Animal Político

Oportunidades y desafíos del mundo rural

¿Y los derechos de los pueblos indígenas? Sobre territorios y derechos indígenas en el Plan de Desarrollo Económico y Social no se establece ninguna meta; no se dice nada sobre la consulta previa e informada, ninguna meta acer-ca de la constitución de autonomías indígena originario campesinas.

La Razón (Edición Impresa) / Lorenzo Soliz Tito

00:02 / 11 de abril de 2016

La Ley 786, promulgada el 9 de marzo, aprueba el Plan de Desarrollo Económico y Social 2016-2020. En su artículo cuatro explicita la obligatoriedad de su ejecución y aplicación por parte de toda la institucionalidad estatal, las entidades territoriales autónomas, las universidades públicas y todas las formas de economía plural, entre otros aspectos. El Plan establece metas que se deberán lograr en los próximos cinco años, como paso intermedio a 2025 en que Bolivia cumplirá el Bicentenario de su fundación. En el presente artículo nos referimos a algunas oportunidades y desafíos para el mundo rural.

Superar la pobreza con fortalecimiento de capacidades productivas. Si bien la primera meta del Plan es la erradicación de la pobreza extrema, bajar del 17,3% al 9,5% al año 2020, el proyecto en su conjunto puede ser una oportunidad para superar la pobreza, no solamente a base de la distribución y recepción de bonos provenientes de las políticas sociales    —sin duda importantes—, sino también por el fortalecimiento de la capacidad económico productiva, en este caso de la población rural, más aún, de la población indígena originario campesina. Solo así esta población podría lograr cambios sustantivos y sostenibles no solo en la disminución de la pobreza sino en su rol económico productivo y alimentario en el país, por ahora mayormente estancado, pese a la década que ya lleva el proceso de cambio.

Dificultad en datos agropecuarios y metas exigentes. En el documento que contiene el Plan se presentan algunas dificultades con los datos, lo que no permite tener claridad sobre la línea base de algunas metas al año 2020. Por ejemplo, se afirma que entre 2001-2002 y 2013-2014 se ha incrementado la superficie cultivada en 62%, de 1,4 millones a 3,5 millones de hectáreas. Sin embargo, en la misma página (PDES, 33) se indica que a 2001-2002 fueron 2,1 millones de hectáreas cultivadas; la diferencia es de 700.000 hectáreas. A ello se añade que el Censo Agropecuario 2013, según información preliminar, al año 2013, se habrían cultivado algo más de 3,7 millones de hectáreas en invierno y verano. Una vez más, pareciera que el Censo no sirvió de mucho para la planificación, pese al costo que significó para el país.

Las 3,5 millones de hectáreas cultivadas a 2014 están dedicadas a la producción agropecuaria tanto para el mercado nacional como internacional, y el Gobierno reconoce que sigue “teniendo aún un importante protagonismo el sector agroindustrial mediano y grande. Es todavía un desafío fortalecer a los productores campesinos e indígenas…” (PDES, página 32).

Ahora bien, la meta es de 4,7 millones de hectáreas cultivadas con rubros industriales y no industriales e incrementar el volumen de la producción de 16,6 TM a 24,3 TM. Si se parte de la base de 3,5 millones de hectáreas, se debe incrementar anualmente 240.000 nuevas hectáreas, bastante superior al promedio de incremento anual de la última década. No obstante, es razonable la relación entre el porcentaje de incremento de superficie (34%) y el volumen de la producción (50%), lo que apunta a una mayor productividad, uno de los más grandes desafíos en esta materia.

Posibilidades de transformación de la producción agrícola de secano a riego. Lo mismo pasa con el riego. Se dice que a 2012 alcanzó 303.000 hectáreas (PDES, 33), frente a las 227.000 hectáreas que se tenía en 2000; es decir, en 12 años se incrementó en 76.000 hectáreas. Sin embargo, más adelante (PDES, 109) se indica que actualmente se cuenta con 362.000 hectáreas bajo riego. No queda claro si esto quiere decir que de 2012 a 2015 se habría incrementado 59.000 hectáreas.

La meta es alcanzar 700.000 hectáreas bajo riego; si se parte de 362.000, se requiere de 338 mil hectáreas nuevas: 67.000 hectáreas/año, meta ambiciosa pero alcanzable si se cuenta con decisión política e inversiones concurrentes. Asimismo, sería de gran utilidad para el 65% de las unidades productivas agropecuarias de occidente del país (PDES, 33) si se logra “intensificar la producción agropecuaria de pequeña escala (con énfasis en altiplano y valles) con acceso rápido a tecnologías de riego e invernadero para la transformación de la agricultura a secano a agricultura a riego…” (PDES, 107). Es una oportunidad para las familias y comunidades indígena originario campesinas de occidente y oriente, que hasta ahora no han logrado cambios sustantivos en su rol económico productivo y agroalimentario.

Metas mezquinas en la transformación de la ganadería extensiva. En cuanto al ganado bovino no se menciona nada sobre los logros a 2014. Según información preliminar del Censo Agropecuario 2013, en el país habría algo más de 8 millones de cabezas de ganado bovino. Si tan solo se cumpliera la ley de utilizar cinco hectáreas por unidad animal, estarían dedicadas cerca de 20 millones de hectáreas a esta actividad; es obvio que la superficie es mayor en gran parte del territorio nacional porque la ganadería extensiva, con baja carga animal y casi sin inversión, sigue siendo un pretexto para justificar la tenencia de la tierra en Bolivia.

La meta es incrementar a 11 millones de bovinos, pero se propone una meta mezquina de apenas “1 millón de hectáreas que cuentan con sistemas ganaderos con manejo integral y prácticas semi-intensivas” (PDES, 120). Un verdadero cambio en el sistema de crianza para mejorar la productividad, antes que la ampliación de nuevas áreas de desbosque, debería llegar a al menos una meta de 10 millones de hectáreas con este tipo de manejo.

Múltiples funciones de los bosques y los sistemas agroforestales. En cuanto a bosques y recursos forestales, comprendidos en sus múltiples dimensiones (ambiental, económico y cultural) los avances mencionados y, sobre todo, las metas establecidas son interesantes: “manejo integral y sustentable de los componentes del bosque en 13 millones de hectáreas, que garantizan la conservación y protección del bosque, la producción de alimentos, aportan a la economía familiar y reducen su vulnerabilidad a fenómenos adversos del cambio climático”. (PDES, 110) Además, “Se ha logrado el manejo en sistemas agroforestales (café, cacao, frutas tropicales, entre otros) en al menos 200.000 hectáreas de superficie” (Idem). Ambas metas son considerables y posibles de alcanzar.

¿Y los derechos de los pueblos indígenas? El Plan se propone también dos tipos de complejos productivos: industriales estratégicos (hidrocarburos, minería y energía) y territoriales (rubros productivos según potencialidades del área geográfica). Uno y otro tipo de complejo, indudablemente tiene que ver con recursos que están en territorios de los pueblos y comunidades indígena originario campesinos, y también con sus derechos y sobre los cuales no se establece ninguna meta; por ejemplo, no se dice nada sobre la consulta previa e informada, no hay ninguna meta acerca de la constitución de autonomías indígena originario campesinas, etc. Temas que aquí, junto con el de la tenencia de la tierra, solo dejamos mencionados para otro artículo.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia