Animal Político

Posibles efectos del proyecto bioceánico

Bolivia no debe permitir que Chile participe de la vía interoceánica sin antes negociar el permiso que  requiere ese país para circular por nuestro territorio. No hay ningún tratado que nos obligue a permitir el libre tránsito de mercadería de esa nación.

La Razón / Andrés Guzmán Escobari

00:00 / 31 de marzo de 2013

El acto de inauguración de la vía interoceánica, que tenía que llevarse a cabo en San José de Chiquitos el 5 de abril con la presencia de los presidentes de Brasil, Bolivia, Chile y Perú, fue postergado a pedido de este último país debido a que, según dijeron sus representantes, Ollanta Humala tiene otros compromisos que atender en esa fecha. No obstante, teniendo en cuenta que ese día se cumplen 134 años de la declaratoria de guerra que Chile presentó a Bolivia y Perú, más parece que la razón de la solicitud de postergación es evitar un encuentro entre el Mandatario peruano y su homólogo chileno en un día que definitivamente no trae buenos recuerdos para los pueblos que sufrieron las consecuencias de la contienda iniciada en 1879.

Este hecho, que devela el desinterés o el desconocimiento que tiene la Cancillería boliviana respecto a las implicancias históricas que conlleva realizar una reunión con los mandatarios de Chile y Perú, podría agravarse aún más si Bolivia permite que Chile participe de la vía interoceánica sin antes negociar el permiso que requiere ese país para circular por nuestro territorio.

En efecto, el Tratado de 1904 (artículo 6) y sus acuerdos complementarios (1912, 1937 y 1953) conceden a Bolivia el más amplio y libre derecho de tránsito por territorio y puertos chilenos en todo tiempo, sin excepción alguna. Sin embargo, esos acuerdos no otorgan a Chile esa facilidad de paso por Bolivia porque no fueron suscritos en reciprocidad.    De hecho, en 1955, los gobiernos     de La Paz y Santiago comenzaron a conversar sobre la posibilidad de que Chile obtenga ese derecho en nuestro territorio y suscribieron un tratado que, entre otras cosas, expresa el propósito de alcanzar un acuerdo que “amplíe y facilite el actual régimen de libre tránsito de las mercaderías originarias de uno de los dos países por el territorio del otro, para su exportación a terceros países. Dicho sistema, comprenderá, asimismo, las facilidades necesarias para permitir la importación de uno de los dos países a través del territorio del otro, de mercancías originarias de terceras naciones” (artículo 2/f. Tratado de Complementación Económica Bolivia-Chile, del 31 de octubre de 1955).

Por otra parte, los acuerdos multilaterales sobre la materia, que suscribieron ambos gobiernos, tampoco contienen ninguna disposición que obligue a Bolivia a garantizar el libre tránsito de Chile por territorio boliviano. Los convenios firmados en el marco de la Iniciativa para Integración Regional Sudamericana (IIRSA) no mencionan nada al respecto y el Acuerdo sobre Transporte Internacional Terrestre (ATIT) de 1977, firmado en el marco de la Aladi por los dos países, establece claramente que el libre tránsito podrá ser reglamentado por acuerdos bilaterales (artículo 14) y deja en claro que sus disposiciones no restringirán en ningún caso las facilidades sobre libre tránsito que “se hubiesen concedido los países signatarios”(15).

El caso de Perú y Brasil es totalmente diferente porque ambos países suscribieron acuerdos bilaterales con Bolivia con el fin de otorgarse facilidades recíprocamente de libre tránsito. Con los gobiernos peruanos se suscribió el Tratado de Comercio y Aduanas de 1905 (artículo 2), el Convenio sobre Tráfico Comercial por Mollendo de 1917 (1), el Convenio de Tránsito de 1948 (7) y el Convenio Gran Mariscal Andrés de Santa Cruz de 1992. Con el Estado brasileño se firmó el Tratado de Amistad, Límites, Navegación, Comercio y Extradición de 1867 (6), el Tratado de Petrópolis de 1903 (5), el Convenio de Libre Tránsito Terrestre, Fluvial y Aéreo para Carga de 1958 y el Protocolo Adicional al Acuerdo de Complementación Económica 36. Este último suscrito entre Bolivia y los países del Mercosur en 1996 (6).

Por tanto, aunque en 1955 Chile manifestó formalmente su deseo de obtener el derecho de libre tránsito por territorio boliviano, éste nunca le fue reconocido y, por consiguiente, no sería acertado que nuestro Gobierno le conceda ese derecho ahora para permitir su participación en la vía interoceánica, porque desecharía uno de los pocos elementos de negociación que tiene Bolivia para recuperar una salida soberana al mar y le facilitaría enormemente las cosas a un país que muy pocas veces en la historia demostró ser amigo de Bolivia.

Al respecto, es importante considerar que Chile mantiene un gran interés por obtener el derecho de libre tránsito en territorio boliviano porque, además de la manifestación de 1955, hace poco, cuando el presidente Morales anunció que no invitaría a  Piñera porque tres soldados bolivianos permanecían detenidos en Chile, la Cancillería de Santiago protestó enérgicamente ante sus pares de    La Paz y Brasilia para que también tomen en cuenta a su presidente.

Si bien es cierto que las autoridades bolivianas mantuvieron su decisión de dejar fuera del proyecto bioceánico a Chile, incluso después de invitar al presidente Piñera al evento inaugural, el hecho de que el Mandatario chileno asista y que posiblemente Brasil intente presionar a Morales para que acepte incluir al país transandino, son factores que podrían propiciar que Bolivia termine autorizando el libre tránsito de mercancías chilenas por territorio boliviano, sin que ello genere un beneficio mayor al estrictamente comercial para nuestro país. 

Es importante aclarar que la idea de aprovechar esta situación, en nuestro beneficio, no es una posición inspirada en la mezquindad, sino en la convicción de que ya es hora de actuar en función a nuestros intereses nacionales y a la historia que nos muestra que los errores políticos del pasado permitieron que Chile se de-sarrolle a nuestra costa y, en muchos casos, incluso en detrimento de nuestros propios intereses.

Por tanto, lo más inteligente sería poner las cosas en claro para que Chile entienda, desde un principio, que si quiere ser parte de la carretera bioceánica y llegar a un buen entendimiento con Bolivia, tiene que necesariamente ofrecer algo de valor estratégico para nuestro país, como una zona portuaria con autonomía, un muelle como el que Perú tiene en el puerto de Arica o por último, por qué no, un acceso soberano al mar.

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