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Pablo Ramos: En el neoliberalismo, el estado de sitio fue un factor económico

En 2015 se cumplieron 30 años de la promulgación del histórico Decreto 21060; también son 30 años del libro que empezó con la crítica de este modelo económico, ‘El neoliberalismo en acción’, de Pablo Ramos Sánchez.

Pablo Ramos.

Pablo Ramos. Foto: Ignacio Prudencio.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 06 de septiembre de 2015

Si el liberalismo clásico decía que los factores de la producción son la tierra, el trabajo y el capital; el neoliberalismo, aunque sin decirlo de modo explícito, añadió el estado de sitio, la represión, como un factor más del funcionamiento económico. Al Decreto 21060 acaso haya que reconocerle cierta efectividad en algunos aspectos, como el hecho de generar estabilidad; el problema estuvo en lo que luego dio lugar: la extranjerización de lo más fuerte de la economía nacional.

— El 21060, se dice, fue una Constitución de facto. ¿Tuvo tal vuelo?

— El 21060 implicó la aplicación de un nuevo modelo de política económica; es decir, el abandono de las viejas formas de organización económica del país y el fin de un tipo de Estado; más aún, fue el fin de una concepción, del nacionalismo revolucionario, y se establece el neoliberalismo; en estos términos es un parte aguas, porque hasta agosto del 85 se estaba aplicando una política intervencionista y de pronto pasamos a una política totalmente liberal, ultramontana.

— ¿Era más salvaje, como dicen?

— Es mucho más salvaje, porque finalmente el liberalismo clásico llegó a plantear algunas formas de redistribución del ingreso; en cambio, el neoliberalismo es ultramontano, en términos de que se tiene que aplicar el patrón en favor de un cierto grupo social, pensando que éste, que son los empresarios, va a llevar adelante la economía, va a poder organizar la sociedad y finalmente va a conformar un desarrollo económico. 

— Se ve al 21060 como necesario, para parar la hiperinflación, incluso en su forma, como una política de shock, de choque.

— En realidad, la estabilización era la necesaria. Estábamos viviendo un periodo hiperinflacionario, que fue consecuencia de la crisis provocada por el modelo anterior establecido especialmente durante el régimen de Hugo Banzer. Él llevó a la crisis, que no pudo controlar la UDP, de ahí que surgió la necesidad de establecer medidas para la estabilización monetaria, especialmente estabilización de precios, y ahí era necesario (el 21060); pero el modelo neoliberal no resolvió los problemas centrales: no hubo desarrollo ni crecimiento económico, más bien estancó la economía; de ahí que el modelo del 21060 fue después ampliado con el 21660 de reactivación económica, pero que tampoco funcionó.

— Para reducir el déficit fiscal, el gran problema que se decía entonces, ¿era necesario achicar tanto el Estado?

— Uno de los lineamientos centrales del neoliberalismo es el desmantelamiento del viejo Estado. No solo es reducir o eliminar el déficit fiscal, sino sobre todo eliminar la empresa pública. Hasta 1985, teníamos 159 empresas públicas, y entonces viene el nuevo modelo para descentralizar unas, eliminar otras, reducir al Estado, pero no crea un sustituto; si antes el MNR pensó en crear una burguesía nacional para que sea el actor, no surgió la burguesía nacional; y en el neoliberalismo no aparece el actor principal y de ahí que tiene que recurrirse a la transnacional; toda la política de reactivación, de crecimiento se basa en el papel de la empresa transnacional, pero que a la larga también fracasa.

— Hubo reformas necesarias al aparato del Estado, el bolsín, la reforma tributaria...

— Hubo medidas que realmente cumplieron un efecto positivo, como el bolsín, que logró controlar el tipo de cambio, la reforma tributaria también, pero se la llevó al otro lado, totalmente favorecedora del capital privado extranjero, se elimina el impuesto a las ganancias y surge el impuesto al valor agregado, que en el fondo era un impuesto a los salarios. Eran necesarias algunas medidas, incluso el shock, porque se vio que las medidas de correctivos, por paquetes, no eran lo adecuado; se requería un ajuste muy fuerte, pero no en estos términos.

— El 21060 parece bueno como freno, pero luego cuestionable por su orientación...

— Lo grave estuvo en las reformas de segunda generación que aplica Gonzalo Sánchez de Lozada, que llevó a la entrega total de las empresas del Estado, a la supresión de la banca estatal; peor la entrega del excedente petrolero, de las empresas públicas; eso de ninguna manera puede justificarse históricamente, que fue más bien una medida contraria al interés nacional, como traición a la patria, y que significó un costo tremendo en términos de corrupción; llegamos a calificar a la llamada capitalización como la corrupción en su máximo histórico, en cuanto a la transferencia de recursos del Estado a manos privadas.

— ¿En qué andaba la izquierda en ese entonces? ¿Qué alternativa ofrecía?

— La principal observación se refería al carácter de clase de la medida, a la extranjerización, a la privatización, a la eliminación del Estado en la economía. Lo que la izquierda planteó siempre es que en nuestro país, sin el Estado no puede haber desarrollo, y se ha demostrado, no solo desde el 52, sino desde antes. La izquierda además planteaba la reforma de la empresa pública para mejorarla, no para destruirla; también criticó el sesgo totalmente contrario al interés de los obreros, fue un castigo, una deuda histórica enorme que creó el neoliberalismo y que la estamos pagando todavía, porque hay una generación que se frustró, que se sacrificó.

— ¿Qué es lo que cree que queda ahora del 21060?

— Nunca los modelos son eliminados del todo, siempre quedan aspectos que pueden ser positivos; aquí lo dialéctico es negar lo malo y favorecer lo bueno. Por ejemplo, yo diría que todo lo que es el manejo cambiario, con el bolsín, es positivo; eso se mantiene, que sería lo más trascendente, porque el resto, el tronco, la matriz, ha sido eliminado.

— Con ‘eliminado’ se refiere al Estado Plurinacional.

— (El Estado Plurinacional) es una negación total del 21060. Desde el 2006 se establece otro modelo; es un cambio de la matriz básica de la organización de la economía; ahora estamos con una economía plural, que no solo es economía mixta.

— ¿Cómo ubica a la nacionalización en todo esto?

— La nacionalización es parte del nuevo modelo, es la negación de la vieja privatización extranjerizadora que llevó a cabo el neoliberalismo, es el cambio más trascendente, porque se recupera y se fortalece al Estado. Se recupera los recursos naturales, y gracias a ello hemos tenido todo este auge económico de los últimos diez años. Han sido los excedentes de las empresas públicas lo que nos ha permitido tener este fondo financiero, con el cual se ha podido llevar a cabo las grandes acciones de industrialización; son la base, el comienzo.

— ¿Un nuevo nacionalismo?

— Más avanzado, no es el nacionalismo revolucionario. Se toma de él los elementos progresistas, pero ahora estamos ante la economía plural, que significa sector público, privado, cooperativo y el de la economía comunitaria. Es un nuevo modelo, que va más allá, pero toma del nacionalismo revolucionario elementos como la diversificación productiva, la integración nacional, la emancipación económica, que planteaba el propio Paz Estenssoro antes, y que después traicionó.

— Algo que hoy día mismo queda del 21060 parece ser la llamada ‘reproletarización’, la generación el 85 del nuevo proletariado.

— El neoliberalismo destruyó a la clase obrera, en gran medida; destruyó la columna vertebral, que era la minería, pero también lo fabril, fábricas donde había 3.000, 4.000 trabajadores, como la Soligno, la Forno, la Said, porque no podía competir. Atomiza, lo que ocurrió es que se atomiza al movimiento obrero; hay nuevas formas o expresiones del movimiento sindical; hay la reproletarización en términos de la reorganización de la clase obrera, pero no con las características anteriores. Lo que hizo el neoliberalismo fue funesto, en términos de destruir lo que es la base de la creación de riqueza, el trabajo humano y la organización de la clase obrera. Hay una nueva forma de presencia obrera, con sindicato más pequeño; pero la COB existe, existen las organizaciones sociales, de los trabajadores.

— ¿No será herencia del 21060 el actual rol menor de la clase obrera en el proceso de cambio, frente al movimiento indígena?

— Lo que en Bolivia nunca tomamos en cuenta fue que siendo un país especialmente rural hasta los 80, el movimiento campesino iba a cumplir un papel importante, y lo cumplió. Lo característico del proceso de cambio es la emergencia del campesinado; son la esencia del cambio, que se complementa en alianza con los trabajadores, pero que sí el campesinado tenía que tener un papel importante en un país que era predominantemente rural.

— Pero el obrero ahí es lo complementario…

— Quien sufrió la represión más severa en todos los gobiernos militares, desde René Barrientos, fue el sector obrero, lo descalabraron, con la famosa relocalización se destruyó el movimiento minero, del movimiento fabril, y también los sectores obreros de la empresa pública.

— La llamada flexibilización laboral...

— Lo que faltaba, dentro del modelo, era justamente aplicar la flexibilización laboral. En cierto modo ya estaba en el artículo 55 (del 21060), de la libre contratación; pero la flexibilización llevaba al Estado a reducir, a eliminar, todo lo que era legislación laboral. 

— Eso se frenó, dice usted...

— Se frenó afortunadamente, era el pivote que iba aplicar Gonzalo Sánchez de Lozada en su segundo mandato.

— Se refiere a la vigencia de la legislación laboral, pese a la libre contratación...

— No se la liquidó porque Paz Estenssoro no quiso renunciar a su vieja idea nacionalista; aunque después llegó a ser un convencido neoliberal, él todavía mantenía algún criterio de lo que había sido el 52, cuando se consiguió mejorar las condiciones del trabajo.

— Tuvo reservas...

— Tuvo reservas en cuanto a la flexibilización laboral y también, lo supimos después, en cuanto a que se entregue al extranjero los hidrocarburos; en privado cuestionaba; pero como ya estaba fuera de la política y además tenía que respetar lo que estaba haciendo su partido, con Sánchez de Lozada en el gobierno, no dijo nada, nunca se pronunció.

— ¿Es imposible el ‘retorno’ del neoliberalismo? ¿No es algo latente todo el tiempo?

— La amenaza de un retorno siempre existe, la reacción política, económica y social está siempre latente; va a haber intentos, pero un elemento central que ahora frena, es que la represión no puede ser utilizada como antes; en el neoliberalismo —y aquí una diferencia con el clásico— es que los neoliberales llegan a incorporar la represión, la coacción como un elemento económico, una categoría económica. Los clásicos decían: ‘los factores de producción son tres: tierra, trabajo y capital’; en cambio, los neoliberales sin decirlo implican: tierra, trabajo, capital y estado de sitio. Las condiciones para volver a un sistema de represión, como el de Augusto Pinochet o de Banzer, parecen no darse. Ahora, además, estamos en democracia, hay conciencia social  y de la democracia, un factor político, una toma consciente del pueblo; por eso, retroceder, entregar los recursos naturales a las transnacionales no creo que nadie acepte, sería un retroceso muy grande, los pueblos se opondrían. Lo que vivimos ahora tiene factores de inercia: el movimiento social no va volver a ser el de antes, ahora es protagonista.

Datos

Nombre: Pablo Ramos Sánchez

Nació: En el Gran Chaco (Tarija), el 25 de enero de 1937

Profesión: Economista

Obra

El texto de Pablo Ramos que pronto verá la luz es la actualización de Los principales paradigmas de la Política Económica. “Tengo un desafío conmigo mismo, escribir el surgimiento, ascenso y caída  del neoliberalismo; o sea el análisis de la coyuntura desde 1985 y los factores de crisis anterior, hasta el 2005 y la caída del neoliberalismo”, anuncia. 

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