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Pensar el desarrollo, no solo el crecimiento

Se publicó una historia económica del país, de 1900 a 2015. 1.151 páginas para el debate.

Imagen de la presentación del Censo General de la Población de la República de Bolivia, 1900. Proporción de la instrucción y ausencia de ésta.  “Un siglo de economía en Bolivia 1900-1915”

Imagen de la presentación del Censo General de la Población de la República de Bolivia, 1900. Proporción de la instrucción y ausencia de ésta. “Un siglo de economía en Bolivia 1900-1915”

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Z. es periodista de La Razón

07:00 / 15 de agosto de 2018

En julio de 2018, finalmente se presentó un trabajo que empezó a mediados de 2016. Se trata del libro en dos tomos Un siglo de economía en Bolivia 1900-2015, auspiciado por la Fundación Konrad Adenauer (KAS), bajo la coordinación de los economistas Iván Velásquez-Castellanos y Napoleón Pacheco Torrico. Se reúnen 23 ensayos, 12 en el primer volumen de 643 páginas, bajo el título de Tópicos de historia económica; y 11, en el segundo, de 508, con el rótulo Working Papers. Un esfuerzo de investigación que aunque no se esté de acuerdo con el enfoque de los autores, no se puede dejar de leer.

La idea del emprendimiento académico ha sido, apunta el representante en Bolivia de la  Fundación, Maximilian Hedrich, “evaluar y valorar el grado de desarrollo relativo y retroceso de la economía boliviana” en el siglo XX más 15 años del XXI. “Realizar una evaluación respecto a lo que nos ha dejado el siglo XX y de la forma cómo se ha llegado a la situación actual (2015)”.

Pero acaso el trasfondo de la reflexión que propone el texto sea distinguir entre crecimiento y desarrollo, apunta el coordinador Velásquez: “En estos 115 años, mucho hemos estado mirando el crecimiento, pero ese crecimiento solo es el crecimiento del producto, del valor de la producción, y en esto principalmente el valor de las exportaciones; pero no se ve el desarrollo, un concepto social, global, que involucra salud, educación, mejoras en condiciones de vida, dotar de energía, servicios.

El crecimiento es una condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo”.

PERIODIZACIÓN. El estudio empieza provocando con la periodización que hace de la historia, las “tendencias de política económica” que tuvo el país: Liberalismo, de 1900 a 1930; Nacionalismo, de 1930 a 1952; Revolución Nacional, de 1952 a 1985; Neoliberalismo, de 1985 a 2005; y, Neoestatismo, de 2005 a 2015.

Una primera —fatal— constante de la economía boliviana, destacan los autores, es la dependencia de la exportación de recursos naturales, el hecho de que estructuralmente se dependió de las condiciones y circunstancias de la economía mundial. Por eso, el ‘problema nacional’ siempre fue visto como “el desempeño del sector exportador, el cual constituyó en todo el siglo XX e inicios del siglo XXI la fuerza motriz más importante del desarrollo nacional”, resalta la Introducción elaborada por el Comité Editorial.

Lo que se ve son ciclos de auge y recesión según cómo andaban los precios de las materias primas. Aquí, un hecho frecuente que constatan los investigadores es que a los tiempos de bonanza económica siempre le correspondió un fuerte impulso al endeudamiento externo, y es que el aumento del valor de las exportaciones parece ser la garantía ideal para acceder al crédito externo, señala el estudio. Cuatro grandes ciclos encuentra el trabajo de esta relación auge-endeudamiento: 1908-1920, 1921-1929, 1973-1981 y 2008-2015. “Lamentablemente, en los cuatro ciclos de endeudamiento externo, la asignación de los recursos fue ineficiente y arbitraria”, concluye el Comité. El problema es, añade Velásquez, que a estos momentos de auge-endeudamiento, les siguen los declives, la insolvencia y la crisis económica y política: es el caso del gobierno militar de Banzer (7% de crecimiento y el que más se endeudó) y las consecuencias que afloraron en el gobierno y crisis de la Unidad Democrática y Popular (UDP).

Ahora, no es nuevo, pero nunca está demás indicar que el gran problema siempre fue la llamada diversificación económica del país. Aquí, el Comité no pudo ser más lapidario: “los esfuerzos por diversificar la economía han sido históricamente decepcionantes y el país ha caminado en un patrón centrado en la inercial exportación de productos primarios, prioritariamente minerales y en el último siglo gas natural”.

Sin embargo, añade el estudio, ha habido “esfuerzos importantes” para dicha diversificación, y uno de ellos, plantea, fue el no pocas veces denostado “Plan Bohan” (1942), una de las mayores “propuestas estratégicas” del siglo XX, ahí surge la idea, señala Velásquez, de la “marcha hacia el oriente”. Para provocar más aún el debate, el economista apunta que fue en el periodo neoliberal (1985-2005) hubo una interesante “capacidad de diversificar la economía; en los 90, la estructura de exportaciones tradicionales (hidrocarburos y minerales) y el sector no tradicional llegó a 50-50 por ciento, cuando hoy día lo no tradicional bajó a una tercera parte. Se trató de diversificar en manufacturas de madera, joyería en oro, café, quinua, textiles de alpaca, torta de soya, azúcar; una canasta de exportaciones algo diversificada; también se fomentó acuerdos de integración: la ley de preferencias arancelarias andinas con Estados Unidos, sistemas generalizados de preferencia con Japón, Europa”.

DIVERSIFICACIÓN. Pero acaso tan importante como la diversificación económica, destaca el libro, es el “fortalecimiento institucional”, la consolidación de las instituciones públicas; una tarea, concluye, “lamentablemente pendiente”. La idea es que “las instituciones funcionen y que sean independientes y que al lado haya Estado de derecho”, agrega Velásquez.

En relación a la explotación de recursos naturales no renovables (minerales e hidrocarburos), la investigación llama la atención no solo sobre la explotación racional (la búsqueda de “lo óptimo”) sino también sobre la administración del agotamiento. “En 115 años de historia de la minería en Bolivia, se constata la inexistencia de una política consistente de extracción y de gestión del agotamiento de nuestros recursos naturales no renovables, tanto para aquellos que tienen servicios reciclables (minerales) como para aquellos que con su consumo se agotan (hidrocarburos)”, señala el Comité.

El estudio se refiere al siglo XX más 15 años debido a la importancia que tuvieron para el país los últimos tres lustros, el tiempo del “neoestatismo” (lo que hoy mismo está pasando). El proyecto, destaca Velásquez, “de hacer el Estado inversor, empresario, regulador, que quiere hacerlo todo; una carga muy pesada: el papel del Estado como promotor del desarrollo”, aunque esto tiene relación directa con la “bonanza que le ha dado esos grados de libertad”.  

Un tema también estudiado en Un siglo de economía en Bolivia 1900-2015, es el educativo, como otro de los factores clave en el desarrollo económico. El crecimiento deseable advierte el informe, es el que está acompañado por mejoras en los indicadores de alfabetización y esperanza de vida. En Bolivia, este avance ha sido “modesto”, no acompañó “en la mayoría de los casos a ciclos de expansión económica, como pasó en los años 1900, 1952, 1974, 2002 y 2013”. Si en 1825, recuerda Velásquez, “más del 95% de los bolivianos no sabíamos leer ni escribir; esa situación en el 1900 no había cambiado mucho, había bajado unos puntos, pero estaba por encima del 90%; 50 años después, en el censo de los 50, esa situación apenas bajó 5,6 puntos, todavía por encima del 85%; así, la educación ha repercutido también en nuestro subdesarrollo”.

Un aspecto por demás sugerente del estudio es la problematización que hace de las élites económicas. Aquí hay el prejuicio, afirma, de “asumir que éstas siempre se originaron en las aristocracias señoriales del país”, cuando el “análisis empírico evidencia que desde Simón I. Patiño, hasta las burguesías cholas actuales, existieron élites económicas provenientes de sectores populares y otras que surgen de los inmigrantes extranjeros, en especial de Europa”.  Por otro lado, llama la atención el texto, se encontró que los grandes cambios de la economía mundial “han influido también en el cambio de las élites económicas, pero más que éstos fueron los procesos sociales internos que modificaron significativamente a las élites”.

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