Animal Político

Preocupa la impostura de la oposición

Lo bueno, lo malo y lo feo del año

Preocupa la impostura de la oposición

Preocupa la impostura de la oposición

La Razón / David Sánchez Heredia. Es senador de Chuquisaca por el Movimiento Al Socialismo (MAS) / La Paz

23:46 / 17 de diciembre de 2011

El senador oficialista cuestiona el papel de la oposición, que, en su criterio, ha “rifado” la oportunidad de contribuir al proceso de cambio con una propuesta que le permita salir de su derrota. Considera que el bloque ya actuó así desde 2006. (Los títulos de ambas colaboraciones son de Animal Político con base en las notas).Toda entidad requiere para su administración de instancias de control y seguimiento permanente en bien de su propio funcionamiento. Más aún, las entidades públicas en cualquiera de sus niveles sean centrales, departamentales o municipales. Ni qué decir si se trata de la construcción de un nuevo Estado, en el que el papel de esas instancias de control, reflexión y propuesta son de utilidad para la sociedad en su conjunto.

Ahora bien, sabemos que existen formas y estrategias para liderar la administración de un gobierno, así como también existen éstas para cumplir el rol de oposición. El que lidera está convencido de que el papel opositor es vital para poder explicar ante el pueblo su accionar en contraste con las críticas, reflexiones y propuestas opositoras, aunque también puede estar tentado de “derrotar” al opositor y tener hegemonía. Esta supuesta hegemonía, más que favorecer al que lidera, puede llegar a ser de alto riesgo.

Asimismo, el opositor debe estar convencido de que su accionar debe constituirse en beneficio para la sociedad, por ese papel propositivo, y no debe caer en la tentación de exponer todas sus estrategias para “derrotar” a su adversario o, dicho de otra forma, de “rifar” su papel de opositor con el riesgo de ser derrotado y, por tanto, perder toda posibilidad de constituirse en esa voz disidente, esa voz orientadora.

En Bolivia, a partir de 2006, la oposición no quiso aceptar el gran respaldo político del Movimiento Al Socialismo (MAS), liderizado por Evo Morales y Álvaro García Linera, que alcanzó un apoyo del pueblo con el 53,7% y rifó su papel de oposición cuando buscó simplemente el derrocamiento del Presidente. Este accionar de la oposición favoreció, obviamente, al oficialismo, que terminó derrotando a las corrientes opositoras concentradas con más radicalismo en algunas regiones del país.

Para explicar mejor el papel opositor, partiré de hechos concretos sucedidos en estos últimos años en la vida política de nuestro país: el racismo (menosprecio y rechazo a Evo y lo que  representa), la división campo-ciudad, los planes golpistas y de confrontación armada, violencia descontrolada en la toma de instituciones, quema y saqueos de inmuebles públicos y privados con la intención de convulsionar al país al punto de provocar una guerra interna y, finalmente, dejar un país polarizado. Estos hechos muestran el papel que jugó la oposición y nos permiten colegir lo bueno, lo malo y lo feo de la oposición, que con su estrategia radical afectó la vida de los bolivianos y las bolivianas.

Lo bueno de la oposición es que en su estrategia de radicalismos dejó traslucir su rechazo a la realidad social y cultural de Bolivia expresada en el respaldo popular al liderazgo de un presidente indígena. Fruto de ese rechazo se hizo evidente la verdad: se habían negado a reconocer, esas “taras” discriminadoras de odio y menosprecio por lo indígena o campesino. Los que representaban a la oposición comenzaron a poner en duda las capacidades y conocimiento de este Presidente y generaron con mentiras tal especulación respecto a su administración (la propiedad privada, la educación privada, la religión, etc.) Sin embargo, lo más obvio fue que detrás de esta “apuesta” estaba, reitero, el intento de derrocar al Presidente para y sobre todo conservar sus “privilegios”.

Señalo como bueno porque este accionar de la oposición ayudó a reconocer que detrás de supuestas victorias y aplausos momentáneos que recibieron con mayor fuerza en algunas regiones, no podrían salir airosas o victoriosas estrategias de menosprecio y rechazo por lo nuestro, por lo que es Bolivia, por nuestra realidad. Lo que pareció su victoria será siempre su derrota. Todavía tiene que terminarse con el menosprecio, el racismo y la exclusión de una mayoría de las bolivianas y los bolivianos. Es triste reconocer que en algunas regiones siguen en pie las mismas estrategias más en beneficio de unos cuantos y en desmedro de la mayoría. Remarco que lo bueno es que la oposición ayudó a desenmascarar una cultura política del menosprecio por nuestra realidad cultural.  

Lo malo de la oposición en Bolivia es que ésta ha “rifado” ese rol opositor reflexivo y propositivo por sus radicalismos y, por lo tanto, ha perdido la oportunidad de consolidar un liderazgo comprometido en la construcción de la patria y ello ha provocado, lamentablemente, que otras instancias o instituciones, como una mayoría de medios de comunicación, la Iglesia y otras instituciones tradicionales hayan salido al paso cooptando ese rol de los “desaparecidos” o “extinguidos” opositores. Finalmente, lo feo de la oposición, es que ante esa “derrota” que ella misma la gestó (es la directa responsable), hoy perdió el libreto, la perspectiva histórica, y va improvisando al mejor estilo “politiquero” cualquier “disparate” que causa santa piedad. Peor aún, se dedica tan sólo   a criticar cada propuesta y proyecto gubernamental y no propone básicamente nada, lo que denota que no hay en ella el deseo de la construcción de un país, sino sólo deshacer lo avanzado.

Aunque existen críticas justificadas de la población por el accionar oficialista, una gran mayoría de los bolivianos y bolivianas están convencidos de que mientras la oposición siga con sus imposturas, la gente no dejará de preocuparse por la falta de una oposición propositiva, reflexiva y seria como una opción en el manejo de la administración gubernamental. Preocupa un accionar similar al de 2006 hacia adelante, que pueda ser tan “alocado o peligroso” que ratifique que Bolivia estará carente de ella. Dos héroes de la democracia, los personajes de 2002Nos remontamos al 18 de diciembre de 2002. Ese día, La Razón titulaba así para reconocer a Juan Bautista Castro y Gutiérrez, quienes arriesgaron sus vidas para trasladar los votos de sus comunidades de Potosí en plena tormenta de nieve en Sud Lípez.

Sin embargo, otra noticia política se refería a la traba que habían implicado entonces los diputados Evo Morales y Felipe Quispe para un eventual ingreso de tropas estadounidenses a territorio boliviano.

Se trataba del Plan Nuevos Horizontes Bolivia 2003, cuya solicitud fue planteada por Gonzalo Sánchez de Lozada. 350 efectivos militares debían realizar operaciones militares en el Chaco, medida que había sido apoyada por el MNR y el MIR, entonces partidos de gobierno.

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