas y fundadas peticiones del país e incluso las determinaciones de organizaciones internacionales como la Resolución 426 de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) del año 1979.

En ese sentido, Bolivia persiste y persistirá en su reclamo justo a su derecho de acceder libre y soberanamente al Pacífico, no sólo para mejorar su tráfico comercial, sino porque se debe terminar con el injusto enclaustramiento geográfico que le priva tener el contacto directo con el mundo y porque la integración física, sólida y armoniosa y los mejores niveles de desarrollo regional del hemisferio no serán posibles, en la medida en que esta herida abierta no se cierre.

Este 6 de agosto celebraremos con regocijo un aniversario más de nuestra patria; sin embargo, debemos recordar que Bolivia nació con mar y que al mar volveremos.

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