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Nación y Estado Plurinacional: más allá del censo

El pluralismo nacional no existe en la Constitución, por ende, lo plurinacional no implica el reconocimiento de varias naciones; lo que se interpela y constituye es un sujeto colectivo definido como ‘naciones y pueblos indígena originario campesinos’. En lo discursivo, en cuanto a institucionalidad, la República sigue vigente en la Constitución.

La Razón / Fernando Mayorga Ugarte

00:01 / 18 de agosto de 2013

El 6 de agosto, el Vicepresidente inició su discurso de inauguración de la sesión de la Asamblea Legislativa Plurinacional con la pregunta: “¿Qué es una nación?”. Fue respondida con una ponencia sobre identidades sociales, comunidad política y Estado. Ese fin de semana, un diario paceño se tornó existencialista titulando: “Censo y pertenencia indígena: ¿hay crisis de identidad en el país?”. Preguntas y más preguntas y respuestas a los resultados del censo con diversas interpretaciones y conclusiones respecto a la pregunta 29. Aquella pregunta de la boleta que indagaba: “Como boliviana o boliviano ¿pertenece a alguna nación o pueblo indígena originario campesino o afroboliviano?”. Las opciones de respuesta eran:

Sí o No. Los datos muestran estos resultados: 58,2% de las personas dijeron que No, y 40,5% respondieron que Sí, que pertenecían a “alguna nación o pueblo indígena originario campesino o afroboliviano”. Este último dato difería de la cifra consignada en el censo de 2001, cuando se preguntó: “¿se considera perteneciente a alguno de los siguientes pueblos originarios o indígenas?”. Las respuestas por el Sí fueron el 62% de los censados.

Eso explica el porqué de las preguntas. Más no el sentido de las respuestas. Un recorrido por algunas frases vertidas en estos días muestra que estamos ante un amplio abanico temático y cierta vaguedad metodológica. Se debe a ambigüedades en la definición del objeto de estudio, puesto que algunas opiniones enfatizan en la nación, otras en el Estado y, en ciertos casos, a nación boliviana y Estado Plurinacional. Su imbricación o desarraigo, su proyección o debacle. Veamos algunas definiciones: “Un Estado Plurinacional sin naciones.

Un Estado en el que casi el 60% de sus habitantes sólo reconoce una pertenencia, una patria, un país” (Carlos Mesa). “Los indígenas dejaron de ser la mayoría… se habría venido abajo todo el cimiento social del Estado Plurinacional y su justificación histórica” (Jorge Lazarte). “País de mestizos, pero pluri-multi. La realidad es como es: República de Bolivia, de mayorías mestizas (Carlos Toranzo). Bolivia no es un Estado Plurinacional con predominancia indígena, es una nación pluricultural y multilingüe” (Ricardo Paz).

No es fácil estar en desacuerdo con estas ideas. Tampoco es útil aceptarlas como asertos. El debate tiene que situarse en otros términos, evitando el anacronismo histórico y la mitificación del dato. La primera advertencia sirve para abordar el tema de la nación, la segunda para escudriñar el asunto de las identidades. Ambas para reflexionar en torno al Estado Plurinacional. Aquí me limito al tema de lo nacional.

El pluralismo nacional no existe en la Constitución Política del Estado (CPE), por ende, lo plurinacional no implica el reconocimiento de varias naciones; lo que se interpela y constituye (a lo Althusser y en clave constitucional) es un sujeto colectivo definido como “Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos” (NPIOC). Este sujeto es portador de derechos colectivos y este rasgo define el carácter plurinacional del Estado. Al nominar de esa manera a este sujeto jurídico, la CPE resolvió el tema de la contraposición entre nación/naciones puesto que ese sujeto (NPIOC) es una ficción sociológica porque no existen colectividades que sean portadoras de los cinco atributos. Entonces, ¿tiene sentido seguir debatiendo al respecto? El discurso gubernamental tiene una visión matizada sobre el tema, puesto que si antes Álvaro García Linera escribió acerca del “Estado multinacional… y las naciones indias”; en su discurso del 6 de agosto, el Vicepresidente enfatizó en la distinción entre nación estatal boliviana y naciones culturales indígenas para dar cuenta del lazo entre lo nacional-estatal y lo nacional-popular. Es un efecto discursivo de la hegemonía del proyecto masista y su modelo estatal. Un impulso hegemónico que también le permite responder a la pregunta existencial de la supuesta crisis de identidad nacional, porque el discurso oficialista profirió una respuesta basada en lo común. Todos somos mestizos, dijo el Vicepresidente. Todos somos originarios, recalcó el Presidente.

Pero no se trata solamente de efectos discursivos. La incorporación de derechos colectivos implica el reconocimiento de pluralismo lingüístico, jurídico, cultural, económico y político.

Este reconocimiento tiene efectos institucionales y para dar un ejemplo basta mencionar que en los órganos de representación política existen escaños destinados a los pueblos indígenas cuya cantidad depende, no del dato demográfico, sino de criterios de representatividad bajo pautas posliberales. Por eso, el modelo boliviano de democracia intercultural incluye a la democracia comunitaria, no se limita a la ampliación de la democracia representativa con la incorporación de instituciones de democracia participativa. A eso se podría sumar la existencia de autonomías indígenas. Algunos cuestionan el escaso número de diputados indígenas (apenas el 5%) y asambleístas (no más del 10%), también el escaso avance de las autonomías indígenas (cinco de 364). Es un avance adecuado porque así no se producirán situaciones de dualismo en el sistema de representación, ni en el régimen de descentralización. Se trata, a mi juicio, de una construcción minimalista del Estado Plurinacional. Y este minimalismo en la edificación del nuevo modelo estatal se imbrica con una mirada de continuidad histórica que implica rescatar la memoria nacional-popular en la construcción del Estado boliviano. La definición de la Agenda Patriótica 2025 expresa esa tendencia, también la “nueva” doctrina de las Fuerzas Armadas que recupera el socialismo militar y el nacionalismo revolucionario. Incluso la lectura de la proclama de Simón Bolívar en Potosí por parte de Evo Morales tiene ribetes de restauración discursiva de la República, y enfatizo en lo discursivo puesto que en términos de institucionalidad, la República sigue vigente en la CPE. En ese sentido, ¿es necesario insistir en la contraposición República/Estado Plurinacional?  ¿Depende de uno más o uno menos del 50%?

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