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Paradojas de la legalización del cannabis, ¿viva la pepa?

¿Acaso no es “ilógico”? ¿Bajo esta “lógica”, no sería “lógico” que también estén autorizados el cultivo, la cosecha y la comercialización para fines privados? Precisamente esto abre las puertas a la instalación de un mercado negro que es dominado por mafias delincuenciales.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Gómez Balboa / La Paz

00:02 / 15 de diciembre de 2013

El mandatario uruguayo José Mujica ha provocado un tsunami mundial de adhesiones y maldiciones con la despenalización —y por ende legalización— de la marihuana en su país, tras la sanción del Parlamento la noche del martes. Una medida sin precedentes que es apoyada a capa y espada por el “presidente más pobre del planeta” y que engloba el rayado de la cancha para el uso recreativo del cannabis, así como su producción, distribución y comercialización, entre otros. Mujica ha sido claro: “Esto no es un ‘viva la pepa’, esto es como quien toma un purgante, es tomar medidas que no son bonitas, pero no queremos dejar regalada esa gente al narcotráfico”. Pero este tema tiene facetas paradójicas en distintos confines del orbe, a tal punto que se puede afirmar que lo asumido por Uruguay es algo “lógico”.

Es que en la mayoría de las naciones el consumo personal de la marihuana (léase recreativo y terapéutico)  está autorizado, pero se castiga su plantación, recolección y venta.

¿Acaso no es “ilógico”? ¿Bajo esta “lógica”, no sería “lógico” que también estén autorizados el cultivo, la cosecha y la comercialización para fines privados? Precisamente esto abre las puertas a la instalación de un mercado negro que es dominado por mafias delincuenciales. A ver, veamos lo que pasa con el cannabis en algunos puntos del mundo. Según datos de la internet, en Perú está permitido el consumo y la oferta de semillas, aunque no las plantaciones ni la venta, y se acepta hasta ocho gramos de marihuana y dos de sus derivados para uso personal. Mientras la posesión de diez gramos está avalada en Ecuador, claro que para utilización “casera”.

En Bolivia se permite la portación de dosis para 48 horas de consumo, las que deben ser calculadas por dos peritos, y el portador debe ser internado en un centro de rehabilitación; eso sí, el cultivo, la distribución y la comercialización están prohibidos. En el continente europeo hay más apertura. En España se permiten las plantaciones para el autoconsumo e inclusive existen clubes sociales de cannabis que acceden a este psicotrópico de manera legal. En Inglaterra el consumo de marihuana nunca fue ilegal, pero la posesión es un delito.

Otra paradoja se da en los Países Bajos, donde se permite la venta de hasta cinco gramos por persona, y por día, en coffee shops (cafeterías), pero éstos no pueden comprar lícitamente el producto (¿?). Bueno, en medio de estas contradicciones, parece nomás “lógica” la decisión uruguaya, ¿no ve?

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