Animal Político

Oposiciones en la oposición, el freno mayor para su incidencia nacional

Breve diagnóstico de los contrarios al MAS

Una marcha del MSM en La Paz.

Una marcha del MSM en La Paz.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont

00:22 / 15 de enero de 2012

Una oposición entre oposiciones es la que parece conformar la perspectiva del horizonte político contrario al Movimiento Al Socialismo (MAS). El acto se desarrolla en un escenario (entendiendo esta palabra en su sentido literal, es decir, teatralmente) donde la tramoya tiene una apariencia más bien dispersa, aun considerando la reciente alianza del Movimiento Sin Miedo (MSM) y Unidad Nacional (UN) para las elecciones municipales de Sucre, pues ésta es muy reciente como para hablar aún de una unión sólida.

Las tres fuerzas opositoras, Convergencia Nacional (CN), el MSM y UN, tienen una visibilidad nula en el espacio de la Asamblea Legislativa Plurinacional, por lo que se reducen a poseer cierto impacto e influencia únicamente en la opinión pública. Entre ellas no hay puntos en común: además de ser críticos con el oficialismo, lo son entre sí.

Si bien dentro de este ámbito (de la opinión pública) podría llegar a pensarse que el conflicto por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) ha sido una victoria de la oposición, el desengaño de este triunfalismo se devela por sí solo y deja al desnudo la incapacidad de estas fuerzas de una vigorización política de manera autónoma: las posibilidades de crecimiento y fortalecimiento de la oposición son dependientes de los errores del oficialismo. Lo que supone un panorama por demás negro para los críticos del proceso de cambio, al evidenciarse que el hacerse o no más fuertes no está sujeto a su voluntad y su capacidad propositiva, sino a los desaciertos de sus contrincantes en el Gobierno.

Liderazgo. Si se habla de una oposición entre fuerzas contrarias al MAS, el caso de CN es una exacerbación de esta divergencia dentro de su misma organización. Al estar su líder, Manfred Reyes Villa, fuera del país y solicitado por la Interpol, y estando encarcelado su segundo hombre, Leopoldo Fernández, CN no cuenta con ninguna cabeza visible. Además, algunos de sus diputados tuvieron conflictos intestinos, acusándose unos a otros de estar trabajando con el partido oficialista. La falta de un líder es una cuestión mayor en la política boliviana, pues la cultura electoral del país necesita siempre de un caudillo fuerte. En este sentido, se puede decir que CN tiene una falla estructural insalvable, quizás atribuible a la agrupación eventual de facciones pequeñas.

Según el analista político Marcelo Silva, el caso de CN es el más problemático porque “es, como su nombre lo dice, la confluencia de muchísimas tendencias políticas. Su existencia parece ser muy efímera, sólo estarán en este periodo constitucional, no parece que tengan un horizonte político, pues son producto único de una alianza electoral para las elecciones generales de 2009 y es difícil que en 2014 pueda reproducirse”.

La opinión de Carlos Hugo Molina tampoco es alentadora para CN. “Es un grupo no del todo orgánico, que lo único que tenía era una candidatura presidencial. Ahora, cada miembro ha asumido, por su cuenta, distintas posiciones coyunturales. Esto quedó demostrado en el Parlamento cuando tuvieron diversos problemas de organicidad”. Esta suma de debilidades es aún más desmoralizante para la analista María Teresa Zegada, quien cree que “CN, más que un partido, y ni siquiera una organización, ha resultado ser una opción política que ha aglutinado sectores desgajados de liderazgos locales unidos por la polarización que se vivió en cierto momento y que ahora no tienen ninguna lectura articuladora. No tienen cabeza y todos compiten entre sí”.

Reconducción. De acuerdo con las opiniones de los analistas, el MSM sería la fuerza opositora con mayor proyección, aunque aún se encuentra intentando, sin mucho éxito, una interpelación a la ciudadanía que trascienda su bastión en el municipio de La Paz.

“Tiene la ventaja de ubicarse en un plano ideológico muy parecido al del MAS, es decir, en el marco del proceso de cambio. Eso le permite una mayor posibilidad de llegada a la ciudadanía. El discurso del cambio ha impregnado la opinión pública y el imaginario simbólico del país. Así, el MSM se ubica en ese ámbito, aunque busca una ideología alternativa al oficialismo dentro del mismo proceso”, cree Zegada.

Según Silva, el MSM es un partido con una esencia urbano-paceña. Nace del influjo indiscutible de sectores intelectuales de clases medias y profesionales que tienen su espacio de ejercicio en La Paz. “Esta ciudad es el gran manto que los acoge y ampara”, desde el punto de vista de Silva. Esta fortaleza destacada por este politólogo —gracias a la cual el MSM tiende a ser más homogéneo— se ha convertido en la gran tara que no puede superar al no lograr adquirir una presencia nacional.

“Lo que ha querido mostrar el MSM es un compromiso con el proceso de cambio. Es cierto que se alejó del MAS, pero nunca negó la consecución del cambio, sino que ha hecho de la idea de la reconducción del proceso su principal plataforma ideológica: ‘los mejores para reencauzarlo son los que en algún momento fueron parte del mismo’, es lo que quiere transmitir”, dice Silva.

La organicidad y liderazgo indiscutibles dentro de UN resultaron muy poco productivos a la hora de la verdad, es decir, en cada una de las derrotas en los comicios en que participó. Tal vez, esto pueda deberse al poco carisma que posee su candidato Samuel Doria Medina. Así lo nota el politólogo Gonzalo Rojas: “El líder de UN no tiene naturales dotes de carisma; a esta falta se suma la ausencia de figuras que lo acompañen, pues su comité ejecutivo no termina de sobresalir. No obstante, su fortaleza consiste en tener proposiciones muy concretas en el ámbito de la gestión económica”.

Para Molina, UN es un caso interesante de análisis porque expresa una autoridad y una expresión política que es definida por el “jefe y dueño” del partido. En ese marco, hay una reiteración permanente de ocupar un espacio. “Reiteran, claramente, un discurso en el que su mensaje político se centra en trabajo, producción, etc. Esa propuesta ocupa el centro de derecha y el centro de izquierda del espectro ideológico”, dice Molina.

Si bien UN ha tenido la virtud de hacer “digerible” al electorado, sus propuestas económicas de corte tecnócrata, desplegando una inversión mediática en el ámbito nacional, hasta ahora no han podido hacer que la ciudadanía se identifique con su proyecto de país. En todo caso, Unidad Nacional parece ser un partido en construcción; sin ni siquiera cumplir los 10 años de vida, su juventud le da una cohesión y organicidad opacadas por su incapacidad de interpelación.

Convergencia Nacional: un frente sin líderes ni cohesión

Convergencia Nacional (CN) nace sólo con el objetivo electoral de 2009 como un último subterfugio de los residuos de lo que se conoció como el movimiento regionalista de la llamada media luna, la que se acogía bajo el manto de las gobernaciones de Tarija, Santa Cruz (única que queda en pie), Cochabamba, Beni y Pando. A pesar de su errática y casi nula proposición ideológica (CN parece ser más un espacio de resistencia contra la hegemonía del MAS que un lugar donde se planteen proyectos de país), se pueden identificar tres vertientes.

La primera corresponde al ala más radical y deriva de los restos heredados de la ya resquebrajada media luna. El rostro más visible de esta tendencia es el del senador Róger Pinto y su bandera es una fuerte oposición regionalista. La segunda corriente coincide con las nuevas caras de la política provenientes de ámbitos profesionales y laborales, representando la facción más progresista y renovadora de la organización. Los miembros de CN que más responden a esta posición ideológica son Adriana Gil, Bernard Gutiérrez y Luis Felipe Dorado.

Por último, se encuentra un sector que se constituye en un puente entre las orillas mencionadas. Se trata de la tendencia intermedia entre la radicalidad de la primera y el progresismo de la segunda. Está conformada por los remanentes del Plan Progreso para Bolivia (PPB) y de Nueva Fuerza Republicana (NFR). Los miembros de este partido con el perfil de este posicionamiento son Alejandro Zapata (PPB) y Norma Piérola, que responde a Manfred Reyes Villa. A pesar de ser la fuerza opositora con mayor presencia en la Asamblea Legislativa, CN no ha sabido funcionar de manera orgánica, mostrando así más bien mucha divergencia en sus filas.

Movimiento Sin Miedo:  entre la oposición y el MAS

Si bien el Movimiento sin Miedo (MSM) ha roto con el partido oficialista, la dificultad que atraviesa es que gran parte de su bancada con representatividad en la Asamblea Legislativa no responde a su partido de origen y sigue trabajando de manera orgánica con el MAS. A diferencia de Convergencia Nacional, el MSM tiene un liderazgo evidente e indiscutible: Juan del Granado, quien a su vez representa el sector de los “sin miedo” producto de la fractura de los militantes más progresistas del mirismo y del partido ya desaparecido Movimiento Bolivia Libre (MBL).

Si bien la figura de dirección  de Del Granado es la más visible, también existe una parte de miembros de este partido provenientes de la intelectualidad (como Pedro Susz) y del ámbito profesional (como Fabián Yaksic).  Otro sector podría ser el de las nuevas generaciones de políticos, representado por el alcalde de La Paz, Luis Revilla, y la diputada Marcela Revollo.

A pesar de este favorable perfil de cabezas, el peso de su caudillo, Juan del Granado, los invisibiliza  armonizando su organicidad. En todo caso, se puede hablar de un partido diametralmente opuesto al de Convergencia Nacional. El discurso social-demócrata del MSM sostiene la necesidad de reencaminar el proceso de cambio, del que fue parte hasta su ruptura, cuando el MAS decidió ir por su cuenta a las elecciones por la Alcaldía de La Paz.

La clara debilidad del partido se encuentra en su localismo que ni siquiera llega a ser regionalismo, pues, se circunscribe únicamente al perímetro citadino de La Paz. A pesar de sus intentos por lograr un impacto en el ámbito nacional, con un discurso similar al del MAS e incorporando a líderes indígenas, éstos no han tenido el menor éxito.

Unidad Nacional: la persistencia en la derrota

Unidad Nacional (UN) vive circunstancias parecidas a las del MSM en cuanto al aspecto de un liderazgo indiscutible que cohesiona a su partido. Sin embargo, la predominancia de su líder, Samuel Doria Medina, y la estabilidad económica provista por éste de nada le ha servido al momento de cosechar frutos electorales; esta infructuosidad en ningún momento evitó que insista una y otra vez en cada comicio con resultados que si bien son muy pobres (al ser comparados con la inversión realizada), son estables dentro de su pobreza.  A pesar de tener a su disposición todos los mecanismos de operación, todavía no ha logrado hacer efectivo el impacto de su discurso en los ámbitos territoriales ni funcionales.

UN tiene un innegable pasado mirista que, a su vez, corresponde con la vertiente más fuerte de su estructura política y es representada por su máximo líder (Doria Medina fue militante de este partido hasta que sus diferencias con Jaime Paz Zamora lo distanciaron).  El discurso de esta corriente, predominante en UN, se centra en proyectos económicos y de gestión pública de corte tecnicista. Además, se puede evidenciar una tendencia de renovación representada por Carlos Hugo Laruta, Soledad Chapetón o Arturo Murillo, en Cochabamba.

Otra gente se acopla a UN proveniente de corrientes progresistas de remanentes de nuevas generaciones de los partidos llamados tradicionales como ADN o MNR. Tal es el caso del exemenerrista Hugo San Martín, que en su momento fue la cara y el símbolo de la nueva política del movimientismo. En resumen, la gente de esta agrupación política se mantiene ideológicamente en el centro-derecha con movimientos hacia una izquierda democrática menos latente que la del MSM.

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