Animal Político

Periodistas aterrorizados en México

Este asesinato remueve a todos y nos hace cuestionarnos si algo funciona en este país para proteger a periodistas, si algo se puede hacer para que no ocurran más crímenes, si a alguien le importa.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo de Llano Neira

00:00 / 09 de agosto de 2015

El periodismo mexicano exige una investigación sin resquicios (del asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa, junto a cuatro personas el 31 de julio en Ciudad de México) y ve un mensaje de que la violencia contra la prensa no tiene límite.  Igual que Mario Vargas Llosa se preguntó una vez en qué momento se había jodido el Perú, en México a cada paso de terror criminal siempre regresa la misma pregunta: “¿Ya hemos tocado fondo?”.

El escritor y periodista estadounidense Francisco Goldman, vecino de la Ciudad de México desde hace años, cree que encontró una respuesta en la protesta del domingo en la capital por el asesinato del periodista Rubén Espinosa y de cuatro mujeres con las que estaba. “Viendo a mi lado un grupo de jóvenes amigas que no paraban de llorar, que quizás conocían a alguna de las víctimas, y escuchando a la hermana de Espinosa diciendo que su hermano había sido y sigue siendo su ángel, se me ocurrió que sí, que ya hemos tocado fondo”. Pero no está seguro, porque el fondo del pozo de la violencia en México es de arenas movedizas. “En realidad, la sensación es como si nos fuésemos moviendo de un lado a otro, como un cangrejo, en este lodo podrido, de una sorpresa horrible a otra sorpresa horrible”.

La reportera Marcela Turati, integrante de Periodistas de a Pie, una red de reporteros destacada en la defensa de la prensa, opina que el asesinato de Espinosa muestra que la amenaza no tiene límites: “Su crimen llena de terror a todo el gremio. Con su asesinato se rompió lo que él pensaba que lo protegería: no valió de nada que trabajara para medios nacionales importantes, que viniese a México DF que era considerada una ciudad-burbuja a donde la violencia de los gobiernos locales no llegaba. Este asesinato remueve a todos y nos hace cuestionarnos si algo funciona en este país para proteger a periodistas, si algo se puede hacer para que no ocurran más crímenes, si a alguien le importa”.

“La paradoja”, dice al respecto el director de Horizontal.mx, Guillermo Osorno, “es que México también es uno de los países con mayores instrumentos públicos para la protección de la libertad de expresión: tenemos una ley federal, una fiscalía, un mecanismo de protección a periodistas y un área especializada en protección a periodistas en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Y entonces, ¿cómo explicarle a alguien de fuera el terrible deterioro de la violencia contra los periodistas? El problema es el Estado mismo. Cinco de cada diez agresiones contra periodistas es perpetrada por un funcionario público que generalmente trabaja en los gobiernos locales, y hasta ahora, ningún funcionario ha sido castigado. La indiferencia e impunidad están generando zonas de silencio en todo el país”.

El veterano Gerardo Arreola coincide en que la muerte de Espinosa es un parteaguas en el alcance de la violencia contra los medios. “Marca un salto: se produjo después de que la víctima sufrió persecución por su trabajo, se ejecutó con la clara intención de enviar el mensaje de represalia y ocurrió en el corazón de la Ciudad de México”. Para Alejandro Almazán, la reacción de la justicia debe ser contundente y rastrear cada circunstancia que pudieran tener relación con el caso, como las tensiones que tenían las autoridades con Espinosa por su activismo: “Javier Duarte (gobernador de Veracruz) debe ser investigado. Todas las conjeturas lo señalan como responsable. Y si el gobierno de Mancera (alcalde de México DF) insiste en el móvil del robo o vincula a las víctimas con el crimen organizado estará validando a un régimen que asesina a periodistas y a activistas”, afirma.

“El gobierno de Duarte no ha hecho nada para proteger a los periodistas”, critica Juan Villoro. “Además, trató de promulgar una ley que detenía a quienes informaban de la violencia en redes sociales, lo cual fue detenido por la Suprema Corte. Recientemente, el gobernador pidió a los periodistas que se ‘portaran bien’. Así criminalizó en forma anticipada a las posibles víctimas. Veracruz ha sido un bastión del PRI (Partido Revolucionario Institucional). Mientras ese partido gobierne, el periodismo estará en riesgo. Urgen alternativas que, por desgracia, no han aparecido. A tal grado, que hace un par de años la mejor alternativa de oposición para las elecciones a la Alcaldía de Xalapa fue un gato, propuesto por activistas civiles”.

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