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Política desde Santiago, Lima y La Haya. Evo en la posesión de Bachelet

Resulta imperativo trazar una hoja de ruta en la política exterior de nuestro país de cara a los escenarios y posiciones del nuevo gobierno de La Moneda. La primera estación diplomática sin duda consiste en la asistencia del presidente Evo Morales al acto de posesión de la mandataria electa Bachelet

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Siles Núñez del Prado

22:53 / 09 de marzo de 2014

La demanda marítima presentada por Bolivia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, en abril de 2013, representa una innovación en la política exterior de reivindicación marítima frente a Chile. El escenario bilateral de Perú y Chile, después del fallo de La Haya sobre los límites marítimos, se muestra optimista, constructivo y pacífico para ambos países y la región. No hay duda de que las lecciones del fallo de la CIJ, lejos de establecer “ganadores y perdedores” en la distribución y contabilización de los territorios marítimos, ratifican la vocación de paz de la región, libre de guerras y con apego a la solución pacífica de las controversias.

La conflictividad bilateral regional, caracterizada por viejos desacuerdos limítrofes, encuentra el camino para zanjar centenarios problemas. Sin embargo, es oportuno mirar los resultados del diferendo limítrofe de Perú y Chile desde el prisma realista de la política exterior de ambos países, hoy secundada por una inmensa comunidad de intereses, inversiones y necesidades mutuas, las cuales han permitido amortiguar los efectos nacionalistas y las lecturas del resultado entre Lima y Santiago.

La hábil diplomacia chilena consolidó un tempranero encuentro entre los presidentes Sebastián Piñera, la electa presidenta Michelle Bachelet y el mandatario peruano Ollanta Humala —durante la última Cumbre de la CELAC en Cuba— para activar los dispositivos de la negociación diplomática bilateral en la gradualidad del cumplimiento del fallo, así como asegurar la continuidad de la inmensa agenda de intereses de los dos países, de cara al nuevo gobierno de La Moneda en los próximos días.

Luego del fallo, la máxima de que en política exterior no hay amigos ni enemigos permanentes está más vigente que nunca, lo que significa que de igual modo es posible que, en el mediano plazo, Bolivia y Chile puedan replicar y reproducir este desenlace.

Por tal motivo, resulta imperativo trazar una hoja de ruta en la política exterior de nuestro país de cara a los escenarios y posiciones del nuevo gobierno de La Moneda.

La primera estación diplomática sin duda consiste en la asistencia del presidente Evo Morales al acto de asunción de mandato de la presidenta Bachelet, hecho que más allá del gesto simbólico, podría significar el inicio del “deshielo” entre La Paz y Santiago y la consecuente habilitación de una relación de dos “paralelos” entre La Haya y el curso de nuestra demanda marítima y la revitalización de la Agenda de los 13 puntos interrumpida por el gobierno saliente de Sebastián Piñera.

La segunda estación corresponde a “bajar la intensidad y el tono” en la comunicación con Santiago, haciendo que la ya confirmada estadía de nuestro Primer Mandatario en Chile esté ajena de reproducir cortocircuitos en el objetivo de la relación de los dos “paralelos”.

La tercera estación debe jugarse en relación al Perú con el fortalecimiento de nuestras relaciones bilaterales. Al margen de continuar la ejecución de la integración física-marítima de Ilo como alternativa de acceso al Pacífico, se debe construir vínculos de intereses y previsiones pre y post fallo de nuestra demanda en La Haya. Para ello es imperativo dar señales a Torre Tagle con la designación de un nuevo embajador de Bolivia en Lima que tenga un alto perfil, experiencia, cualificación y un conocimiento amplio de las relaciones e historia del país con el Perú, y que trabaje en la trilateralidad de nuestros objetivos de retorno al Pacífico.

En este contexto y tal como lo anunció el canciller David Choquehuanca, la asistencia del presidente Evo Morales a la posesión de la mandataria chilena se realizará el 10 de marzo, un día antes del acto. Para ese día se prevé una intensa agenda del Mandatario boliviano. El clima diplomático entre Santiago y La Paz, desde la elección de Bachelet y la transición del gobierno saliente de Sebastián Piñera, no ha cambiado sustancialmente la posición chilena respecto a la demanda marítima internacional presentada por Bolivia.

Con el retorno del conservadurismo en la política exterior del país vecino se observan algunas de las notas discordantes de Santiago hacia La Paz, por ejemplo: desestimar la pertinencia de nuestra demanda ante tribunales internacionales; “cerrar diálogos” con nuestro país mientras continúe la demanda en la CIJ; la amenaza de que Chile podría retirarse del Pacto de Bogotá; el definitivo “portazo” del presidente Piñera; y los infructuosos resultados de la política exterior de La Moneda en su relación “estancada” con Bolivia, que sin duda cierran una etapa de la relación entre ambos países.

Ahora bien, la presidenta electa ha tenido cierta prudencia y cautela diplomática en relación a la orientación y posición de su futuro gobierno frente a nuestro país. Está claro que la línea estratégica de la defensa de Chile en La Haya, fiel a su tradición, se mantendrá sin variantes ni cambios. La designación del futuro canciller chileno Heraldo Muñoz y el anuncio de la continuidad del agente de Chile en La Haya, Felipe Bulnes, como la incorporación del experimentado jurista Claudio Grossman —quien también integró la delegación del vecino país ante la Corte Internacional de Justicia durante la demanda  peruana— son señales  del “amarre” de la política exterior de La Moneda sobre la defensa jurídica chilena para contrarrestar nuestra demanda, cuya Memoria será presentada el 17 de abril.

La prudencia de la presidenta electa frente a la denuncia del Pacto de Bogotá sugerida por el saliente Piñera, el antecedente del acercamiento de Bolivia y Chile entre 2006 y 2010, y la intensa agenda de reformas y cambios internos que le espera a Chile en los próximos cuatro años permiten avizorar una posibilidad de reencauzamiento de la relación bilateral a través de “cuerdas separadas” entre La Haya y la Agenda de los 13 puntos, con un cambio en la comunicación diplomática parecido al que se vio hace siete años.

Por tal motivo, resulta clave habilitar la primera estación diplomática, expresada en la asistencia ya confirmada de Morales a Santiago este 11 de marzo, hecho que reiteramos podría renovar el estado de las relaciones de ambos países. Además, una eventual reelección de mandato de Evo Morales en octubre próximo permitiría proyectar un inmejorable escenario de cinco años de continuidad, legitimidad y tiempos para construir una mayor confianza mutua y la comunidad de intereses entre las partes, lo que permitiría abonar y amortiguar una eventual solución de nuestro más que centenario conflicto de mediterraneidad  con Chile y el “retorno” de Bolivia al Pacífico, vía fallo de La Haya y/o negociación bilateral directa.

(*) El autor esinternacionalista.

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