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Perú, el punto débil de nuestra demanda

En las declaraciones oficiales de autoridades chilenas, que señalan que cumplirán el fallo pero que no están en desacuerdo, se evidencia incontrastablemente que el ganador es Perú y eso tiene un efecto importante en favor de Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos D. Mesa Gisbert

00:00 / 02 de febrero de 2014

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el litigio entre Perú y Chile deja en claro que Bolivia no puede pretender que el único interlocutor para lograr un acceso libre, útil y soberano al mar sea Chile. Bolivia tiene que entender que Perú es un jugador tan importante como Chile, y no se está haciendo nada en esa dirección...

En los dos encuentros que sostuvimos los expresidentes con el presidente Evo Morales, le planteamos que es imprescindible y urgente el establecimiento de un equipo del más alto nivel —que incluye a la Embajada en las Naciones Unidas, la Embajada en la Organización de los Estados Americanos, la Embajada en Perú y el Consulado General en Chile— que acompañe al nombramiento del agente especial de Bolivia ante La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé.

Si Bolivia no trabaja con un equipo coherente e integral, con personas del más alto nivel profesional y que tengan extraordinarias relaciones en la sociedad política y económica de Perú y Chile, no se van a lograr resultados. El país debe trabajar con el Perú mucho más ahora que es evidente que tras el fallo no hay mucho entusiasmo en Chile ni en Perú por perder su frontera. La lógica peruana dominante hoy es la siguiente: ya está resuelto el conflicto con Chile, la frontera bilateral funciona muy bien, ¿por qué querríamos complicarnos con un tercero en discordia en un límite geográfico bilateral finalmente resuelto?

Por eso, creo que nuestro punto débil es Perú. Es una cuestión que, considerando los años que vamos a necesitar para conocer el fallo de La Haya, debemos encarar con una estrategia clara y articulada con los objetivos básicos del juicio ante la CIJ.

Al momento se está trabajando este aspecto con mucha lentitud. Me imaginaba que el nombramiento de Eduardo Rodríguez Veltzé iría acompañado de un paquete de nombramientos en todos estos otros ámbitos mencionados, no ocurrió. No obstante, se está a tiempo. Insisto, no se puede olvidar que, independientemente de lo que suceda entre Bolivia y Chile, Perú será un actor fundamental para la recuperación de nuestra soberanía marítima, ya que la única opción boliviana de corredor está sobre la frontera al norte de Arica (antiguo territorio peruano); lo otro sería partir en dos el territorio chileno, lo que es inviable.

Bolivia tiene que lograr dos resultados: ganar en la Corte Internacional para obligar a Chile a negociar con base en su propia oferta (por ejemplo, la oferta concreta más reciente e importante hecha por el canciller chileno Patricio Carvajal en 1976). Si se logra vencer ese obstáculo —el fundamental—, vendrá la consulta de Chile a Perú, que deberá dar una respuesta. Esa respuesta debe ratificar en lo esencial el eventual acuerdo boliviano chileno y resolver la proyección marítima de Bolivia, que debe adecuarse a la actual situación: las 80 millas(12 de ellas de mar territorial) en línea paralela para luego seguir la perpendicular hasta la milla 200, tal como falló La Haya. La proyección marítima de un corredor soberano para Bolivia tendría que seguir ese trazo.

En cuanto al fallo sobre la cuestión fronteriza Chile-Perú, creo que no afecta al juicio encarado por Bolivia. Hay que subrayar un elemento clave: la decisión de la Corte establece que la línea paralela de continuidad de la frontera, llamada Línea de la Concordia, se prolonga tal como estaba antes en las primeras 80 millas marítimas. Eso quiere decir que las circunstancias de vínculo, soberanía y espacios territoriales anteriores a las que definió el fallo no han cambiado. Los elementos de lo que Bolivia puede plantear como corredor y la proyección inicial marítima, no se modifican.

Un aspecto importante del juicio Perú-Chile es que entre sus antecedentes se citó el proceso de negociación de Charaña. La Corte, si bien dijo que los elementos de esa negociación no fueron decisivos a la hora de la emisión del fallo, al mencionarlos reconoce la evidencia de que hay un tercero en discordia. Bolivia, sin necesidad de haber solicitado su participación en el juicio mediante el reconocimiento de un tercero —lo que fue muy inteligente—, es reconocida como una nación concernida en ese preciso escenario geográfico cuyo punto emblemático es Arica.

Desde el punto de vista jurídico, la comparación entre ambos juicios no parece pertinente. El ventilado entre Perú y Chile fue un litigio territorial. El que plantea Bolivia contra Chile se refiere a las obligaciones jurídicas nacidas del compromiso unilateral de un Estado con otro Estado. En puridad, el juicio boliviano no incorpora una demanda territorial que exija una fallo de La Haya sobre una zona en litigio.

La jurisprudencia sobre las obligaciones jurídicas que crean los actos unilaterales de los Estados existe ya, y hay antecedentes muy concretos en que la Corte ha fallado en favor de los Estados que han hecho demandas con argumentos similares a los de Bolivia, pero también hay otras sentencias que no han sido favorables a los Estados demandantes. Lo que sucede es que es un proceso en desarrollo, con jurisprudencia relativamente reciente que está en plena construcción. El juicio boliviano es parte de esa construcción.

En este contexto, es interesante la declaración del presidente Morales en la que ratificó la voluntad de diálogo bilateral con Chile, esperando que su relación con la presidenta Michelle Bachelet sea mejor que la que tuvo con Sebastián Piñera. Deja caer la idea de que podría hacerse una negociación con Chile en el ínterin del propio desarrollo del juicio. Esto muestra la voluntad inalterable de Bolivia de no abandonar la posibilidad del diálogo bilateral independientemente de los otros escenarios. En política, la flexibilidad y las posibilidades son múltiples. Pero, ojo, esta iniciativa del Presidente debe tomar en cuenta que después de la presentación de la memoria boliviana ante la CIJ, queda esperar lo que hará Chile, que podría reconocer o no reconocer la jurisdicción de la Corte en este caso.

En cuanto a la lectura del reciente fallo de la CIJ, sin ninguna duda, se puede hablar de ganadores y perdedores. Me parece inequívoco que el ganador fue Perú. Objetivamente, Perú ha ganado 22.000 kilómetros cuadrados y, como prolongación, otros 30.000; Chile los ha perdido... Eso está claro y se evidencia en las declaraciones oficiales de autoridades chilenas que señalan que cumplirán el fallo a pesar de estar en completo desacuerdo con él. El efecto político sobre la opinión pública chilena y sobre la necesidad  de una nueva orientación de su diplomacia puede convertirse en algo  positivo para Bolivia.

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