Animal Político

‘El Papa es complejo y astuto’

El papa Francisco es un personaje complicado. Yo conocí bastante su actuación en la Argentina y no le puedo creer tanto como la mayoría de los medios de comunicación.

La Razón (Edición Impresa) / Joseba Elola

00:00 / 07 de junio de 2015

Néstor García Canclini es un hombre al que le gustan más las preguntas que las respuestas. Un científico social que intenta curiosear en distintas áreas para no desorientarse, como él acostumbra a decir. Filósofo en origen —antropólogo y sociólogo, al cabo—, defiende que la filosofía, nutrida por las ciencias sociales, permite pasar de un saber ensimismado a un saber polifónico.

Escribe de temas como el arte, la globalización o el consumismo, pero en estos últimos tiempos su mirada se detiene en el auge de fenómenos como el procomún, o la defensa de la transparencia. A su paso por Madrid para dar una charla en el Museo Reina Sofía (Creativos, precarios e interculturales) nos encontramos con Canclini (La Plata, Argentina, 1939) en una sala del MediaLab Prado, uno de esos centros donde se cuecen esos movimientos que a él tanto le interesan.

— El origen de su último libro, El mundo entero como lugar extraño (Gedisa), está en una conferencia que usted no impartió sobre la cultura en tiempos de descomposición social. ¿En qué consiste esa descomposición social de los tiempos en que vivimos?

— Está nutrida por muchos procesos: la desintegración social que ha generado el neoliberalismo; la precariedad; la masificación de la incertidumbre; la generalizada descomposición de los partidos políticos, de los sindicatos; y el descreimiento en las formas convencionales e institucionalizadas de democracia.

— ¿Qué sucede con las democracias?

— No ocurre lo mismo en Francia, donde hubo, quizá, la mayor elaboración formal, institucional y conceptual de la democracia en Occidente; que en Estados Unidos, donde no ha habido nunca un partido de oposición y hay una alta complicidad entre los dos partidos hegemónicos; y de éstos con el sistema económico y de producción de armamento. La situación latinoamericana es distinta. Salvo México, que tuvo esta experiencia de monopartidismo durante setenta años, casi todos los demás países han visto interrumpidos sus procesos de democratización por golpes militares, o guerrillas que descreían del juego democrático y lo llamaban burgués. Ese sistema político está muy envejecido en América Latina. Salvo casos excepcionales, como el de Uruguay, funciona poco. Sigue habiendo elecciones, pero hay poca receptividad de los partidos a las demandas de la población.

— ¿Y qué se puede hacer al respecto?

— Me gustaría saberlo. Las nuevas generaciones, en especial, están haciendo mucho. Varios movimientos disidentes de jóvenes…

— Habla del descontento de los jóvenes chilenos…

— ...Que me parece el movimiento más organizado políticamente, aunque ahora está en stand by. O el Yosoy132, en México, que duró poco pero encuentra continuación en otros. Son movimientos de alta intensidad y corta duración que logran pensarse políticamente y reconceptualizar la política. Muchos de ellos dicen: ‘No somos apolíticos, somos apartidarios’. Están intentando hacer política usando las tecnologías digitales, las redes sociales, las concentraciones masivas en las plazas, en las calles. Hay una efervescencia política, una creatividad popular.

— En España hay una formación, Podemos, que ha canalizado esa efervescencia, que emergió con el 15-M, y que ha dicho en algún momento que no es ni de derechas ni de izquierdas, que ese debate está superado, ¿lo está?

— Hay modos, incluso novedosos, de identificar qué es ser de derechas o de izquierdas. Por ejemplo: considerar la extensión de la precariedad social como un escándalo y pedir que el Estado asuma responsabilidades es una posición de izquierdas. En cambio, claramente, un Gobierno como el actual en España se desinteresa de lo social; simula cierta preocupación en momentos preelectorales, pero arrasa con derechos, impide la exploración de la memoria... Eso es claramente de derechas.

— ¿El Estado de Bienestar es ya cosa de otra época?

— Aquella perseverancia en las instituciones es difícil que vuelva a suceder por un largo tiempo; pero no sabemos si en 20 o 30 años habrá una nueva meseta del capitalismo, porque no parece que vaya a desaparecer. Hay procesos autodestructivos en esta etapa del capitalismo que no les están funcionando ni siquiera a los dueños de los bancos.

— Usted ha estudiado el fenómeno de los creativos, los emprendedores y las redes digitales. Byung-Chul Han, filósofo alemán de origen coreano, escribió en 2014: “El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa”.

— Es así. Es importante nombrar el liberalismo como el modo de organización y desorganización económica que ha favorecido esta precariedad. Pero también hay una desresponsabilización de los Estados en cuanto a seguridades sociales, médicas y otras garantías básicas de la vida.

— ¿Caminamos hacia una sociedad más colaborativa, en la que avance el procomún?

— Sin duda. Las tecnologías impulsan que se compartan bienes físicos y virtuales. Y vuelven el acceso a la cultura y la comunicación muy fluido.

— Ese mayor acceso a la cultura es considerado, en ocasiones, como piratería.

— No se puede denominar piratería a toda forma de descarga libre. Como autor, me interesa la propiedad intelectual y deseo recibir un pago por mis derechos de autor. Pero hay que considerar las nuevas formas de comunicación. Quienes defienden una propiedad intelectual restringida en libros, películas y músicas son principalmente los empresarios. Necesitamos rehacer la legislación: hay formas intermedias entre la llamada piratería y el procomún absoluto. Porque también existen mafias que sí piratean.

— La irrupción de las nuevas tecnologías produce un extrañamiento, sostiene usted. ¿Se declara más bien tecnoescéptico o tecnoutópico?

— Trato de evitar los dos precipicios. Lo primero es agradecer las facilidades de una comunicación más intensa y extensa. Pero la democratización de los usos de tecnologías recientes no necesariamente crea horizontalidad, ni logra abolir las jerarquías. Como científico social, me parece más prudente acercarse al tecno-escepticismo, lo cual implica aceptar lo tecno, no rechazarlo, pero sabiendo que hay que administrarlo.

— Es decir…

— Que Google sea el gran proveedor mundial de contenidos culturales no es para alegrarse.

— ¿Qué otras cosas no son motivo de celebración en este mundo en el que vivimos?

— El resurgimiento y expansión de creencias religiosas como fuga. Produce mucha sorpresa la expansión de religiones tradicionales de Occidente, como las de las mal llamadas sectas.

— Nada que ver con el papa Francisco...

— También. Es un personaje complicado. Yo conocí bastante su actuación en la Argentina y no le puedo creer tanto como la mayoría de los medios.

— ¿Qué es lo que usted critica?

— Como Papa tuvo la inteligencia de afrontar algunas de las fuentes de desprestigio de la Iglesia Católica, como una parte del hostigamiento sexual de los sacerdotes hacia los niños. Está reduciendo el carácter escandalosamente agresivo que contra la sociedad ha tenido la Iglesia. Pero hay que decir que cuando estaba en Argentina, apoyó explícitamente a los grupos ultraconservadores que rompieron piezas en la inauguración de la exposición de León Ferrari. Es una figura compleja. Me parece muy astuto.

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