Animal Político

Operación ‘Indio en el Aire’

La retención por 13 horas del presidente Evo Morales en Viena, propiciada entre el 2 y 3 de julio por los gobiernos de Francia, Portugal, Italia y España, rememora los hechos sucedidos hace más de 500 años en el continente, en el que los indios eran sojuzgados por conquistadores intrusos cuyo espíritu sigue en nuestros días.

La Razón / Julio Peñaloza Bretel

00:04 / 28 de julio de 2013

Fueron suficientes unos minutos en la sala VIP del aeropuerto de Viena para que el embajador del Reino de España, Alberto Carnero, fuera poseído por el espíritu de Francisco Pizarro, convencido de que hablar con Evo Morales era dirigirse a Atahuallpa, al que sorprendería desguarnecido esta vez no con la cruz y la espada, sino con una invitación por demás insólita y paradójica: el conquistador decidía apoderarse por unos segundos de la propiedad del avión del Presidente de Bolivia para ofrecerle una taza de café en nave ajena, perteneciente a una excolonia, con el objetivo de husmear, probablemente en los baños, debajo de los asientos y en los compartimentos en los que se guarda el equipaje de mano, la forma en que el excontratista de la CIA estadounidense Edward Snowden estaba siendo contrabandeado hacia el exótico Estado Plurinacional de Bolivia.

Carnero llegaba mandado por José Manuel García-Margallo, su ministro de Exteriores; éste, muy probablemente por Mariano Rajoy, el presidente del gobierno de su reino, que no ha dejado de serlo a pesar de haberse democratizado a título de monarquía parlamentaria. Pero lo que claramente no habían tenido en cuenta españoles, lo mismo que franceses, italianos y portugueses, es que el indio que estaba surcando cielos eurocéntricos no era el vasallo de nadie, que transcurrieron más de cinco siglos que para ellos no habrán modificado en nada su mirada paterno-colonial esclavizante, pero que para el dirigente sindical, campesino cocalero, líder político y Jefe de Estado, en su calidad humana de indio de orígenes aymaras, había argumento con el cual mandar a rodar a ese representante diplomático que debió volver sobre sus pasos, luego de intentar una penetración que buscaba consolidar la violación sin matices de la soberanía boliviana instalada en el aire que nada más necesitaba de una escala técnica para continuar su regreso a La Paz.

El encorbatado Carnero le hablaba a un Morales vestido con camisa blanca de manga corta, no como embajador de un país “amigo”, sino como cipayo de un poder que a estas alturas se nos figura abstracto debido a que se ha transformado en una especie de poder virtual omnipresente que controla nuestros latidos gracias a internet y que responde a un único imperio donde lo que hay es una relación Norte-Sur con controles, enemigos inventados o artificiosamente creados a la medida de las necesidades de los traficantes de armas, de sustancias controladas y de fármacos para curar a la humanidad, y los rastreadores-saqueadores de los recursos de un planeta depredado en el que con los Julian Assange, Edward Snowden y ahora con gobernantes impresentables por genuflexos ha quedado al descubierto, como un big brother que opera con mandos a distancia desde un cuarto hermético, desde donde se vigila todo y a todos tal como nos lo muestra Hollywood con los rápidos y furiosos, y los superhéroes, agentes de la colonización infantil de las periferies.

Un muy agudo observador presumió que el plan era forzar el retorno del avión presidencial boliviano a Moscú porque, en base a una gran puesta en escena mediática, lo que se intentaba era incriminar a Morales por una maniobra arbitraria y fallida: dado que no podía aterrizar en ninguno de los aeropuertos con los que ya se había tenido contacto y nada más se debía tramitar la gestión como asunto administrativo, y no como materia de inteligencia y espionaje, el Presidente boliviano volvería a Rusia, y lo que a partir de su regreso se buscaría era desenmascararlo como a aquel gobernante que en su improvisación y desvarío no le había quedado otra opción que “devolver” a Snowden, luego de renunciar a un estatus de privilegios como cerebro especializado en fisgonear vidas, placeres y miserias de los enemigos del mal llamado “mundo libre”.

Con el atentado concertado contra los derechos y prerrogativas del Presidente de Bolivia, los tiros patearon todas las culatas de estos torpes operadores del orden establecido, porque en 24 horas el haber convertido en víctima de esta violación a un primer mandatario latinoamericano, para colmo de sus poco prolijas lecturas, indígena, paradigma de los discriminados del planeta, todo el discurso de cómo realmente gestiona el Imperio su funcionamiento en todos los órdenes quedó puesto en evidencia como en un campo nudista en el que nadie se avergüenza por imperfecciones anatómicas o vestigios de senilidad. Todo quedaba entonces al descubierto, incluida una muy sólida e inconmovible posición en bloque de las antiguas colonias de España y Portugal, devenidas en Estados independientes y contestatarios al orden neocolonial que usa indistintamente negociaciones y misiles en función de sus necesidades de imposición planetaria.

Fueron suficientes 24 horas por todo lo que se dijo desde distintas esquinas ideológicas para comprender el intento de escarmiento y el sembrado de pruebas falsas para buscar convertir a Morales en un autócrata delirante de país bananero, pero también, y esto es fundamental para la comprensión totalizante del asunto, esa jornada que se hacía interminable sirvió para entender las cosas por todo lo que no se dijo y poner al descubierto a todos los que callaron en Bolivia y en el mundo sobre lo acontecido en esas horas de aterrizaje casi de emergencia, denegaciones sistemáticas y llegada a Islas Canarias a marchas forzadas luego de 13 horas de quedar atrapado en calidad de very important person.

Los silenciosos, los indiferentes o los que jugaron a distraídos, para el caso de nuestro continente y nuestro país, son agentes activos y pasivos de ese poder imperial que abominamos y combatimos conscientes de nuestra vulnerabilidad todos los días de nuestras vidas. Son, entre otros, conversos instrumentados por el poder imperial que un día ondearon la wiphala de la diversidad y la liberación, y hoy han sido acogidos por sus perseguidores y verdugos racistas de ayer con los que concertan paros cívicos, esos mismos que no toleraban a los indígenas de tierras bajas en las plazas principales de sus capitales departamentales. De esta manera, esa dirigencia intermediadora de precio muy barato pasó a constituirse en el eslabón más nauseabundo de la cadena de favores movida desde la lógica de la dominación, lo mismo que esos otros gestores públicos encaramados en el nuevo clientelismo, algunos de ellos igual de trajeados y peligrosos que el embajador español en Austria.

Si el diplomático Carnero no hubiera osado subestimar de manera tan agraviante a Morales, nada de esto habría sido puesto en evidencia con toda la claridad y los detalles con los que se fueron sucediendo los hechos. Una taza de café nunca servida y nunca aceptada acabó simbólicamente con la carrera funcionaria expresada en un contundente titular publicado por alguna prensa española: El gobierno nos ha metido en un lío muy tonto con Bolivia. Esa estructura mental colonizante, tan inocentona como inadmisible, ha contribuido a la actualización de las percepciones mundiales de cómo funcionan las cosas donde la pugna unipolaridad versus multipolaridad ha sido contundentemente subrayada, en un espacio en el que las mayorías indignadas reafirman en la cotidianidad su derecho a rebelarse siempre contra la opresión y el sojuzgamiento de los poderosos, contra los que consideran salvajes ingobernables y revolucionarios de trasnoche.

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