Animal Político

A punta de dinamitazos, el costo de ser La Paz - Rubén Darío Atahuichi López

La Razón / La Paz

00:00 / 23 de septiembre de 2012

A las 800 fiestas patronales al año, el Illimani, la sajta, las bellas cebras y el k’usillo, entre otros gustos, iniciativas, diversiones o lugares turísticos de La Paz, hay que sumar las marchas de protesta, que el ilustre bohemio Jaime Saenz omitió en sus Imágenes paceñas. Lo que es peor, los dinamitazos, sin pensar en otras provocaciones que en último tiempo inventaron los manifestantes de turno.

Ya se ha hecho común en el folklore político y social, especialmente en la cultura de las protestas (si esa actuación terrorista puede llamarse cultura), el uso de ese artefacto mortal, que los vecinos de El Prado y sus adyacentes ya se han familiarizado con su estruendo atemorizante.

Es que los paceños somos tan tolerantes, que pueden sopapearnos una y otra vez, que pueden gasificarnos cada vez que quieran y que pueden jodernos la vida cuando se les antoje, la mayor parte del año. Todo, por ser la sede de gobierno, condición tan apetecida en otros lados.

Si desde mucho antes del cerco de Túpac Katari, la matanza de Plácido Yáñez o el colgamiento de Gualberto Villarroel ya estábamos acostumbrados a las más impensadas formas de sufrir, un dinamitazo a cada diez metros y cerca nuestro ya parece una vil rutina paceña, sin que a nadie le preocupe prohibirlo con vehemencia.

Uno diría que es el costo de ser sede de gobierno. Hasta eso suena arbitrario. Y a veces extrañamos con infame resignación las manifestaciones callejeras, cuando la ciudad disfruta la escasa paz de su ínclito nombre. ¿La Paz? ¡Bah!

Y tan ingeniosos son ciertos movimientos, que incluso han hallado formas de innovarse o reinventarse, no necesariamente desde el pensamiento político o la convicción de su proyección. Así, poco a poco han dejado en el olvido, por ejemplo, los siempre novedosos estribillos con los que solían zumbar los oídos de los gobernantes.

Tan crueles, que los dinamitazos de los cooperativistas son igual de letales y abusivos que las papas incrustadas de clavos o los petardos rellenos de esquirlas de metal, que inventaron estudiantes de Medicina en las manifestaciones de los salubristas, hace meses. Abusivos unos e indolentes otros, ¿hasta cuándo creen que vamos a sufrir sus designios? Si sólo me leyeran, me daría por escuchado.

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