Animal Político

Periodistas interculturales, una experiencia desarrollada por Erbol

El ejercicio de la identidad

La Razón / Inés Gonzáles

00:00 / 18 de noviembre de 2012

Después de más de tres horas y media de viaje por carretera asfaltada, llego a la ciudad de Oruro. La flota estaciona en la terminal de esta ciudad. Este periodista intercultural, desciende del vehículo para buscar otro que lo lleve, ahora sí, a la población de Huanuni. Estoy aquí dando vueltas en la terminal, como decimos los cambas ‘como peto mok’ochinchero’. Al fin, encuentro una flota que parte rumbo a la zona minera a la que debo ir y, por supuesto, ya mi acento y mi origen se notan mucho más; tanto, que alguien me pregunta ‘vos eres cambita, ¿no?’”.

Así narra Jorge Beyuma, periodista de radio San Miguel, su travesía para llegar a Huanuni. Él nació y habita en Riberalta y por supuesto que donde vive ha visto collas, se relaciona con ellos y tiene una idea de cómo son. Es natural. Todo grupo cultural tiene una mirada, y hasta un (pre)juicio sobre la supuesta idiosincrasia de otros grupos, y así es realmente difícil de comprender el punto de vista ajeno. Los bolivianos y bolivianas, en mayor o menor grado, tenemos (pre)juicios de los otros. Los periodistas no son la excepción. Aunque pueden ser cuidadosos en su trabajo, en el plano personal y coloquial suelen asomar estas miradas tendientes a la desvalorización de la cultura del otro.

En Erbol hemos dado pasos importantes en la valoración de la cultura propia y de la identidad indígena a través de nuestras redes culturales (Red Quechua, Red Aymara y Red Guaraní), algunas de ellas con más de 20 años de trabajo. El capital humano ha sido fundamental para consolidar el trabajo en lenguas originarias; para llegar a fortalecer estas redes hemos recorrido un largo camino de reflexión, formación y capacitación. Hoy, nuestros periodistas, y quizá con mayor razón los periodistas de origen indígena, ostentan con orgullo su identidad y se comunican en sus lenguas maternas.

De algún modo, Erbol ha contribuido a que algunas de las culturas originarias del territorio boliviano se hagan visibles en el espectro comunicacional y se escuchen sus lenguajes, sus modos de ser y sus miradas. Es decir, Erbol ha contribuido en este proceso de fortalecimiento intracultural. Pero eso no es suficiente, hay que seguir haciendo camino. Ellos y nosotros debemos aprender a valorar al otro, a comprenderlo desde su contexto y su historia; en definitiva, tenemos que caminar hacia la interculturalidad.

Hemos empezado a caminar en esa dirección y lo hemos hecho desde la incertidumbre, sin recetas ni fórmulas porque sobre interculturalidad se ha escrito mucho, pero muy poco se ha hecho, y en comunicación, menos aún.

Para iniciar este camino, teníamos que comenzar por desprejuiciarnos, teníamos que —por lo menos— intentar un cambio de nuestras miradas hacia las culturas ajenas. Así fue que, con la colaboración de Ibis Dinamarca, nació la idea de los “periodistas interculturales”, una experiencia de intercambio desarrollada por Erbol, a lo largo de 2011. Fueron 18 periodistas de diferentes emisoras afiliadas a nuestra red los que por 15 días cambiaron de contextos y tuvieron la oportunidad de conocer regiones de nuestro país que no conocían. Convivieron con sus compañeros de radio, con la gente de las comunidades, hicieron cobertura de fuentes nuevas y vivieron la cotidianidad de la gente con sus tradiciones, sus costumbres y sus maneras de ser, y volcaron todas sus impresiones y vivencias en unas crónicas de viaje.

Aunque la experiencia es pequeña y muy puntual, la publicación aporta con la reflexión de nuestros periodistas sobre la diversidad cultural del país, la identidad nacional —si es que existe una— y la posibilidad de una relación verdaderamente intercultural. ¿Cómo es ser riberalteño en Huanuni o bermejeña en El Alto? ¿Qué aprecian ellos de estos lugares? ¿Qué cambiarían? ¿Cómo se ve el país desde esos lugares? Son algunas interrogantes que destacan en los testimonios de los periodistas que vivieron esta experiencia.

Es importante decir que en las emisoras afiliadas a Erbol tenemos la presencia de personas de diferentes niveles de formación y de muy diversas identidades culturales; el libro es un reflejo de esas diversidades y, en ese sentido, es valiosa la crónica de Felix Gonza (periodista potosino), por ejemplo, porque, siendo quechua, ha hecho el esfuerzo de escribir en castellano.

En muchos casos, la experiencia no fue útil sólo para los periodistas, sino también para la gente que los escuchó: “Poco a poco me fui ganando el cariño de la gente huanuneña y de los compañeros de la radio; durante la mañana comparto un programa con la compañera Ruth… Tenemos un sector para hablar de las comidas y aprovecho para vender mi charque, aunque no soy experto en el arte culinario; sin embargo, les doy a conocer algunas recetas. Por ejemplo, cómo se prepara el majao clinudo, el masaco, o palo con palo y la sopa de buchere, un pescao de escamas muy apetecido en Riberalta. Lo cierto es que hablamos de todo y creo que los oyentes de la radio se están acostumbrando a oír la voz del ‘camba Beyuma’”, cuenta Jorge Beyuma.

Este ejercicio ha sido muy útil para el establecimiento de la identidad/alteridad, pero incluso dentro de esa misma identidad algunos de ellos han encontrado una alteridad. Es el caso de Juan Quenallata, que fue de Escoma a Chulumani: “He descubierto que, por ejemplo, las costumbres y las tradiciones allá no se hacen como en este lado. Por ejemplo, el Año Nuevo Aymara. Yo preguntaba: ¿por qué no lo hacen? Según dicen: ‘somos migrantes. No nos entendemos mucho. Algunos quieren mantener algunas costumbres, tradiciones, pero como somos migrantes de todo lado, no nos hemos puesto de acuerdo’. Se va desvaneciendo esta parte de la tradición. Sin embargo, en este lado de la provincia Camacho se ha instalado la costumbre. Se hace la luqta, la wilancha, y allá eso ya se ha descartado…”.

Las mujeres no podían estar ausentes de esta experiencia. De 1os 18 periodistas, nueve fueron mujeres. Eso sí, hay que decirlo, a ellas les costó mucho tomar la decisión de dejar sus casas por 15 días; la principal razón, los hijos. Todas las madres vivieron la experiencia pendientes de si los niños comieron, hicieron las ta-reas o fueron a la escuela a tiempo. Las periodistas que no tienen hijos también tuvieron dificultades para dejar sus casas y sus contextos, sobre todo por razones afectivas.      

Superados los temores y las penas, ellas también reflexionan sobre la compleja construcción identitaria de los y las bolivianas que han migrado dentro del mismo país. Es el caso de Dilma Machaca.

“Yapacaní es como un resumen de Bolivia… Es un lugar constituido fundamentalmente por migrantes. Yo misma soy producto de eso, puesto que mi madre es cochabambina, pero yo soy yapacanense; soy boliviana, pero sobre todo soy yapacanense. Una cosa que me apena de las nuevas generaciones de yapacanenses es que están perdiendo sus lenguas maternas (aymara y quechua, principalmente). Muchos jóvenes tienen vergüenza de tener ascendencia quechua o aymara y muchos otros no hablan porque sus padres no quieren que sus hijos aprendan sus lenguas. Eso es muy penoso”.

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