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‘Plato paceño’, la mirada de Bolivia por un ‘argenbol’

Plato paceño también echa vistazos sobre la identidad alteña-paceña: algunos habitantes de El Alto, dice, orgullosos de sus 4.000 metros sobre el nivel del mar, ven a la ciudad de La Paz ya no tanto como la antigua y respetada hoyada, sino como nada más y nada menos que como El Hoyo o, peor, La Olla.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:05 / 16 de agosto de 2015

En la semana que termina, en la Feria Internacional del Libro se presentó la novela Plato paceño (Plural) del periodista, filólogo, políglota, pero sobre todo argentino-boliviano militante Alfredo Grieco y Bavio, el “Querido Alfredo”, que durante un año fue editor de la sección Mundo de La Razón.

Historia de una pareja de universitarios argentinos “bolivianistas” que vienen a terminar sus tesis en el país, la novela de Alfredo sobre todo es, me parece, una ráfaga de miradas y discursos sobre cosas cotidianas del país desde la perspectiva del visitante más o menos acucioso o prejuicioso, según sea el “objeto de estudio”. Una ráfaga de 63 tiros, los capítulos del texto, que con o sin anestesia (pasajes más o menos crudos) ayudan al lector de este lado de la frontera a reflexionar sobre lo que cada día vemos pero sin ver. “Neocholas postbircholas: comercio, sociedad y mujeres empoderadas en El Alto”. ¡Qué tal! Tal el título de la tesis de Macarena, una de las protagonistas estudiantes.

Y es que, claro, el macro-objeto de estudio es, como dicen los tesistas, el “milagro boliviano”, o la Bolivia del Estado Plurinacional, la del proceso de cambio, de la Revolución Democrática y Cultural, del Estado Integral superador del pinche aparente pasado neoliberal; la del Vivir Bien que no es lo mismo que “pasarla bien”; en fin.

También resulta ilustrativo el t’inkazo que tuvo Alfredo con Potosí y su reciente movilización en La Paz: mientras una de las universitarias gauchas bolivianistas estudiará el pasado de Bolivia, otro hará lo mismo del presente y futuro; aquélla se ira, dice, a Potosí; en tanto que éste caminará por La Paz, El Alto y Santa Cruz.

Plato paceño también echa vistazos sobre la identidad alteña-paceña: algunos habitantes de El Alto, dice, orgullosos de sus 4.000 metros sobre el nivel del mar, ven a la ciudad de La Paz ya no tanto como la antigua y respetada hoyada, sino como nada más y nada menos que como El Hoyo o, peor, La Olla (“olla podrida de política centralista, domicilio provisorio de gobiernos asediados una y otra vez”, añadirá de su cosecha el Querido Alfredo). Aunque tradición debe ser, pero hasta ayer nomás yo volví a escuchar en boca de una maestra alteña que ronda los 40: “Tengo que bajar a ‘la ciudad’ (por La Paz), ahí nos vemos”...

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