Animal Político

Estado Plurinacional como baile de máscaras

El baile de las máscaras es una metáfora para describir las brechas o las enormes distancias creadas entre el discurso político de las élites del poder y la realidad boliviana. Bolivia continúa caminando por el sendero de una democracia débil de un Estado patrimonializado

La Razón (Edición Impresa) / Franco Gamboa Rocabado

00:01 / 05 de enero de 2014

Pensar en el desarrollo socio económico, la crisis y la destrucción del Estado en Bolivia, implica imaginar un prolongado baile de máscaras. Éste constituye una metáfora para describir las brechas o las enormes distancias creadas entre el discurso político de las élites del poder y la realidad boliviana expresada en la vida cotidiana de millones de personas.

En primer lugar, lo que siempre ha caracterizado a las élites políticas desde comienzos del siglo XX, fueron sus ambiciones para perpetuarse en el poder a largo plazo. Por lo tanto, sus visiones restringidas sobre la realidad, así como sus delirios de grandeza se divorcian dramáticamente del diario vivir de muchas personas que buscan la equidad, una vida digna y una participación permanente en las decisiones políticas. En segundo lugar, Bolivia ha pasado de ser un país donde predominaba la identidad nacional como aquel imaginario de pertenencia a un Estado-Nación, para convertirse en una indefinición donde gran parte de las clases sociales y los grupos étnicos fingen. Fingen ser integrantes de un solo país cuando una buena mayoría quiere únicamente satisfacer sus intereses corporativos o alcanzar sus perspectivas de poder, ligadas a búsquedas personales o intenciones demasiado particularistas.

El discurso del Estado Plurinacional como un conglomerado democrático de diversas identidades socioculturales, ha terminado por representar solamente un discurso para marcar una diferencia entre la actual gestión gubernamental del MAS (Movimiento Al Socialismo) y el pasado neoliberal de los pactos de gobernabilidad que reinaron entre 1985 y 2003.

Asimismo, el baile de las máscaras sirve para criticar las contradicciones entre lo que fueron los discursos de corte indianista y revolucionario del MAS, y lo que efectivamente ha hecho este partido desde las políticas públicas y el desarrollismo. El baile de las máscaras muestra una fachada discursiva y una perspectiva inauténtica en el discurso que genera un nuevo tipo de crisis política. Durante el prolongado conflicto en el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), entre 2011 y 2013, el movimiento indígena de la Amazonía ha sido marginado de las decisiones y arrinconado en los marcos de la construcción de una carretera que va a proveer un gran impulso económico, sobre todo por la vinculación comercial con Brasil.

Este proyecto también modernizará y mejorará los servicios de salud, educación y la creación de fuentes de trabajo para los indígenas; sin embargo, son imprevisibles los elevados costos ambientales y un acelerado proceso de occidentalización que caracteriza a toda economía de mercado. Tanto el conflicto del TIPNIS como la instauración de un patrón de desarrollo con fuerte presencia del Estado, ha hecho que las políticas del MAS se encadenen al proceso de globalización liberal, aun cuando el discurso político siga caracterizándose por la defensa del llamado socialismo comunitario.

La Confederación Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) ha cuestionado al MAS desde el área andina, revelando que el proyecto hegemónico de Evo Morales no está interesado realmente en encontrar un espacio efectivo para entronizar los intereses del movimiento indígena. La economía estatista y el relativo auge económico que goza de un crecimiento de entre el 4% y 5% anual está recogiendo la cosecha de un patrón de desarrollo extractivista con los minerales y la economía del gas natural, reforzando la conexión de Bolivia con los mercados globales de materias primas e importaciones, sin existir una nueva estructura productiva socialista o anticapitalista.

La Bolivia Plurinacional del siglo XXI no muestra la instauración de un Estado indígena, sino la colocación de una máscara. Esto significa que en el contexto internacional se ha vendido la idea de una revolución sociocultural y política, que bien pudo haber sido una alternativa eficaz para el MAS, aunque en los hechos no fue así. El Estado indígena, por el hecho de haber diseminado la idea de un “Estado plurinacional” en la Constitución Política, jamás podría materializarse. La razón descansa en que el MAS, junto al caudillismo de Evo Morales, han orientado todas sus estrategias hacia una típica reelección para reproducirse en el poder, lo cual identifica al proyecto hegemónico de Morales con lo hecho por viejas élites, sobre todo a partir de la Revolución de Abril de 1952 con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Otro aspecto que expresa claramente el surgimiento de una máscara de modernización o revolución está relacionado con la crisis de los Derechos Humanos. El régimen del MAS, criticando lo que había significado el viejo modelo neoliberal y sus diferentes políticas represivas impuestas por la fuerza, ha vuelto a utilizar los mismos métodos como la excesiva politización del Poder Judicial. 2013 se ha caracterizado por la incapacidad de llevar a cabo una reforma eficiente del sistema penitenciario: los Derechos Humanos se violan sistemáticamente en todo el país y en la administración diaria de las fiscalías y la realidad carcelaria.

Esto también se manifiesta en el aumento de la violencia urbana, la inseguridad ciudadana y en los servicios de protección que el Estado debería proveer, pero que hoy se están privatizando. Por el miedo a ser asaltado, despojado de sus propiedades, o agredido en la calle, muchos ciudadanos contratan a personal de seguridad privada, resaltando una distancia monumental entre el discurso de transformación estatal y una realidad anómica donde impera la arbitrariedad y la excesiva violencia.

El MAS tampoco ha innovado nada en materia de política social, lo cual no quiere decir que no haya logrado algunos éxitos y avances concretos con objetivos de corto plazo. Sin duda, los indicadores macroeconómicos son positivos: la estabilidad, como en el viejo modelo neoliberal, ha sido mantenida. Lo más notorio es la persistencia de una conciencia y un esfuerzo desarrollista que acerca a las nuevas élites del MAS con el imaginario de las élites tradicionales: aumentar el crecimiento económico, la exportación de materias primas, la modernización consumista de las principales metrópolis y el gasto social en educación, salud y vivienda porque son el complemento superficial que oculta la necesidad de ejecutar políticas públicas más agresivas para combatir la desigualdad.

El acceso al poder, los privilegios que éste trae, la inexistencia de estructuras institucionales meritocráticas y grandes disparidades en la distribución de la riqueza han apuntalado un Estado que sigue siendo prebendal. Bolivia, en gran medida, continúa caminando por el sendero de una democracia débil y de un Estado patrimonializado porque está venciendo un proyecto hegemónico, antes que las exigencias prácticas de una revolución desde el Estado Plurinacional, el cual resultó ser una nueva gran máscara para oscurecer iniquidades trascendentes.

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