Animal Político

Potosí, la rebelión de la periferia

El No potosino es una opción que nace desde la pertenencia territorial, no desde los partidos políticos ni, peor, desde el discurso opositor; surge desde una región que percibe que sus riquezas naturales no sirven para generar desarrollo y modernidad.

La Razón (Edición Impresa) / Franz Flores Castro

00:01 / 28 de marzo de 2016

A estas alturas del momento posreferendo constitucional tenemos una verdad incontrovertible: el presidente Evo Morales perdió por relativamente pocos votos su posibilidad de ser repostulado a las elecciones de 2019, le faltó algo más de 136.000 votos que bien podrían haber salido de un municipio o de una ciudad de Bolivia. Tal vez del municipio de Potosí, antiguo bastión electoral masista, si es que durante el conflicto regional de julio de 2015, Evo dejaba de jugar fútbol, se sentaba a negociar con la dirigencia cívica y atendía las demandas del pueblo potosino. “No se hace tanto como se paga”, dice una famosa cueca potosina y tiene razón. Pero esto es solo una conjetura y, como tal, no explica nada.

Para explicar los resultados del referéndum en Potosí planteo que este desapego por el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) responde, más que a un solo hecho o acontecimiento, a un proceso que nace en 2006, fecha de la asunción de Morales al gobierno. Ese año, los potosinos salían de una crisis económica que había dejado al departamento como el más pobre y devinculado a la economía nacional. En Potosí, la incidencia de la pobreza y de la extrema pobreza llegaba al 67,4 y al 49,5%, respectivamente y, además, su aporte al producto interno bruto nacional apenas era del 4,8%.

Por tanto, la coyuntura en 2006 era favorable para abrigar esperanzas de un cambio en esta dramática situación. En primer lugar, la minería estaba en auge, las cifras de exportaciones no paraban de dar sorpresas: en el primer semestre de 2006 se llegó a exportar por un monto de 106 millones de dólares, siendo esto superior en 173% a las exportaciones del mismo periodo de 2005. En segundo lugar, el MAS en el poder ofrecía a los potosinos la posibilidad de integración política al centro. Después de mucho tiempo, los potosinos hallaban sintonía con un partido político que prometía cambiar el modelo neoliberal que tanto daño había ocasionado al aparato productivo regional. Nacía la esperanza de que el retorno del Estado establezca políticas de diversificación productiva, que aleje a Potosí de la dependencia minera.

Empero, pasados los primeros meses de gobierno nada de eso ocurrió; al contrario, el MAS en el poder estableció una alianza con el sector más conservador de la región como es la minería cooperativista y mediana, alejándose de los sectores cívicos y sindicales potosinos. Si bien esta alianza gobierno-minería privada tenía momentos de crisis, sobre todo cuando el Ejecutivo trataba de subir impuestos, detener la depredación del Cerro Rico o establecer controles medioambientales, al final siempre terminaba por ceder a las exigencias de los mineros cooperativistas e incluso aumentaba los beneficios para ellos, lo que le aseguraba un importante apoyo político y electoral.

Naturalmente que en este juego de alianzas siempre estaba marginada la sociedad civil potosina y sus organizaciones, ellas tenían otro tipo de demandas, como mayores impuestos mineros (ICM, Impuesto Complementario Minero), medidas de política pública para que las ganancias mineras se reinviertan en Potosí y una serie de obras de infraestructura, como un aeropuerto y hospital, entre otros.

Como con el transcurso del tiempo esta situación no cambiaba, en la ciudadanía potosina crecía la insatisfacción con el gobierno. La primera gran señal de esta sensación colectiva fue la huelga de los 19 días entre julio y agosto de 2010, que paralizó las rutas del sur de Bolivia, bloqueó las calles de la ciudad de Potosí y tuvo a una buena parte de la población en huelga de hambre. Empero, si bien esta movilización no logró más que compromisos del gobierno, la misma mostró un germen de politización del territorio, dado que los reclamos eran planteados ya no desde el clivaje de clase, del cual eran portadores los sindicatos mineros, sino desde la identidad potosina.

La segunda señal apareció en julio de 2015. El repertorio de acciones colectivas eran parecidas a las de cinco años antes: se apelaba a la huelga de hambre, al bloqueo de calles y caminos, con el aditamento de que llegó una columna de marchistas a la ciudad de La Paz, lo que hizo más visible la movilización. El gobierno repitió su libreto, descalificando a la movilización y sus dirigentes, se negó a negociar, dividió a las organizaciones regionales y, al final, logró que la huelga se detenga.

Sin embargo existen algunos datos muy importantes que marcan, creo, algunas especificidades: por una parte, la crisis minera ya está en pleno despliegue; los cooperativistas mineros (la elite económica regional) se identifican con la movilización, y la ciudadanía marca sus distancias con el gobierno desde su identidad local.

Como resultado tenemos un mayor potenciamiento de las demandas desde el clivaje centro periferia, ya que los potosinos organizan sus adherencias y odios políticos con base en la referencia territorial, a la identidad potosinista. Esto es lo que explica el No potosino a la repostulación del binomio Morales-García. El No potosino es una opción que nace desde la pertenencia territorial, no desde los partidos políticos ni, peor, desde el discurso opositor; surge desde una región que percibe que sus riquezas naturales no sirven para generar desarrollo y modernidad; aparece en un departamento que apostó por un gobierno que ofrecía integración política y económica más allá de la minería y que, por el contrario, solo recibió marginación e indiferencia.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia