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No habría Evo Morales sin Carlos Palenque

Evo Morales es populista de un lado; y ‘nueva izquierda, de otro.

Stéphanie Alenda es directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (Chile).

Stéphanie Alenda es directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (Chile). Foto: Luis Gandarillas

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:01 / 31 de octubre de 2018

Invitada por la Universidad Católica de Bolivia, estuvo en el país Stéphanie Alenda, socióloga francesa y hoy profesora universitaria en Chile; dio una cátedra de Populismos y Neopopulismos en América Latina. Conoce Bolivia desde hace años: hizo su tesis doctoral sobre Conciencia de Patria, Condepa; razón suficiente para hablar con ella de Evo Morales y su ‘populismo’.

— Se ha caracterizado al populismo como una anomalía de la democracia y como algo típico de los países en desarrollo.

— En parte fue analizado así, pero también fue estudiado de otras formas, un poco más serias, porque decir que es una anomalía al final no es decir nada; la idea es entender el fenómeno. Esto de la anomalía o de la demagogia, porque el populismo muchas veces fue asimilado con demagogia, finalmente cierra todo tipo de análisis: una vez que hemos desacreditado al fenómeno, no hay espacio para que investigadores lo tomen en serio.

— ¿Qué es lo que finalmente define al populismo?

— El populismo puede ser considerado como un estilo, cierto tipo de llamado al pueblo, una forma de movilizarlo, de usar un discurso, una retórica movilizadora que tiende a ser bastante dicotómica y antagónica, el ‘nosotros frente a ustedes’. También hay una dimensión moral: el pueblo puro versus las élites corruptas; una representación de la realidad en dos polos, polarizante, que puede ser usada por cualquier político en algún momento de su vida.

— Una forma de gobernar...

— Una dimensión política que en la literatura se la llama ‘ideacional’, que no alcanza para ser una ideología porque es demasiado delgada para serlo, porque moviliza rasgos generales poco sofisticados, como para ser un socialismo, nacionalismo, que son grandes ideologías, que tienen una definición. En el caso del populismo es el pueblo versus las élites; el pueblo representado de manera idealizada, el pueblo puro. Lo nativo es movilizado, en muchos casos por la derecha, pero en el caso boliviano es un poco al revés: el indígena como representante del pueblo puro versus las élites mestizas corruptas.

— ¿Es rasgo del populismo el caudillismo?

— Para una parte de los teóricos, el papel del líder, del caudillo es muy relevante, y ese es uno de los rasgos que permite definir el populismo. Es una relación directa entre un líder y las bases, y la característica un poco central del populismo es que el líder no tiene por qué provenir de las bases, puede ser socialmente distinto a ellas y a pesar de esto desarrollar una retórica eficaz, la cual va a encarnar: es el caso de Carlos Palenque, que no provenía directamente del mundo indígena, sin embargo, lo encarna. El líder pasa a representar ese carácter moral que decíamos, del anti-establishment, del que está del lado del pueblo, que lo defiende, que da garantías de que el pueblo llegará al poder a través de su persona; y hay esa fusión pueblo-líder, que es otra característica del populismo.

— ¿Este líder siempre tiene que ser nacionalista, estatista?

— No necesariamente. Hubo una primera ola de populismos, de los años 40-50, los populismos clásicos, que fueron estatistas nacionalistas, que surgen en un momento de industrialización, lo que se verá en países desarrollados, Argentina, México y Brasil. En el caso de Bolivia, tenemos al MNR, que no tiene ese carácter industrializador, pero sí va a jugar un rol clave en la incorporación de sectores sociales, que no formaban parte de la ciudadanía. Luego hay una segunda ola, de postransiciones a la democracia, posregímenes autoritarios, que es más bien neoliberal, ‘neopopulista’ le llaman, que implica la emergencia de líderes defensores del neoliberalismo, que están a favor de una reducción del tamaño del Estado; ahí tenemos a Menem, Fujimori, Collor de Mello; una ola que no es estatista, pero que no deja de ser, en parte, inclusiva. En el caso de Fujimori, se incorpora a sectores al sector formal de la economía, hay nuevas élites. Hay inclusión pero se acompaña, como una dualidad, del hecho de socavar las instituciones democráticas. Y luego, hay la tercera ola, que Carlos de la Torre llama ‘radical’, del siglo XXI, desde 2000, con tres representantes: Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, y Chávez en Venezuela.

— ¿Radical? ¿Qué le agrega eso?

— Radical le agrega la dimensión de izquierda radical, porque hay ahí una dimensión de populismo de izquierda, que trata de recuperar cierta ideología: un discurso antineoliberal; una dimensión refundacional vía Constituyentes. A  Evo Morales se lo considera populista, pero bajo ciertos otros aspectos no cabe en esta categoría.

— Evo populista y no populista.

— Por un lado, hay rasgos populistas en el hecho de apelar directamente al pueblo puro encarnado en el indígena. Pero hay también algo que no se encuentra en los populismos de Chávez o Correa, que es la influencia y la fuerza de los movimientos sociales, que respaldan o no al gobierno; puntualmente, lo que hace que el vínculo no sea líder-pueblo, de arriba hacia abajo, sino que haya influencia desde abajo hacia arriba. Y es que hay la solicitud de rendición de cuentas de parte de los movimientos sociales; una mayor autonomía, que se trata de mantener, que se mantiene respecto al gobierno, lo que les da una posibilidad de discrepar, protestar; y este es el carácter sui generis del populismo de Evo Morales; hay estudiosos que hablan de una ‘nueva izquierda’, y no de un populismo.

— Ya son 12 años en el poder y ahora se va por más.

— Justamente un rasgo del populismo es la tendencia a perpetuarse en el poder, el prorroguismo; por ese lado es muy chavista. Pero, reitero, hay realidades nacionales que hay que tomar en cuenta en sus méritos, diferencias que existen.

— Usted hizo su tesis doctoral sobre Condepa y Carlos Palenque. ¿Qué encontró de peculiar?

— Me interesaba el voto de los sectores populares, analizar su participación e inclusión, o no, en la vida política, usando canales vistos esa vez como neopopulistas. La conclusión principal es que hubo realmente ahí un antes y un después en términos de inclusión de sectores populares; empezó realmente ahí el tema simbólico inclusivo de la primera mujer de pollera en el Parlamento, que tuvo un efecto extremadamente importante; en el populismo es muy importante reconocer al otro verbalmente, y eso era finalmente La Tribuna Libre del Pueblo, dar un reconocimiento, dar la voz, dar la palabra; tratar no tanto como un igual, porque uno sabía que el Compadre estaba encima, era el protector; sin embargo, el trato era de respeto e inclusión; volvemos a conectar con esa dimensión inclusiva del populismo. No mencioné a Carlos Palenque al hablar de los neopopulismos porque no llegó al poder; hubiera llegado, y probablemente la historia del país hubiera sido muy distinta; pero pienso que no hay Evo Morales sin Carlos Palenque. Había muchos elementos de movilización, como la cosmogonía andina, del mundo indígena, pero también dirigidos al mundo más cholo mestizo, sectores ya urbanos que querían ser reconocidos, integrarse. Lo que hace Morales es llevar el acento al mundo indígena, donde hay una suerte de sublimación de lo indígena, versus Palenque, que ocupaba elementos de esta cosmogonía, pero que hablaba a sectores que eran más mestizos, que en el fondo, luego, son los sectores a los cuales Morales permitió cierta movilidad social. 

— Las clases medias...

— Exacto, las clases medias. O sea, que él (Evo) ocupa ciertos elementos discursivos ligados al indígena, ahí volvemos a esta idea del pueblo puro, indígenas lo puro que debe demostrarle al t’ara que el gobierno es el gobierno de los indígenas. Lo que obviamente Carlos Palenque no podía decir; sin embargo, sí podía construir un discurso en base a elementos nativos, originarios, y hablar justamente del mundo mestizo, y del particularmente maltratado, como es el mundo de las mujeres de pollera. Para mí hay esa doble dimensión, inclusiva simbólica y de inclusión después concreta, porque hay toda una dinámica que se abre después de la llegada de Remedios Loza al Parlamento, que hace que éste cambie de cara, empiece a llenarse de polleras; los sectores populares y mestizos empiezan a tener una voz, a sentirse reconocidos.

Stéphanie Alenda

Obtuvo la ‘máxima distinción’ en su tesis doctoral por el trabajo Sociología del electorado del partido populista Conciencia de Patria, en la Universidad de Lille I, Francia. Su profesor guía fue el sociólogo Jean Pierre Lavaud, otro de los mayores estudiosos de los procesos bolivianos.

DATOS

Nombre: Stéphanie Alenda

Profesión: Socióloga

Ocupación: Directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (Chile).

PERFIL

Es máster en Letras y civilización españolas por la Universidad de Nize-Sophia Antipolis (Italia); y en Sociología política por la Universidad de Lille I, Francia.

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