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Las ONG siguen teniendo razón de ser

El rol de las ONG en el país ha variado en el tiempo. Por ejemplo, tienen poca prioridad la educación, la salud o el medio ambiente, a diferencia de los derechos, las reformas del Estado o desarrollo productivo. Éste es un resumen del libro ‘Las oenegedes en tiempos del Vivir Bien’.

La Razón / Marc Devisscher

00:03 / 04 de agosto de 2013

La percepción generalizada que la sociedad boliviana tiene de las organizaciones no gubernamentales (ONG) de desarrollo es de organismos generadores de empleo bien pagado, y la lista de críticas que se les hace es sustantiva: se entrometen en asuntos políticos que no son de su incumbencia, enseñan a la población a luchar por la defensa de sus derechos pero no capacitan para administrar la cosa pública, se atribuyen la representación de la sociedad civil suplantando sus organizaciones naturales, son paternalistas y sus acciones son poco sostenibles en el tiempo, etc. En breve, desde los “beneficiarios” hasta el Gobierno, todos parecen cuestionarlas y todos parecen querer controlar el manejo de sus recursos.

No obstante, el universo de las ONG bolivianas es particularmente diverso en tamaños, en temáticas o en metodologías de actuación, y no es correcto meterlas todas en una misma bolsa. Es más, en la actualidad, aquéllas ya están muy lejos de gozar de hegemonía en la canalización de financiamientos: tanto la cooperación extranjera como el Estado boliviano han ido desarrollando mecanismos para encaminar fondos a las organizaciones de los pobres sin intermediación alguna de las ONG.

Con todo, dado este sinfín de cuestionamientos, se podría llegar a creer que las organizaciones no gubernamentales habrían llegado a su fin en Bolivia. No obstante, ninguna de las personas entrevistadas a lo largo de la investigación plantea su desaparición. Al contrario, todas les atribuyen algún tipo de rol en el panorama actual y futuro del país. El estudio identifica siete roles actualmente jugados por las ONG bolivianas, algunos de los cuales vienen siendo asumidos ya desde el siglo pasado.

Luchar contra la pobreza: Ellas consideran que la “lucha contra la pobreza” es un rol que debería asumir el Estado y, con mayor razón, el Gobierno actual: la Agenda Patriótica para el Bicentenario se propone, en efecto, eliminar la extrema pobreza hasta el año 2025. La población y el propio Gobierno apelan a las ONG en estos términos, y muchas muestran disposición por seguir asumiendo este papel.

Ejecutar programas/proyectos gubernamentales (rol paraestatal): De cierto modo, el Gobierno está interesado en funcionalizar ONG (técnicas y apolíticas), particularmente en áreas de educación de adultos, salud y microfinanzas, áreas en las que, coincidentemente, muchas se fueron especializando temáticamente.

Innovar en lo social y lo tecnológico: Las ONG han desarrollado numerosas innovaciones valoradas tanto por la sociedad como por el Gobierno. Actualmente, surgen nuevos requerimientos de innovación en aspectos como servicios legales, producción sostenible, energía alternativa, uso eficiente del agua, etc. Se trata de seguir con el desarrollo de experiencias en lo local, pero se trata también de llevarlas en una perspectiva de política pública (de nivel nacional o subnacional), asumiendo su consolidación y sistematización, además de su réplica y ampliación en otras localidades.

Articular actores (capital social): Las ONG se reivindican como actores con voz y agenda propias. Desde una complementación intercultural de saberes, plantean ahora avanzar hacia relaciones horizontales con las organizaciones populares “empoderadas”. Desde ya, están incidiendo en la articulación entre actores diversos y en la afirmación de tejidos sociales enmarcados en sistemas de gobierno más participativos. El reto consiste en ampliar esta articulación de capital social también a lo económico-productivo. En efecto, la tendencia actual desde las ONG es de multiplicar microemprendimientos supuestamente exitosos que terminan convirtiéndose en competidores en pequeña escala en condiciones de sobrevivencia, cuando de lo que debería tratarse es de ampliar la visión, articulando emprendimientos a mayor escala.

Interpelación. Interpelar y controlar el cumplimiento de derechos, normas legales y compromisos gubernamentales: La interpelación y el control son un rol que debería asumir cualquier ciudadano, incluso las personas jurídicas como son las ONG. Para éstas se trata de reposicionarse sobre las causas estructurales del “mal desarrollo”. Interpelan exigiendo el “derecho al desarrollo” desde la perspectiva constitucional del Vivir Bien… ¡sobre todo ahora que muchos derechos están constitucionalizados!

Fomentar debate público e incidir en políticas públicas: La percepción generalizada es que hay poco debate generador de opinión pública y que, si bien existen muchas normas y leyes, pocas se traducen en políticas públicas con asignación presupuestal. Se observa, empero, que es poco lo que las ONG logran en términos de incidencia en políticas macroeconómicas, sea en políticas de inversión pública, en políticas de importación de alimentos, en política exterior con países vecinos, etc. Además, la tendencia actual parece ser la de trasladar las acciones de incidencia hacia políticas públicas de niveles subnacionales.

Incidir en transformación cultural en las relaciones de poder: Las ONG especializadas en la temática de la mujer suelen reivindicar un posicionamiento propio que las lleva a trabajar en la transformación cultural de las relaciones de poder. De lo que se trata no es sólo de interpelar gobiernos o de incidir en políticas públicas, sino de cuestionar e ir eliminando el machismo en la sociedad en general (“despatriarcalización”). ¡Eso las convierte en una suerte de instrumento de militancia!

Para asumir los roles mencionados, las ONG bolivianas cuentan con fortalezas diversas, pero también con debilidades. El estudio visibiliza dos debilidades principales: la poca sistematización de experiencias y el escaso desarrollo de la investigación. Esas deficiencias conllevan trabas para la capitalización y gestión de conocimientos (transmisión de buenas y malas prácticas a nuevas generaciones, intercambio de saberes y experiencias, réplica y “scaling up”, etc.) y quitan fuerza a propuestas de políticas públicas por falta de soporte técnico-jurídico adecuado. Probablemente, la debilidad observada en el área de la investigación explique en buena medida el poco avance logrado en incidencia en políticas públicas. Ambas debilidades deberían ser motivo de redimensionamiento y/o reconfiguración de las ONG asumiendo, entre otras, mayor coordinación y alianza con centros académicos y de investigación.

Hoy en día, aquéllas priorizan temáticas de derechos, desarrollo económico-productivo, implementación de reformas y cambios del Estado, y formación de líderes. Temáticas como la salud, la educación, el medio ambiente y el desarrollo local, a las que tanta importancia atribuían al finalizar el siglo XX, tienden a perder peso en las prioridades actuales.

Las dos primeras temáticas priorizadas se merecen alguna acotación de precisión:

— Al desglosar la temática de los derechos, afloran temáticas nuevas (desde la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado): el acceso a la justicia, los derechos laborales y los derechos de consumidores. Prácticamente, todas las personas entrevistadas concuerdan en que el acceso a la justicia es un tema candente porque en ello se cristalizan los derechos y su cumplimiento. Destacan, asimismo, que la temática laboral debería merecer mayor atención de parte de las ONG en vista del nivel de informalidad generalizada en el país (incluso en las entidades estatales), y ni qué decir de los derechos permanentemente vulnerados de los consumidores.

— Las entrevistas apuntan a un desarrollo económico-productivo innovador, más sano (más allá de la mera inocuidad) y natural (más respetuoso del entorno) y que valore conocimientos ancestrales. Además, con mayor atención a la problemática de los mercados y los procesos de comercialización. Personas entrevistadas reconocen que, hasta ahora, la comercialización es una temática en gran medida colateral para las ONG y que, si la tocan, lo hacen generalmente con un bajo nivel de profesionalización. ¡Otros son los actores protagonistas en la materia! Las organizaciones económicas campesinas (OECA), en alianza con la cooperación internacional, son las que cabildean por normativas favorables a los pequeños productores, logrando políticas públicas para su implementación (compras estatales, desayuno escolar, sistema participativo de garantía, etc.). También son las OECA, en alianza con la cooperación internacional, las que dinamizan estudios sobre circuitos cortos de comercialización en el país.

Brot für die Welt-Evangelischer Entwicklungsdienst (Pan para el Mundo-Servicio Protestante para el Desarrollo/PPM-SPD) patrocinó un conjunto de estudios en varios países de la Región Andina para analizar el rol que juegan las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONG) en el marco del contexto de cambios al que se asiste en los respectivos países, e indagar cómo enfrentan éstas los principales retos estratégicos de la última década. En el caso particular de Bolivia, cuenta con “Las ‘oenegedes’ en tiempos del Vivir Bien”, libro presentado por el autor en el presente ensayo.

Agenda pendiente

Algunas temáticas que no merecen la suficiente atención de las ONG bolivianas y deberían convertirse en retos estratégicos para ellas: Valores y ética: La globalización y el neoliberalismo fueron erosionando valores y ética en todo el país. Las ONG están conscientes de que la situación alcanza a todo el Estado Plurinacional, pero no convierten esta problemática en estrategia nacional. La incidencia en valores y ética se asemeja a la incidencia en transformación cultural en las relaciones de poder, y requiere de acciones articuladas, incluso con actores distintos de los acostumbrados (periodistas, profesores, etc.).

Enfoque territorial geopolítico: Varias ONG son activas en redes globales e integran referencias al contexto internacional al momento de justificar sus programas. Asimismo, casi todas las personas entrevistadas identifican aspectos relacionados con la posición geopolítica del país (entre otros, como vecino directo de Brasil, uno de los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica]) que afectan su labor. No obstante, casi ninguna ONG plasma un enfoque territorial geopolítico en sus líneas de acción.

Problemática rural-urbana (periurbana): Como estrategias de diversificación de riesgos e ingresos de la población, se intensificaron dinámicas migratorias del área rural al área urbana, convirtiéndose las ciudades en una suerte de nuevo piso ecológico para la gente del campo (doble residencia) y en espacios de interculturalidad por excelencia. Lo rural y lo urbano aparecen cada vez más imbricados y la frontera entre ambos espacios pareciera estar más en la mente que en la geografía. Este fenómeno merece una corrección en la mirada histórica de muchas ONG y justifica mayor investigación.

Problemática de la juventud: Hay consenso en que el abandono en el que se encuentra la juventud da lugar a desorientación y/o a exacerbación de actitudes individualistas. Sin embargo, la problemática de la juventud merece poca atención del Gobierno, de las ONG y/o de las universidades. Las organizaciones no gubernamentales trabajan con organizaciones populares de adultos y no están pudiendo desarrollar estrategias específicas para interactuar con aquel grupo etáreo. La incorporación de la juventud al trabajo de las ONG es una agenda pendiente y justifica mayor investigación.

Lógicas empresariales: Personas entrevistadas observan que, recurriendo a la incorporación de mano de obra por vías encubiertas bajo un aura de redistribución o reciprocidad andinas que escapan a la lógica empresarial clásica (familiares, sobrinos, ahijados...), micro y pequeñas empresas (mype) resultan más eficientes y “resilientes” a las crisis. Hace falta mayor reflexión e investigación sobre las lógicas de esta otra economía que, posiblemente, enmascara formas de explotación y de incumplimiento de los mínimos derechos laborales.

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