Animal Político

El nombre del aeropuerto de Oruro y la descolonización. Ricardo Aguilar Agramont

00:00 / 31 de marzo de 2013

El presidente de la Asamblea Departamental de Oruro, Valerio Chambi, decía en una entrevista que quisieron poner el nombre de Evo Morales al aeropuerto de esa ciudad para reivindicar la identidad indígena. Otra vindicación nominal que se oye de vez en cuando es la de cambiar el nombre a la plaza de La Paz de Murillo a Bartolina Sisa.

En contra de Juan Mendoza —como se designó al famoso aeropuerto ahora infame por una polémica que nos denigraba como bolivianos— se decía que era un oligarca. Lo haya sido o no, el tema de fondo de la reivindicación cultural no va por superficialidades como los nombres de los espacios públicos.

Estos pataleos identitarios ligados al proceso de descolonización (a mi parecer el más importante del proceso de cambio) pueden ser sintetizados con la imagen del perro que quiere morderse la cola, como tan bien describe el peruano vanguardista Gamaliel Churata, promotor del neoindigenismo en su texto Homilía del Curi Challwa (1957): “Señuelos petulantes aquéllos de que la Independencia nos independizó de España. De la España española, sí. No de sus porquerizos. Seguimos españoles en el sentido obsceno de la españolidad [...] o sea ‘pizarrismo’ híspido bravucón y dipsómano”.

La cita no puede ser más acorde, incluso podría ser variada y decirse con Churata: “Señuelos petulantes aquéllos de que cambiar el nombre de una plaza, de un aeropuerto, nos descoloniza”. La polémica fue obscenamente colonizada: la sola pretensión es un “pizarrismo”, es decir dar la espalda al rey español y declararse rey del mismo feudo, bajo el mismo código cultural.

El fondo del problema queda incólume. Un ejemplo lamentable son las bandas militares que tocaban boleros de caballería en las procesiones de Viernes Santo. Ese género musical de aires andinos, auténticamente boliviano, degluten, digieren y someten a una expresión cultural occidental (la marcha fúnebre militar) al fusionarse y prevalecer sobre ésta. Molesta que un acto de antropofagia cultural de Bolivia hacia occidente quede relegado por una pelea del Estado con la Iglesia; pues, a nombre de ser un Estado laico se prohibió a las bandas militares de las FFAA participar en las procesiones con sus boleros, uno de los aportes culturales más importantes del país para el mundo. Un supuesto castigo para la Iglesia sólo es “sanción” contra lo mejor de nuestra cultura. El perro logra morderse la cola y, claro, se lastima. Se dejó en el olvido a este género desde el Estado, mientras creemos que “descolonización” es poner nombre a las plazas.

Seguimos obscenamente españoles.

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