Animal Político

Periodismo, derechos humanos y autonomías

Los retos y contradicciones del oficio

La Razón / Hernán Cabrera Maraz

00:02 / 27 de mayo de 2012

Los paradigmas actuales en el desarrollo político y social de los estados —que en el caso de Bolivia es el llamado proceso de cambio con todas las contradicciones, vacíos y certezas, en esta etapa de transición de la república neoliberal y centralista a un Estado Plurinacional y con autonomías— se imponen a las premisas y a las preguntas del periodismo nacional y su rol actual.

Ese proceso tiene muchas miradas y posiciones, calificadas por unos de quiebre, de inflexión, de crisis, de rupturas, de incertidumbres y de irradiaciones. Otros consideran que es del pueblo y otros, para la élite. Pero presente, muy nuestro, complejo,    inevitable, abarcador y que requiere del concurso de todos.

Muchas dudas y pocas respuestas: ¿Es el periodismo un espacio de debate real y democrático en estos tiempos de cambio y de conflictos? ¿Los medios de comunicación se han convertido en instrumentos políticos de la oposición y del oficialismo? ¿La prensa es un interlocutor en esta dinámica histórica de la construcción del Estado Plurinacional y con autonomías? ¿El periodista ha asumido los retos y se ha preparado para los procesos electorales y de transformación del Estado y de sus regiones? ¿La verdad periodística es aquella que gritan los radicales y los falsos líderes de ambos extremos? ¿Cuál es  el rol del periodismo en este proceso de definiciones del modelo autonómico? ¿La ética periodística es asumida por los periodistas o se la echa al basurero? ¿Los medios de comunicación tienen derecho a ser los portavoces de Evo Morales, de Rubén Costas, de Percy Fernández, de Mario Cossío, de Condori, de Mamani? ¿Hasta dónde asumir y entender la libertad de expresión? ¿La libertad de expresión es sinónimo de impunidad, de luz verde para que aquél que se dice periodista pueda decir e insultar lo que quiera contra aquéllos que considera sus enemigos o que piensan diferente? ¿Los medios de información piensan en el ciudadano? ¿El periodista tiene poder y convive con el poder político? ¿La Constitución Política garantiza la labor de la prensa? ¿Las autonomías son garantes del derecho de la información y de la libertad de expresión? ¿Dónde se ubican los medios de comunicación y el periodismo que ejercen en este contexto de cambios, de contradicciones, de relaciones dialécticas con el Estado en todos sus niveles?

Precisamente, al ser el periodismo una de las columnas de este proceso de construcción de un nuevo Estado —el creador de la República, Simón Bolívar, consideró que la “prensa es la artillería del pensamiento”— debe exigirse a sí mismo su enorme responsabilidad que debe asumir. Pero esa artillería ha estado en la mayoría de las veces al lado de los poderosos, de los que manejaban la información y de los que decidían el destino de este país, azotado en siglos por la miseria, por la explotación de sus recursos naturales, por la discriminación, por la enajenación de las materias primas, hasta el punto de hacernos creer que nada mejor para Bolivia y para sus habitantes era aceptar, sin mayor oposición, la ola de privatizaciones, de capitalizaciones y del imperio de la lógica del mercado, y en ello  la libertad de expresión fue acuñada como un privilegio o un derecho exclusivo de los medios de comunicación. Sólo la prensa podía defender este derecho fundamental, de ahí que se construyeron los discursos homogéneos, únicos, que hablaban de defender la patria y su economía; lo contrario de ello era subversivo, negativo, terrorista y altamente inflacionario. En medio de eso, los ingentes recursos económicos para las campañas mediáticas de las bondades del neoliberalismo. Así se logró construir la figura que todo aquello que criticaba el modelo neoliberal era calificado como atentatorio a los intereses del Estado.

Éstas y muchas otras preguntas deben impulsarnos al debate y mucho más en estos momentos en los que se respira cambios, transformaciones, conflictos, y no sólo de maquillaje o en lo superficial, sino en lo profundo, en las estructuras del propio Estado, en las instituciones que sostienen al sistema democrático, vigente de forma ininterrumpida desde 1982 y alimentado por una serie de etapas que le han dado estabilidad política al país. Llámese democracia pactada, democracia representativa, democracia directa, democracia comunitaria-intercultural, al fin y al cabo, es el modelo que hemos escogido los bolivianos frente a la dictadura y al caos.

Miremos para adelante, proyectemos los desafíos y las responsabilidades que les aguardan a los periodistas en este nuevo contexto de país y Estado que se va rediseñando, en el cual la implementación de las autonomías, como un modelo que provoque rupturas al centralismo, a la concentración de poder económico y político, y genere mejores condiciones de vida, de participación social y de cercanía del poder hacia el ciudadano, se impondrá de forma inevitable el principio constitucional del derecho a la información y de la calidad de la información como pilar de la calidad de la democracia, y como fundamento axiológico de hacer un mejor periodismo para una mejor sociedad. No se hace periodismo para el poder ni para los poderosos.

Armando Mattelart, estudioso de la comunicación, hace la siguiente provocación: “El único demiurgo es  el pueblo; no un pueblo abstracto o una muchedumbre anónima, como lo quieren hacer entender los portavoces de la opinión burguesa, sino un pueblo organizado y movilizado en contra de la minoría privilegiada, que se arrogó el derecho de representar a las mayorías y hablar en su nombre”.

Es que este modelo de Estado que se va armando y construyendo ladrillo a ladrillo también repercute, y bastante, en la labor periodística, y por ello se está planteando y empezando a discutir una ley del derecho a la información, de prensa o, en todo caso, replantear y elaborar una nueva Ley de Imprenta, vigente desde enero de 1925, que, a pesar de los años, ha sido el instrumento que ha permitido al periodismo boliviano desempeñarse. En todo caso, la prensa boliviana tiene que desenvolverse en el marco del actual paraguas constitucional y no puede transgredir esos principios constitucionales, porque no está más allá del bien y del mal; los periodistas no son bestias ni dioses, no están en el olimpo griego ni en las salas del Vaticano, ni en las oficinas de la Casa Blanca ni en la sede oficial del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Fundamentalmente, el periodismo es una apuesta por los derechos humanos; toda información es un poderoso instrumento que debe generar cambios de toda situación de injusticia, de intolerancia, de abuso de poder, de explotación, y, sin duda, un régimen de autonomías debe constituirse en un garante para la vigencia de un sistema de derechos humanos.

El periodismo es una apuesta permanente por la democracia, por el respeto a las ideas, a los derechos humanos, a la vida, a la libertad, a la lucha de mejores condiciones de vida. El periodismo es una exigencia e interpelación de la sociedad y de sus gobernantes a que respeten la paz social, la tolerancia y el futuro que todos debemos construir. Los medios de comunicación no deben ser instrumentos de la confrontación, de la violencia y del racismo. Se impone por encima de todas las cosas y las opciones, que debemos ganarle a la violencia y a la intolerancia.

El periodista no es un instrumento al servicio de determinados intereses y proyectos políticos, que buscan privilegiarse y privilegiar. El periodista es un ser social que está al servicio de la verdad y del pueblo; por lo tanto, a la construcción de más democracia y de una mejor sociedad.

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