Animal Político

¿Objetividad, ideologización o equidad periodística?

Preconceptos caducos

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:00 / 15 de abril de 2012

La objetividad no existe”, dice el periodista Jimmy Iturri. A siglos del iluminismo y también del positivismo (a esta altura tan maltrecho), que preconizaron la construcción de la ya superada (al menos académicamente) mentira de la objetividad, la prensa boliviana en general persiste obstinada en este constructo utópico terminado de consagrar en el siglo XIX, sólo tal vez factible en el mito de Adán poniendo nombres a las cosas.

La sola pretensión de objetividad, en cualquier disciplina, es ya de por sí un tomar parte por un aparato teórico (que no sería reprochable en otros casos) y, así, queda desenmascarada una subjetividad en la impostura. Pese a todo lo avanzado por la teoría, la generalidad del periodismo nacional habla de su presunta objetividad con la ligereza con que se referiría a su vestimenta que le brindó tal o cual patrocinador.

Es más, si ve uno de los planos más inmediatos de lo humano, el lenguaje, en el proceso siempre deliberado de selección que cada persona realiza de una palabra (y no otra) dentro de un mismo eje paradigmático, devela una subjetividad; por ejemplo, optar por referir que algo es “blandengue” en vez de “débil” expresa la individualidad de quien lo diga.

Es tiempo ya de romper con ese pretendido “grado cero” de la información. Habría que comenzar a hablar más de la necesidad de la equidad periodística (el ABC de esta labor, es decir, la búsqueda de una parte y una contraparte) que de su imposible neutralidad.

Para Iturri, lo objetivo es inexistente; lo que debería haber, dice, es el profesionalismo, el cual significa dar la oportunidad de expresar su versión a una parcialidad y también a la que relativice la primera.  Lo que refiere, finalmente, es un fallo a favor de la equidad. 

El escritor y asesor de la Central de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), Raúl Prada, problematiza la discusión: “La idea de la objetividad fue un tipo de percepción de la realidad; quienes pertenecían a esta ephisteme desconocían que las estructuras de las relaciones de poder juegan un rol importante en la  realidad. Luego se entró a otra ephisteme, la de las ideologías. Ahora creo que hemos entrado a una tercera etapa más compleja que incluye también a saberes, sistemas simbólicos,  imaginarios y constitución de subjetividades no son ideología)”.

Según este autor, la salida del atolladero es permitir la participación de la gente y que ésta construya su subjetividad de manera autónoma para hacer su representación de la realidad. “Eso no existe ahora, pues, los dispositivos de manejo distorsionado de la información manipulan la realidad”.

Como diciendo que el problema no se trata de objetividad o subjetividad y como dando por sentado que lo ideológico es parte de lo humano, el sociólogo Fernando Mayorga cree que “cualquier posición ideológica sería aceptable si es que viniera argumentada”.

Por otro lado, la politóloga Helena Argirakis habla de un principio de autenticidad. “En la medida en que uno se levante diciendo que es objetivo, en realidad es cada vez más subjetivo, porque es sabido que ésta es una imposibilidad fáctica. Creo que hay que partir de la honestidad y mostrar desde “dónde veo el mundo”, “cuál es mi posición ideológica”. Entonces, la gente verá el lugar desde el que se escribe o analiza, y el receptor podrá así generar su propio filtro”, dice.

La comunicador Carmen Ruiz afirma que todos tienen ideología sean o no periodistas. Considera un esfuerzo inútil tratar de eliminarla del periodismo. “No creo que esté mal que los periodistas muestren sus afinidades y preferencias políticas. No es nada del otro mundo, el propio oficio ha dotado de reglas básicas para ese efecto, por ejemplo, recabar datos precisos, recurrir a las fuentes fidedignas, ofrecer dos o más versiones del mismo hecho, etcétera”, enumera Ruiz.

El periodista Ronald Grebe, que también parece hacer referencia a la equidad, cree que si los periodistas hacen un trabajo de un modo profesional, con los diferentes puntos de vista existentes, “no tiene por qué ser ideologizado”. Hay un error difundido y generalizado por el periodismo que se aboca a temas políticos en general y al de debate político en particular que ha terminado por mistificar la noción misma de ambas disciplinas.

Tal vez el equívoco provenga precisamente de su obstinado afán por fingir “objetividad” en el sentido de que proviene de una reproducción textual: tanto periodistas como funcionarios vinculados al poder, a veces, para descalificar una medida de presión o decisión política de un grupo de personas la etiquetan de ser “política” (¿qué otra cosa podría ser entonces?) cuando en verdad quieren decir que responde a un interés de uno o más partidos políticos.

El engaño que deviene de este uso equívoco termina por desprestigiar la labor de este tipo de cobertura periodística, ni que decir de la de un político que comete este error. “La marcha del TIPNIS es política”, reportan la declaración textual de alguna autoridad los mismos periodistas “políticos” (como si pudiese ser otra cosa). Las desviaciones de significado por lo general enriquecen el lenguaje; éste no es el caso.

En fin, habrá que concluir que hay que persistir en la crítica de un periodismo político que repite una mentira nonagésima (lo objetivo) y que utiliza con un significado equívoco y despectivo la misma palabra que lo designa.

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Creo que el Animal Político ha sido un aporte muy positivo al debate de la coyuntura (excepto la sección de chismes que no es de mi agrado). Es muy fructífero en la propuesta de la discusión y en la consolidación de las ideas, en este momento en que el país las necesita más que nunca.

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Es uno de los escasos espacios de análisis y debate políticos. Considero que se ganó su sitio en esta temática y deberá consolidarlo con materiales de la polémica o debate y el análisis político. Este género de periodismo debería ganar más espacio en la prensa escrita, en radio y en Tv.

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