Animal Político

Percy Fernández, el político que siempre cae parado

Estampa de la política cruceña

Percy Fernández

Percy Fernández

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont

00:03 / 02 de septiembre de 2012

Percy Fernández, a sus 72 años, es la máxima autoridad edil del municipio de Santa Cruz por quinta vez, lo cual de por sí le otorga cierta calidad de perennidad como Alcalde. En efecto, pasó el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), pasó Acción Democrática Nacionalista (ADN), pasó Unidad Cívica Solidaridad (UCS), pasó el movimiento radical cívico prefectural encabezado por Branco Marinkovic, pasa el Movimiento Al Socialismo (MAS), y Fernández (“bien gracias”) sobrevivió y sobrevive políticamente a todos sin siquiera despeinarse.

La analista cruceña Helena Argirakis caracteriza al Alcalde como el “político más experimentado” de ese departamento. “Tiene mucha habilidad, parece ausente y como si siempre hablara en broma; sin embargo, entre líneas y mediante la analogía siempre está diciendo cosas fuertes”, describe.

En criterio de la analista, Fernández está calculando sus movimientos para que el paso del MAS no “le salpique”. “Es un viejo lobo de mar con una capacidad muy flexible al momento de reciclarse”, juzga, y añade que actualmente el Alcalde está “ajustando sus cuentas” con parte de la élite cruceña y no es raro que “esté bien con el MAS”.

Un aspecto que siempre ha sabido manejar de modo que inclina a su favor la balanza, no se sabe bien cómo, es su mala relación con los medios de comunicación. Esa destreza hace que el eterno burgomaestre cruceño tenga ese halo de genialidad tan propio de la locura, como le dicen ya.

Seguramente, si Fernández habría sido un político del siglo XIX hoy tendríamos varios libros con títulos del tipo de Dichos y hechos de Don Percy Fernández en los que sus defensores narrarían cientos de anécdotas basadas en sus excentricidades y sus detractores se inventarían y atribuirían otras cientas que el paso del tiempo se encargaría de naturalizar e incorporar a la “historia oficial” apelando ésta, como es usual, a instaurar una suerte de tiempo mitológico en el que todo puede suceder, tal como hizo el discurso histórico con Mariano Melgarejo.

Pero, dejando de lado el mundo de lo posible y sin dejar lugar a que la ciencia histórica realice sus triquiñuelas, los recursos con que se cuentan ahora han documentado todas sus extravagancias: desde el happening en que se puso de hinojos ante Gonzalo Sánchez de Lozada; sus repetidas agresiones a periodistas; sus dos veces reeditadas acciones impropias ante sus colaboradoras (toqueteos en las nalgas); más performances en que da conferencias de prensa de espaldas a los periodistas; cantos con guitarra en mano; acuñado de apotegmas para el periodismo como “cara de dengue, dengue, dengue, dengue”, “pendejo es usted, mierda. Deje de ser burro. ¡Rebuzna! Y si no rebuzna es por falta de pescuezo”, u “ojalá pronto se mueran”; hasta el pedido de un beso al escritor Rúber Carvalho.

Por supuesto que Fernández nunca tendrá la necesidad de alegar demencia, pues estos actos son precisamente los que le han valido el cariño de sus seguidores y una aceptación mayoritaria en su municipio, tal como indica la última encuesta revelada en No mentirás, la cual le atribuye más del 70% de popularidad.

Sus choques con la prensa no revelan una personalidad unívocamente iracunda; al contrario, dejan entrevista su versatilidad. En realidad, Fernández posee un sentido del humor bipolar-afectivo: es capaz de pasar de los gritos a las risas sin transición alguna o de un enojo con tintes de agresividad pasiva a la admiración de la belleza de la periodista que estaba siendo objeto del ataque, tal como sucedió en el programa ya citado del 24 de agosto.

“Parece que quiere terminar sus días en la silla de Alcalde, para lograrlo está cediendo espacios de poder al MAS, para mantener el statu quo con la asistencia de ese partido y fungir de interlocutor con la élite”, dice Argirakis.

En efecto, si uno revisa qué sucedió desde la llegada del MAS con todos los “actores” de la partidocracia, se encontrará que todos tuvieron que o escapar del país o dar por finalizada su carrera política y quedarse quietos, es innegable que Fernández fue parte de la vieja guardia política y, no obstante, no tuvo la necesidad de recurrir a ninguna de esas dos opciones, pues supo caer de pie.

El analista Romano Paz señala que el Alcalde cruceño es “indiscutiblemente” un ícono de la vida “política y cultural” de la ciudad de Santa Cruz. “Percy Fernández creció no tanto por el MNR, sino porque es un caudillo regional natural. Tal vez a nivel departamental no lograría mucho apoyo, pero en la ciudad es una de las estampas culturales de referencia, un personaje que aprovecha su carácter, su forma de expresarse y de ser; además han habido obras que han marcado el avance urbanístico de Santa Cruz”, sostiene Paz.

De esta última cita textual se puede desprender el concepto de “estampa” en el sentido en que Argirakis caracteriza la política cruceña. “(El mundo de la política de las élites cruceñas) está codificado, tiene todo un sistema de significantes que, a veces, no es posible traducir para que lo comprendan los demás”, afirma.

De hecho, la “estampa” es un subgénero literario perteneciente al costumbrismo (que siempre tiene connotaciones de provincialismo), su particularidad consiste en fijar (volver estáticos) aspectos de la vida social que contrariamente tienen un carácter móvil (danza y teatro por lo general).

La coincidencia no puede ser más feliz, Fernández y su impredictibilidad (precisamente lo que está en movimiento) es ya una estampa fija del folklore costumbrista de la política provincial cruceña... un infaltable. ¿Quién extraña, por ejemplo, a Johnny Fernández? Nadie. En cambio, si Fernández se retirara de la política, muchos lo echarían de menos, y entre esos muchos, los primeros serían los periodistas.

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