Animal Político

Paréntesis fadocrático

Como toda despedida al final de un camino compartido, la ceremonia del hasta pronto (que no del adiós) es siempre motivo de inventario y, a no dudarlo, anticipo de futuras nostalgias. Para no limitarse ni exponerse ante la transitoria función pública, la FadoCracia se refugiará en el cuaderno personal para batirse, puertas adentro, siempre escéptica, con el placer de la escritura.

La Razón (Edición Impresa) / Exeni / La Paz

00:04 / 30 de agosto de 2015

Gobierno (de los melancólicos, hegemonía de la saudade, tiranía de los sentimientos... Seducida por esa insuperable música popular lisboeta: el fado, de carácter triste y fatalista, que arruga el corazón y libera el almita. La FadoCracia que aquí habita, pues, es hermana gemela de la nostalgia, el silencio y la soledad. Y amante de la noche (Pessoa dixit), ‘señora del luto infinito’”. Con esa declaración de identidad/principios nació esta columna hace casi una década. Hoy toca tregua.

Siete trincheras fadocráticas definieron la incitante aventura: melancolía, dignidad, erotismo, duda, guerra, ironía, silencio. Y tuvo vida propia, cobijo, en diferentes medios. Incursionó también —ah, breve verano— en la blogósfera: (di)versión ilustrada e interactiva, preConstituyente, a caballo entre el voyeurismo y el exhibicionismo, esos deleites virtuales. Y desde principios de 2012 el entrañable Animal Político le dio privilegiada guarida quincenal. Intensa vida. Y el corazón agradece.

Hoy la FadoCracia, ventanita enamorada de la palabra, se repliega temporalmente. Lo hace dejando constancia de dos convicciones a beneficio de inventario. La primera es que cada uno de los pre/textos aquí publicados, más allá de su contenido y estilo, buscó alentar desde la crítica el “apetito de conversación”; la segunda, que este espacio cosechó no solo entrañables [email protected], sino también, lo más estimulante, persistentes cómplices. Motivo por demás suficiente para sentir-saber que vale la pena.

Como toda despedida al final de un camino compartido, la ceremonia del hasta pronto (que no del adiós) es siempre motivo de inventario y, a no dudarlo, anticipo de futuras nostalgias. Para no limitarse ni exponerse ante la transitoria función pública, la FadoCracia se refugiará en el cuaderno personal para batirse, puertas adentro, siempre escéptica, con el placer de la escritura. Sin más prolegómenos, pues, sin colofón, abro paréntesis. Con temperamento/humor melancólico, ciertamente. Y con fado, mucho fado.

Queda mi gratitud y abrazo para cada un@ de ustedes, dilectas y dilectos implicados.

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