Animal Político

Primarias de la oposición. Frente único (conmigo a la cabeza, obvio)

El autor duda de la capacidad política y de desprendimiento de los liderazgos de la oposición al MAS en el afán anunciado de conformar un frente único con miras a las elecciones de 2014.

La Razón / Mario Espinoza Osorio, es periodista y director ejecutivo de Plano Medio

00:00 / 04 de marzo de 2012

No es el Gobierno boliviano un ejemplo de originalidad. Cuando el presidente Hugo Chávez nacionaliza, Evo Morales nacionaliza. Cuando Chávez cambia la Constitución, Evo cambia la Constitución. Si Chávez se resfría, por ahí el virus podría entrar en el organismo de Evo.

Pero no es el Gobierno boliviano el único que imita a los venezolanos. La oposición boliviana, o por lo menos parte de ella, pretende seguir los pasos de la oposición venezolana para hacer una coalición que haga frente al Movimiento Al Socialismo (MAS) y eventualmente a una candidatura de Morales en las próximas elecciones.

Hay que recordar que el joven gobernador venezolano Henrique Capriles fue elegido en una suerte de primarias como el candidato de la oposición para medirse en las elecciones presidenciales de octubre contra Chávez, quien está seguro de ganar nuevamente la elección a pesar de su enfermedad. Lo curioso es que también, a pesar de esa seguridad, el Presidente de Venezuela no ha ahorrado adjetivos contra su opositor y se ha referido a él como un “cochino” y mediocre que no tiene ninguna posibilidad de vencerlo en las elecciones.

En nuestro país, primero Samuel Doria Medina y luego la gente de la organización “Primero Bolivia”, y con la firma de Luis Alberto Serrate Middag, presidente nacional en ejercicio de la alianza política PPB-Convergencia Nacional, han convocado a “la conformación del frente único democrático y así generar unas primarias, para elegir a los candidatos en las próximas elecciones”.

Se trata de una muy bien intencionada convocatoria que corre el riesgo de muerte natural por ampulosidad.

No es Bolivia un país que se caracterice por la entrega y desprendimiento de sus líderes políticos. Alguna vez escuché a algún político, cuando comenzaba nuestra democracia, que en la única oportunidad en que los líderes se unen y se juran amor eterno es en el exilio. Como no es el caso, o casi, la lista de buena fe de enunciados en forma de verso que manda la convocatoria no deja de ser un puñado de lirismos que pueden usarse en el papel, pero no en la práctica. No en Bolivia.

En la historia política boliviana hay muy pocos ejemplos de alianzas. La más reciente es la de la Unidad Democrática Popular (UDP), que en las elecciones de 1978, 1979 y 1980 insistió en llegar al poder juntando al Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNR-I), al Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), al Partido Comunista de Bolivia (PCB) y a algún otro partido marginal y que tenía un común denominador: eran todos partidos de izquierda y centro izquierda que les fue como en la guerra apenas iniciado el gobierno. La unidad sólo duró algo más de tres meses porque el MIR, aún con la virginidad y candidez política de sus militantes, abandonó el gobierno por un par de tonterías que luego tuvieron que tragarse y hacer tragar años después a aliados como Acción Democrática Nacionalista (ADN) y al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Incluso la misma posesión del gabinete de Hernán Siles Zuazo se postergó porque la gente del MNR-I no estaba de acuerdo con los seis ministerios que el presidente le dio al MIR.

Por eso a partir de 1985 fueron los partidos de la derecha y la centroderecha los que se encaramaron en el poder, y fue la izquierda la que hacía esfuerzos para lograr la anhelada unidad y hacerle frente al liberalismo instalado en Bolivia. No había caso. Los partidos de izquierda querían la unidad, pero bajo la égida de sus eventuales líderes. Incluso deliraban con los nombres de sus partidos que hacía alusión a una supuesta Izquierda Unida, pero que en los hechos conseguían menos votos que los incipientes partidos del populismo liderados por Carlos Palenque y Max Fernández.

Pero no es todo. Esta idea de construir una sola coalición que enfrente al MAS y una eventual candidatura de Evo Morales corre el peligro de nacer prematura y sin brazos. No otra cosa significa que Pablo Pedrazas, en una entrevista, nos haya revelado que, por ejemplo, Juan del Granado estaría excluido de la coalición por su anterior alianza con el MAS, sin tener en cuenta que el jefe del Movimiento Sin Miedo (MSM) es el adversario más fuerte que en este instante tiene el partido de gobierno, aunque no deja de ser una flor exótica del altiplano. Es posible que a este paso también estén excluidos Félix Patzi, Filemón Escobar, Raúl Chato Prada y una larga lista de exmasistas que no son cuadros que tendrían que dejarse afuera de una eventual construcción política de oposición.

Lo que la oposición debería temer es que la historia se repita como en 1964, cuando Víctor Paz Estenssoro fue a la reelección en unos comicios que ganó con el 98% de los votos porque la oposición decidió no presentar candidatos, en protesta precisamente por esa reelección. Claro, tampoco deberá olvidar el MAS esa misma lección porque a pesar de su contundente victoria, Paz Estenssoro y el MNR tuvieron que dejar el poder violentamente luego de tres meses de gestión.

Por eso hay suficientes elementos históricos para pensar que una coalición de Tiros y Troyanos, de moros y cristianos, de Montescos y Capuletos o de Vicuñas y Vascongados pasa por el desprendimiento de los líderes políticos que están acostumbrados a pedir unidad, pero bajo su liderazgo.

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