Animal Político

En nombre de la Pachamama, por qué no se callan - Eduardo Chávez Ballón

La Razón / La Paz

00:00 / 22 de abril de 2012

Vociferar desde un balcón en nombre del medio ambiente, de la Madre la Tierra, de la Pachamama o The Planet se ha convertido en libreto obligado de políticos del norte, del sur o del centro; de izquierda, derecha o ambidiestros; monarcas, demócratas o caudillos. Todos saben que da réditos, desde la presidencia de organizaciones de defensa de la vida salvaje, el Nobel, un Oscar, el voto popular hasta el reconocimiento internacional. 

La ironía, que es el espíritu de este espacio, muchas veces apela   a las cosas que no son para señalar las cosas que son. Lo irónico es que la realidad nos demuestra   que no es necesario apelar a ese  recurso, sino directamente observar los hechos y describirlos.

Así, tenemos un Oscar al Mejor Documental 2006, Nobel de la Paz 2007 y Príncipe de Asturias 2007, que reflexionan sobre la necesidad de disminuir el consumo de energía en el planeta y reducir las emisiones de CO2; sin duda una idea brillante, de muchas luces. Es por eso que Al Gore, el premiado por idear esas propuestas, tiene una mansión de 930 metros cuadrados que gasta 20 veces más de energía eléctrica que la media de sus compatriotas; ni qué decir respecto a una familia boliviana.

En Bolivia tenemos a nuestro candidato al Nobel, el presidente Evo Morales, cuya lucha logró que lo que era el Día Internacional del Planeta se torne en Día Mundial de la Madre Tierra, la misma a la que no duda en atravesar con un sable de asfalto y a la que no protege de cultivos de coca que no hacen otra cosa que degradar a nuestra progenitora: la Pachamama.

Y el tiro de gracia lo dio el Rey de España y presidente de honor de World Wild Foundation-España, quien en su intento de cazar elefantes en Botsuana terminó con la cadera fracturada y la imagen rota. La organización ambientalista pidió que considere renunciar a   su cargo y la sociedad española criticó semejante placer en medio de una crisis tan aguda. Menos rápido que con el rifle, don Juan Carlos atinó a disparar 11 palabras: “Lo siento mucho, me he equivocado   y no volverá a ocurrir”.

Para darle un toque de cuento a esta historia, es posible apelar a la sabiduría atribuida a los monarcas y reflexionar: Si van a hacer lo que hacen estos célebres ambientalistas a la hora de cuidar a la Madre Tierra, por qué no se callan.

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