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Néstor Kohan: Inéditos de marx, una lección boliviana

Que ‘gente común’ (un campesino) se ponga a gobernar es uno de los núcleos del marxismo.

El filósofo méxicano Néstor Kohan. Foto: Álvaro Valero

El filósofo méxicano Néstor Kohan. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos

00:52 / 06 de junio de 2018

A mediados de mayo, la Vicepresidencia del Estado presentó el libro Comunidad, nacionalismos y capital. Marx 200 años. Textos inéditos. Una “primicia mundial”, no duda en señalar el filósofo e investigador argentino Néstor Kohan, quien visitó el país expresamente para dicha presentación. Un libro de “textos inéditos en castellano” del viejo Marx que hoy día se pueden y deben leer con el mayor interés, asegura el entrevistado, para entender los problemas sociales de actualidad. Marxista, Kohan, reclama dicha lectura.

— ‘Marxismo latinoamericano’, ¿qué evocación le trae eso?

— La evocación de un debate. ¿Hay marxismo en América Latina o hay un marxismo de América Latina? ¿Un marxismo de “Nuestra América” (como decía José Martí) o una teoría europea que se aplica a América Latina? A estas alturas, ya se puede hablar de un marxismo de nuestra América, que no sea la aplicación mecánica de ciertas fórmulas. Cuando se veía a la revolución rusa de 1917 como el modelo universal, un compañero dijo: “Si ustedes aceptan eso, toda la historia de nuestra América es una inmensa acumulación de anomalías, porque no hay un solo proceso social de lucha, rebelión o revolución que sea exacto a lo de los bolcheviques”, y eso me gustó mucho; porque las revoluciones no se pueden imitar. Desde la revolución mexicana, la insurrección de Prestes en Brasil, el levantamiento de Farabundo Martí en El Salvador, la primera revolución cubana el 33, la revolución boliviana del 52, el asalto al cuartel Moncada el 53; todo lo que se abrió desde la revolución cubana, llegando hasta el zapatismo, los procesos actuales, el chavismo, Bolivia; ninguno es exacto a un esquema.   

— ¿Qué potencia le ve a esto de la comunidad, los pueblos indígenas, el marxismo indígena?

— Esa reflexión, sobre la comunidad, era de interés del último Marx, esto no es un invento populista, de unos locos sueltos de América Latina, que le quieren hacer decir a Marx cosas raras. Recién ahora podemos ver los originales, que no los conocía nadie, ni en Alemania están publicados, donde Marx indaga este problema. Y creo que actualmente tiene una potencialidad muy fuerte en Bolivia, Perú, Ecuador, México, Guatemala, países donde el exterminio de los pueblos originarios no fue completo. En Argentina es más complejo, porque los pueblos indígenas viven muy acorralados. Ahora, me hago la pregunta: no se trata solo de las comunidades originarias, sino también de las comunidades de los mestizos, de la gente que no es originaria; comunidades que existen porque el capitalismo no desaparece las relaciones barriales, las formas comunitarias que no fueron subordinadas cien por ciento al mercado; el capitalismo no pudo barrer ni borrar todas las formas comunitarias.

Preguntaba, porque parece que ayuda a abrir la mirada, dejar el esquema ‘etapista’ de la historia: comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo, capitalismo...

— Sí, yo comparto eso. Aquí se ha vuelto célebre la reflexión de Álvaro García Linera sobre esto, pero me parece que no es solo de él, está en Marx esto. Lo que pasa es que el Marx que nos había llegado era el de las Obras Escogidas, cuando yo siempre me pregunto: ¿escogidas por quién?, ¿desde qué ángulo se las eligió?, ¿por qué dejaron afuera todos los textos donde Marx daba otra mirada de la historia, donde tenía una mirada en defensa de México resistiendo la invasión, una mirada donde defendía las rebeliones de los chinos, donde defendía muchas resistencias populares? Entonces, durante décadas, quizás más de 100 años, se pensó que el marxismo era una mirada en escalera: sociedad primitiva, segundo, esclavitud, Grecia y Roma europea, feudalismo, capitalismo y después, el final feliz, como las películas románticas, el socialismo y el comunismo.

— ¿Por eso cobra importancia este libro, no?

— Yo creo que estos materiales nuevos que están saliendo en Bolivia son una primicia mundial. Te lo digo como argentino; el mío es un país, no todos, pero es muy racista; hay mucho racismo, al boliviano no se le trata bien en Argentina; hay mucho desprecio; y, sin embargo, a pesar del racismo, de la subestimación que hay en el mundo de [en relación a] Bolivia, yo creo que es una lección para todos esos racistas y prejuiciosos, que los materiales de Marx no salgan en Alemania, en Francia o en Estados Unidos, sino que salgan en Bolivia. Se dan el lujo de decirles a todos los académicos del mundo que en este paisito perdido nos damos el lujo de publicar textos inéditos de Marx que ni siquiera en Europa o Estados Unidos se conocen. Yo creo que es, casi te diría, una ironía de la historia, una nueva irreverencia; y está muy bueno que suceda así, a mí me da alegría.

— Aterrizando un poco en los hechos centrales de la historia reciente, ¿qué significado le asigna a Hugo Chávez?  

— Tuve el honor de conocerlo, incluso de regalarle un librito, Gramsci para principiantes. También Chávez fue muy subestimado por los académicos, porque como sobrevive este prejuicio eurocéntrico, de que si es europeo es bueno o si es blanco y rubio, también, aparece alguien de nuestra América, que encima es mulato, plebeyo, que hacía joda, chistes, se ponía a cantar en la televisión; las élites no lo veían con simpatía y alguna izquierda aristocrática, tampoco. Pero yo creo que él hizo un gran aporte, porque si te acuerdas, hasta que aparece el chavismo, la palabra socialismo estaba prohibida; el que hablaba de imperialismo, de socialismo era un dinosaurio que se escapó de un museo. Y aparecieron, con la euforia neoliberal y el fin de la historia y la caída del Muro de Berlín, parecía que había capitalismo para siempre. Y el 94 aparece el Zapatismo, que dio mucha esperanza en el continente, que se hizo famoso por una frase: “Buscamos un mundo donde quepan todos los mundos”; pero ellos no hablaban de socialismo ni el zapatismo se animaba en aquel tiempo de hablar del socialismo. Después vinieron los foros sociales, en Brasil, en Porto Alegre, y se hizo famosa otra consigna “Otro mundo es posible” y fue la gran consigna, todos estábamos felices. “Otro mundo es posible, el neoliberalismo no puede ser el fin de la historia”. Y nadie decía, “¿y cuál es ese otro mundo posible? Ah, no tengo ni idea”. Entonces, aparece Chávez, irreverente, con una sonrisa en la boca, diciendo “el otro mundo posible, y ese mundo donde quepan todos los mundos es y debe ser el socialismo, y tiene que ser un socialismo que aprenda de los errores del pasado y que sea un socialismo del siglo XXI. Y creo que fue un aporte teórico, no solo político, porque reinstaló un paradigma de pensamiento que estaba desprestigiado, denostado, ninguneado, silenciado; y, además, tuvo la suficiente lucidez para dejar abierto el problema, porque nunca se terminó de completar: ¿y cuál es el socialismo del siglo XXI?

— Pero hoy día hay como un reflujo, digamos  

— Para mí estamos en un momento de ofensiva del capital, al que le molesta que en los últimos 20 años se haya redistribuido la renta, reducido la pobreza en América Latina, dado mayor inversión para educación, salud, seguro social; el capital no quiere eso. Y una contraofensiva en todos los terrenos: política, mediática, militar, financiera. La crisis argentina, por ejemplo, es una crisis inventada, porque quieren atemorizar a la gente con la hiperinflación. Inventada, alentada por los grandes capitales, para disciplinar al pueblo argentino y avanzar con el despojo. No creo que esté muerto el proceso; sí es un momento complicado, pero hay resistencias. Nuestra América siempre genera sorpresas; no sabes lo que va a pasar, quién puede aparecer: nadie esperaba al zapatismo, Chávez, la guerra del agua y los procesos bolivianos.

— ¿Evo Morales?

— Alguna gente me dijo dos cosas: de Venezuela, “un señor que maneja un autobús no puede gobernar un país”; y de Bolivia, “cómo un indígena va a gobernar un país”. Para mí significa una reivindicación histórica de los pueblos originarios que aparezca un hombre que proviene de los pueblos originarios, es una reivindicación histórica y una lección para el resto de América Latina. Una gran lección que tiene que ver con el marxismo.

Lenin escribió un librito hermoso, El Estado y la revolución, y allí dice: nosotros luchamos por una sociedad donde una cocinera pueda ser presidenta. El proyecto socialista, de cambios sociales radicales, tiene ese contenido democrático, de que la gente simple, el común de la gente, pueda dirigir una sociedad, y esto es como el corazón de ese mensaje igualitario y libertario del marxismo; que no lo inventa Marx ni Lenin, que lo retoman y resignifican, porque está en todas las grandes religiones de la humanidad: “Todos somos iguales ante Dios”.

Pérfil:

Néstor Kohan

El filósofo y militante marxista argentino reivindica el marxismo de Nuestra América, afirma, cuyo iniciador habría sido el peruano José Carlos Mariátegui. Como verdaderos hitos en la historia, entre otros, ve a los zapatistas, Hugo Chávez, Evo Morales...

Nombre: Néstor Kohan Nació: Buenos Aires, Argentina, en 1967. Profesión: Es Doctor en Filosofía. Ocupación: Hoy es profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Es uno de los teóricos e impulsores del ‘marxismo latinoamericano’. Escribió, entre otros: ‘Marx en su (Tercer) mundo’; ‘Ernesto Che Guevara: el sujeto y el poder’; ‘Memoria del futuro: la teoría crítica de hoy’

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