Animal Político

Paredes que hablan

El grafiti no se encuentra institucionaliza- do, no está inserto dentro del ‘sistema’. Los grafitis siguen siendo vistos como un ‘lenguaje de la calle’, una actividad ilegal que se lleva a cabo en la clandestinidad a avanzadas horas de la noche.

La Razón (Edición Impresa) / Álvaro Montenegro

00:03 / 07 de junio de 2015

Año 79 después de Cristo, Pompeya, Roma. La erupción del monte Vesubio sepulta la ciudad. Personas y casas quedan enterradas bajo la lava recién expulsada. Pasan los años, ésta se enfría, se solidifica. Excavaciones arqueológicas revelan que tanto habitantes como construcciones quedaron petrificados. Se puede observar de manera cuasi presencial cómo vivían las personas de esa época,  como también —lo que más nos interesa— qué “garabatos” tenían sus muros.

En la antigua Basílica de Pompeya se encontró la siguiente inscripción: “Me admiro, pared, de que tú no hayas caído en la ruina, sustentando los tedios de tantos escritores”, mientras que en la casa del ciudadano Cuspio Pansa se lee: “El oficial de finanzas del emperador Nerón dice que esta comida es veneno”.

Parece ser que el acto de rayar paredes se mantuvo en el transcurrir del tiempo y en distintos lugares. Al caminar por la ciudad de La Paz, también uno puede contemplar numerosos ‘muros que hablan’: firmas, declaraciones de amor, amenazas de muerte, dibujos elaborados o hechos a la rápida, frases con doble sentido, otras sin sentido, críticas políticas, propaganda, mensajes ecológicos, feministas. Son solo algunos tipos de grafitis que decoran, o ensucian (según quién vea), nuestra ciudad. En esta gama, los grafitis con mensaje político son los que generan mayor interés.

Una pared blanca es un pueblo mudo: al ir en minibús, se ve por la ventana distintas paredes cubiertas de azul, amarillo, rosado o verde, según sea el autor de los mensajes, que intentan convencer que se vote por determinado candidato. Pues, al igual que un ferviente militante, los muros continúan haciendo propaganda por “su” partido a pesar de que las elecciones ya pasaron.

Recordemos que en la reciente época preelectoral se realizaron campañas contra estos actos,  como “Paredes Limpias” de la red televisiva ATB y las declaraciones oficiales de los candidatos a la Alcaldía, como Luis Revilla (Sol.bo). Sin embargo, esto no evitó que las paredes “adquieran” una posición política. Al fin y al cabo, pintar un muro resulta más económico que empapelarlo, como también es más cómodo mandar a hacer un grafiti que una gigantografía.

INNOVACIÓN. Ahora, no todos los grafitis de propaganda política se limitaron a colorear una pared con el nombre de un candidato. Determinados partidos supieron innovar en cuanto a su estrategia de imagen. Por ejemplo, se pueden ver paredes con superhéroes como Superman, Batman, Thor o hasta Hulk que, junto con el logo de Sol.bo, hacen que ‘custodian’ la ciudad a nombre de este partido; o aquel de las elecciones subnacionales de 2010, cuando se presentaba a Elizabeth Salguero (postulante del MAS a la Alcaldía de La Paz), como una cabellera sin rostro donde las letras “Ely” eran formadas por sus rizos; con este grafiti, se lograba la inmediata identificación de la aspirante masista porque se mostraba lo más significativo de ella a primera vista: su cabello rizado y ‘rebelde’.Paredes que transmiten: Una de las principales características del grafiti es que es un medio de comunicación visual alternativo, no tradicional.

Si bien los mensajes no llegan a tantas personas como los de la televisión o la radio, un grafiti bien ubicado es observado por numerosos transeúntes y pasajeros que circulan a diario por la ciudad. El citadino, desde que sale de su casa, se encuentra expuesto constantemente a un bombardeo continuo de información. Niños, ancianos, caseras, oficinistas, jailones, masistas y opositores en algún momento de su rutina diaria se encuentran con alguna inscripción en la pared. A diferencia de la tele o de la radio, el grafiti como medio de comunicación visual no tiene un consumidor tipo. Su mensaje estático llega a destinatarios de distinta extracción social y económica que no pueden ser bien definidos. No es de extrañar que organizaciones como Amnistía Internacional contraten a grafiteros profesionales para comunicar sus mensajes pro derechos humanos o que durante la Primavera Árabe las paredes se hayan ‘unido’ a las revueltas,  por ejemplo.

No hay que olvidar que el grafiti no se encuentra institucionalizado, no está inserto dentro del “sistema”. Los grafitis siguen siendo vistos como un  “lenguaje de la calle”, una actividad ilegal que se lleva a cabo en la clandestinidad a avanzadas horas de la noche. Además, en un medio de comunicación tradicional, se puede identificar al autor del mensaje y, por lo tanto, existe una cierta censura, hay cosas que simplemente no se pueden decir o escribir. El grafiti es anónimo (aunque exista una firma, expresada en la forma de un alias, es difícil asociarla a un individuo concreto) y prácticamente no tiene censura (aparte de la autoimpuesta por el autor).

A pesar de las mencionadas fortalezas, también existen debilidades. Al encontrarse en la intemperie, el grafiti es vulnerable al exterior y, por lo tanto, perecedero. Luego de un tiempo, debido a las lluvias y al intenso sol, las inscripciones en las paredes tienden a desvanecerse. Otros individuos también pueden alterar el grafiti. Así, por ejemplo, no faltó que el mensaje original ‘Felipa Gobernadora’ fuera modificado por un tercero: ‘Felipa Gobernadora de... (término que hace referencia a un animal).

CAMALEÓN. Paredes que critican: Al igual que un camaleón, las paredes de la ciudad van mimetizando su “piel” de acuerdo con el contexto exterior. Durante las revueltas sociales de 2003, por ejemplo, el mensaje “Fuera Goni” se hizo presente en numerosas paredes. Un año después, durante el Referéndum sobre Hidrocarburos realizado por el presidente Carlos Mesa, los muros también se hicieron oír; “Viva el sí, Elija no”.

Y así, el espacio urbano de la ciudad fue transformando su mensaje en función de la coyuntura política que se vivía. Durante el conflicto del Tipnis, era frecuente encontrar: “la selva es vida, la carretera es muerte”, “yo amo al Tipnis y qué”. Cuando el Gobierno decidió aumentar la jornada laboral de 6 a 8 horas de los médicos: “médicos flojos”; y, cómo olvidar el famoso grafiti en el Colegio Militar, durante el conflicto que surgió por actitudes discriminatotrias contra visitantes alteños al Megacenter en Irpavi, a través del Teleférico: “El Alto de pie, el Mega de rodillas”.

Todas estas expresiones fueron efectuadas por individuos que, al vivir una situación de conflicto, debate y controversia a nivel nacional o regional, sintieron la necesidad de divulgar su opinión, pues, al no poder hacerse escuchar en los medios tradicionales, recurrieron al grafiti, debido a su fácil realización y considerable impacto. Es en este punto en que se encuentra la esencia del mismo: el grafiti como crítica política da voz a los grupos que no pueden ingresar en los medios de comunicación tradicionales, en su mayoría jóvenes (difícilmente un adulto ya con familia y  trabajo de tiempo completo saldría de noche a las calles a pintar paredes). De igual manera, volviendo a la antigua Pompeya, la mayoría de las inscripciones en las paredes fueron hechas por grupos sin voz: prostitutas, extranjeros y gladiadores.

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