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‘Pinochet pudo dignificarse con un mar boliviano’

Jorge Siles - Los actores políticos de Chile alentaron una solución a la demanda marítima de Bolivia durante el último aleteo del régimen de Augusto Pinochet, a fines de los 80.

Jorge Siles Salinas.

Jorge Siles Salinas.

La Razón / Mauricio Quiroz Terán

00:01 / 29 de julio de 2012

Fue Cónsul General de Bolivia en Chile durante el último periodo gubernamental del presidente Víctor Paz Estenssoro. Desde 1986 apostó —como estrategia— a la sensibilización de la histórica reintegración marítima boliviana ante la Cancillería chilena. Buscó a políticos e intelectuales, se acercó a la jerarquía católica y a las Fuerzas Armadas del país vecino. En 1987, Uruguay se ofreció a ser la sede de la reunión de cancilleres de Bolivia y Chile.  Se anticipó una negociación clave.

Jorge Siles Salinas ha decidido revelar los detalles que marcaron su misión diplomática en Santiago (1986-1987), en un tiempo en el que el régimen militar de Augusto Pinochet aceptó resolver la demanda marítima de Bolivia. Detalla un momento en el que los dirigentes políticos del vecino país alentaron, desde la clandestinidad, a resolver la demanda marítima boliviana a merced de la dictadura.

¿Cómo? Bolivia propuso. Chile nunca planteó una contraoferta y cerró la ventana luego de finalizar con Argentina y Perú toda disputa limítrofe. La propuesta: una franja al norte de Arica sin atisbos de canje territorial como se sugirió en 1975. Dice que Pinochet pudo dignificarse si es que atendía la demanda boliviana.  

El académico se ha tomado al menos 12 años para reunir los documentos y testimonios de su gestión, encaminada a establecer una negociación formal sobre la demanda marítima de Bolivia, en el libro Sí, el Mar (Plural, 2012). “Octavio Paz ha recogido en una página de La llamada doble un breve texto del Ulises de Joyce, que empieza con la expresión afirmativa de la que me valgo para dar título a esta obra: ‘Sí, el mar carmesí, a veces como fuego y las gloriosas puestas de sol…’. Me atrae la sílaba acentuada, el signo positivo”, escribió muchos meses antes de conversar con nosotros, la tarde del 19 de julio, en su pequeño estudio de Calacoto.

“Me opongo a quienes ven como imposible conseguir la aspiración boliviana, por otra parte, me opongo a los ‘nos’ que hemos recibido de parte de nuestros vecinos cuando hemos hecho formalmente la demanda para una salida al mar. Ellos nos han dicho continuamente que no es admisible la propuesta. Considero que la propuesta boliviana es y tiene plena fundamentación legítima y válida”, dice.

— Cuando dice “me opongo a los nos”, ¿incluye a Perú?

— Perú también. Con el Perú hemos formado parte de una unidad histórica en la época incaica, en la época virreinal, en la época de la Confederación y durante la Guerra del Pacífico, pero el Perú no ha mostrado apertura hacia nuestras aspiraciones. Y en momentos decisivos, como en la reunión de Charaña, Perú tuvo una importancia decisiva desde mi punto de vista. Ante la consulta que hizo Chile, siguiendo la cláusula del tratado del 1929, Perú respondió negativamente. (El tratado limítrofe establece la posibilidad de que Chile pueda ceder territorios, antiguamente peruanos, a una “tercera potencia” pero previa aceptación de Lima).

— ¿Cómo fue su gestión como cónsul? ¿Qué ha pasado con el proceso del “enfoque fresco”?

— Chile había resuelto sus problemas con los otros dos vecinos, con Argentina y Perú. Respecto del primer país tenemos que recordar que en 1978 estuvo a punto de estallar la guerra entre Chile y Argentina, tragedia que se evitó, mediante la mediación del Papa Juan Pablo II, y tuvieron que realizarse dos plebiscitos en cada uno de estos países. Hubo un pronunciamiento nacional sobre los acuerdos preliminares a los que se había llegado para evitar ese conflicto bilateral.

Con respecto a Perú, hubo una carrera de armamento que causó graves efectos en la economía de uno y otro país. El Perú aspiraba a recuperar las provincias cautivas, como se llamaban, en un proceso de armamentismo patrocinado por el presidente Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Por eso, hasta se establecieron líneas fortificadas en las fronteras, pensando que la guerra tenía que llegar en un momento determinado.

A través de negociaciones diplomáticas de ambas cancillerías se determinó una reunión de cancilleres en Arica. En 1985, por primera vez, un canciller peruano, Alan Wagner, pisó territorio antiguamente peruano. En Arica se reunió con el canciller Jaime del Valle y llegaron a un acuerdo para cortar la carrera armamentista y manifestar su decisión de no perturbar las relaciones pacíficas entre los dos países, afectadas entonces.

Por lo tanto, Chile tenía resuelto sus problemas con Argentina y Perú. Quedaba la tercera frontera, y el presidente Víctor Paz Estenssoro consideró que era un momento oportuno, con un régimen militar en el que no existía oposición ni parlamento, tampoco funcionaba el sistema de partidos políticos, para que se iniciara nuevamente una revisión de las relaciones mutuas y que Chile adoptara una actitud más abierta en relación con Bolivia y así terminase el periodo militar de gobierno con el arreglo previo de las tres fronteras, lo cual habría sido algo que habría dignificado al régimen de Pinochet, tan combatido desde el exterior y en su país también. Pinochet pudo dignificarse con un mar para Bolivia.

— Entonces ¿se revelan las gestiones con un gobierno militar?

— Tuve conversaciones muy interesantes con los jefes de la Democracia Cristiana, que era el principal partido de oposición, y me dijeron: “Embajador, tiene que acelerar el trámite para llegar a un acuerdo con el actual Gobierno de Chile, para que Chile arregle su problema limítrofe con Bolivia y le conceda una zona marítima. Esto podrá hacerse antes de que termine este periodo militar, pero cuando se restituya la democracia y lleguemos nosotros, es decir, los democratacristianos a un régimen constitucional, en ese momento va a ser muy difícil que podamos negociar con Bolivia, porque habrá oposición, porque resurgirá un sentimiento nacionalista, cerrado, que no querrá que se desprenda del territorio chileno una franja para conceder a Bolivia” (En el libro, Siles identifica al autor de esta frase: el excanciller chileno Gabriel Valdés, 1919-2011, quien asumió un curul en el Senado de su país al recuperarse la democracia).

— ¿Por qué fracasaron, entonces, estas conversaciones?

— Ellas comenzaron de una manera muy positiva. Fui recibido de la mejor manera, con efusión, con manifestaciones gratas, optimistas, y tuve optimismo también. Se lo transmití al Gobierno de Bolivia. Había amplios sectores chilenos que estaban dispuestos a llegar a un acuerdo de justicia, para darle una salida al mar a Bolivia, además, había el antecedente muy próximo de las negociaciones de Charaña, sobre la cual es necesario que en Bolivia se tenga una visión justa y esclarecedora del proceso histórico que se vivió entonces.

Charaña comenzó con la firma de un acta entre los dos presidentes, Hugo Banzer y Pinochet, declarando explícitamente que se reunían para iniciar un proceso de negociación encaminado a solucionar el problema de la mediterraneidad de Bolivia. Explícitamente, Pinochet reconoció, junto con su canciller, el almirante Patricio Carvajal, que era necesario llegar a un acuerdo positivo con Bolivia; oír a Bolivia, conocer su demanda y llegar a una solución. Primero, la negociación de Charaña fracasó debido a la consulta que se hizo al Perú y que manifestó resistencia en una actitud negativa a que se concediera a Bolivia una salida entre la frontera de Chile y Perú. Por otra parte, el comandante de la Armada chilena, el almirante José Toribio Merino, a favor de una solución en Charaña, en ocasión del “enfoque fresco” cambió de actitud. Ya estaba liquidado el problema, la amenaza de un conflicto con Perú y Argentina. Bolivia no significaba un peligro bélico para Chile. Por lo tanto, había que afirmar una actitud recalcitrante con la vieja política chilena de negar el acceso del mar a Bolivia.

— Charaña versus el “enfoque fresco”...

— Charaña fracasó, primero por la intervención negativa del Perú, y, segundo, porque Bolivia se mostró intransigente ante la exigencia chilena de que la extensión de territorio, que conllevaría el acuerdo para darle una zona portuaria a Bolivia al norte de Arica. Chile exigió compensación mediante canjes territoriales. Se dijo en Bolivia que se tratarían de zonas muy ricas en minerales, en recursos hídricos. En 1987, el canciller Guillermo Bedregal, cuando partió a Montevideo, donde se juntaron las delegaciones de Bolivia y Chile, declaró que el tema de la compensación no sería tratado, que quedaba excluido de la negociación. Ése fue el acuerdo previo que establecí con el canciller chileno Jaime del Valle, antes de que se formalizaran las reuniones y Chile pidió que no se hablaría para nada de un tratamiento de organismos internacionales, como la OEA (Organización de Estados Americanos) o Naciones Unidas. El asunto se trataría única y exclusivamente de forma bilateral. Ese fue el acuerdo de Uruguay, el país que puso sus buenos oficios.

Perfil

Nombre: Jorge Siles Salinas

Nació: 28-10-1926

Profesión: Abogado. Miembro de las Academias de Historia y de la Lengua.

Carrera

Fue cónsul general de Bolivia en Chile entre 1986 y 1987, tiempo en el que desarolló una compleja misión para destrabar una negociación que debía permitir a Bolivia recuperar su acceso al mar con soberanía. El proceso se llamó “el enfoque fresco”.

‘Este es el peor momento de las relaciones entre Bolivia y Chile’

Jorge Siles Salinas ha sido el actor político y operativo de las negociación de 1987, el último intento con Chile antes de la agenda de los 13 puntos suscrita en La Paz el 1 de julio de 2006 entre los vicecancilleres Mauricio Dorfler (Bolivia) y Alberto van Claveren (Chile).

Desde entonces mucha agua ha cruzado debajo de los puentes del diálogo, y no precisamente salada. Entre La Paz y Santiago, los escenarios de conversación se han reducido a los temas de la administración consular desde marzo de 2011, cuando el presidente Evo Morales anunció un proceso legal internacional contra Chile en procura de buscar una salida a la demanda marítima. En el prólogo de la ruptura, el canciller chileno Alfredo Moreno realizó una fugaz visita a La Paz.

“Este es el peor momento de las relaciones entre los dos países porque ha habido contradicciones de parte de Bolivia y porque en Chile ha vuelto a emerger una actitud soberbia, orgullosa de no querer reconocer que estuvo dispuesto a entregar un territorio soberano a Bolivia. Lo dijo el presidente Sebastián Piñera, cuando era candidato, y lo ha reiterado una vez que asumió el cargo de presidente”, afirma.

Siles Salinas ha sabido de los intentos de la actual administración para lograr un enclave marítimo. “Existe la aspiración de un enclave en la costa chilena, en la parte que antes perteneció al Perú o en la parte que perteneció a Bolivia. Chile ni admite eso. En mi propia gestión no hablamos de enclaves”.

Entre 2006 y 2011, los vicecancilleres de Bolivia y Chile han debatido sobre la agenda de 13 puntos en ocho oportunidades, un diálogo político que llevó a ambas naciones a “estudiar las fórmulas” para resolver la demanda marítima del país. En abril de 2007, el Ejército de Chile tributó en Calama un homenaje a Eduardo Abaroa, el héroe boliviano de la Guerra del Pacífico. Se han producido al menos tres intercambios militares entre 2007 y 2009. El general boliviano Ramiro de la Fuente, actual cónsul en Santiago, fue condecorado en Chile y su par, el general Óscar Izureta, fue homenajeado en el Colegio Militar de Irpavi. El almirante chileno Rodolfo Codina ha navegado ataviado con poncho rojo en las aguas del lago Titicaca, en mayo de 2007.

“Las cosas han cambiado radicalmente. Bolivia insiste el tratamiento de este asunto bilateral a través de los organismos internacionales, judiciales. Es algo que no tiene futuro”, apunta el historiador.

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