Animal Político

Pocas nueces para tanto ruido

¿Es la cumbre social un salvavidas?

La Razón / Marcelo Silva Mollinedo

01:00 / 11 de diciembre de 2011

El autor considera que, con la cumbre social, el Gobierno necesita legitimarse o relegitimarse ante la coyuntura política, social y económica difícil que soporta. Así, tiene la certeza de que la administración de Evo Morales va a evitar cometer otros errores.Políticamente está claro, cuando un gobierno tiene la necesidad de convocar a encuentros o cumbres sociales, políticas, económicas, etc., para asumir o enfrentar decisiones que le son inherentes, es que en los hechos tiene la imperiosa necesidad de legitimarse o relegitimarse (según sea el caso).

Estos encuentros sirven para reafirmar, ampliar y/o establecer nuevos pactos que le permitan fortalecer la gestión pública y política ante la proximidad de coyunturas difíciles.

La denominada cumbre social, convocada por el gobierno del presidente Evo Morales, tuvo en sus inicios esta perspectiva. El notorio proceso de desacumulación de poder político que vive el Gobierno propició la necesidad de involucrar a nuevos sectores en el contexto de la toma de decisiones; pero también la necesidad de restablecer pactos con sectores que otrora fueron pilares del poder gubernamental, así como también la necesidad de reconfigurar y reordenar los pactos existentes al interior del mismo Gobierno.

En lo formal, la intencionalidad de la cumbre era por demás interesante y pudo haberse convertido en un punto de inflexión para remozar un ya desgastado Gobierno. Pero de nuevo, la poca visión de los astigmáticos entornos dirigentes del partido de Gobierno frustró el intento.

El anunciar que las decisiones de la cumbre tendrían carácter vinculante, que en ella se reabrirían temas como la subvención al precio de los hidrocarburos, la redistribución de las ganancias generadas por explotación de los recursos naturales, el conflicto por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), la regulación a la libertad de expresión, la propiedad de la tierra y otras temáticas, que en su momento fueron polémicas e instrumentos de amenaza en contra de lo que la administración central entendía como oposición, fue un error.

Asistir a una cumbre para avalar decisiones polémicas y ya preconcebidas desde el Gobierno no es atractivo ni interesante para organizaciones, sectores y movimientos sociales que ya no son “incondicionales” al régimen y que no están dispuestos a asumir el costo social que podría conllevar la toma de medidas erráticas o coyunturalmente impertinentes.

Pero, más delicado aún, discutir estos temas que se configuran como una especie de preagenda de la cumbre distraen la atención de temáticas que para la mayoría de los ciudadanos son de mayor importancia: políticas públicas que coadyuven a enfrentar las posibles crisis energética, alimentaria, financiera y climática que acechan al país desde hace algún tiempo; narcotráfico, seguridad ciudadana, seguridad jurídica, empleo, nivel de salarios y otros.

Para colmo de males, el Gobierno se otorgó a sí mismo el “derecho de admisión” para participar en la cumbre, reduciéndola a sus socios y buenos amigos, que ratificó la hipótesis de que este encuentro no era una cumbre plural, sino una especie de ampliado del Movimiento Al Socialismo (MAS).

En pocas palabras, el Ejecutivo y sus aliados hicieron muchos méritos para boicotear su propia cumbre.

Probablemente, el único objetivo original que cumpla esta reunión sea el de reordenar y reconfigurar los pactos ya existentes al interior del Gobierno que podrían traducirse en efectos políticos. Por ejemplo, una nueva composición del gabinete que podría darse en las semanas siguientes a la cita, esto producto de una nueva correlación de fuerzas. Por otro lado, la disminución o acrecentamiento de las pugnas y pulsetas que se suscitan dentro del MAS. De todas formas, pocos resultados para tanta expectativa.

Con la posibilidad de equivocación y pese a las agoreras previsiones de la oposición, el suscrito cree que el Gobierno, con o sin cumbre, no cometerá el error de tomar medidas erráticas; peor aún, cuando la cumbre sólo es legítima para el Gobierno.

Lo que nos deberá provocar análisis constante es la poscumbre, que podría terminar por consolidar un modelo político de participación corporativista que prioriza las demandas sectoriales sobre las demandas generales. Lo que se visibiliza con la irrupción cada vez mayor de demandas sectoriales diversas y en algunos casos contradictorias que se politizan inmediatamente para conseguir sus objetivos mediante la presión.

Las pugnas sectoriales están agobiando al Gobierno y de persistir podrían debilitar notoriamente la gestión, con la agravante que ya el próximo año muchos sectores pensarán en función a las elecciones de 2014.

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