Animal Político

Proceso de cambio en Bolivia

La conquista del poder de Evo Morales

La Razón / Héctor Arce Zaconeta

00:01 / 26 de agosto de 2012

El libro pretende ser un aporte a la recopilación de antecedentes y datos sobre cómo se da, se genera, se desarrolla y triunfa este proceso inédito y extraordinario que vive Bolivia a partir del liderazgo genuino del presidente Evo Morales.

La primera parte analiza las condiciones y las circunstancias en las que se desenvolvía la sociedad boliviana luego de la recuperación de la democracia en 1982, pasando por una exploración de los gobiernos neoliberales y la tónica con la que éstos administraron el Estado. Además, identifica hitos fundamentales como la Guerra del Agua de 2000 y la Guerra del Gas de 2003, ejemplos del empoderamiento de las organizaciones sociales, para luego fijar la mirada en Morales, el verdadero líder, conductor del proceso y visionario del nuevo paradigma estatal.

Además del análisis histórico, el texto relata las vivencias y motivaciones personales del autor, que lo acercaron a Morales. Describe sus primeros encuentros y conversaciones, y su profunda admiración ante la honradez, honestidad, valentía, integridad, lealtad e inteligencia política del ahora Presidente del Estado.

En su rol de diputado nacional, electo con una votación histórica, Morales se diferenció sustancialmente respecto del trabajo de sus colegas del pasado. Él ya empezaba a mirar más allá del horizonte, defendiendo, exhaustiva y cabalmente con todos los mecanismos a su alcance, a los productores de la hoja de coca asentados en su circunscripción. Ya se advertía entonces que levantaba la cabeza en busca de un espacio más amplio en el espectro político, que iría más allá de la defensa de su sector y que le convirtió en el mejor referente de liderazgo de las luchas del pueblo organizado, decidido a enfrentarse a todo el poder institucional del Estado. Marcó un antes y un después en la historia reciente.

Encontramos los pormenores de la ilegal y aberrante expulsión de Morales del Congreso Nacional, ejecutado durante el ascenso de los movimientos sociales, cuando el pueblo se organizaba y experimentaba victorias significativas, como las de la Guerra del Agua y las movilizaciones campesinas en el altiplano. Una lectura coyuntural incorrecta para los propios intereses estratégicos del oficialismo de entonces fue la orden de consumación de la injusta expulsión, que desataría el desmoronamiento de los partidos políticos tradicionales y simultáneamente el encumbramiento político de Morales.

A partir de esa acción se explica cómo la historia política comenzó a cambiar. Lo que se inició en abril de 2000 se fue afianzando en 2001 y tuvo su corolario en enero de 2002. La efervescencia de los movimientos sociales victoriosos se complementaba con la identificación de un gran liderazgo, que definía la fortaleza de las luchas populares.

Entre enero y febrero de 2002 se consolidó la candidatura presidencial de Morales. Y tras una campaña electoral de cara al pueblo, el resultado fue impresionante. Estos resultados permitieron cruzar una línea sin retorno para el bien de todos, pues se tenía claro que tarde o temprano se llegaría a ser gobierno. Y la siguiente labor fue  la preparación del futuro gobierno, guiado el líder y con el respaldo de una bancada parlamentaria histórica de 35 parlamentarios, con los que Morales regresó triunfante al Congreso Nacional en agosto de 2002.

Entre 2002 y 2005, Morales mostró su integridad e inteligencia política para encarar las legítimas demandas y reivindicaciones de las mayorías nacionales. Más tarde, esa tarea se traduciría en el “decálogo”, plan de la campaña victoriosa para las elecciones del 18 de diciembre de 2005.

Es inevitable detenerse en lo ocurrido en febrero y octubre de 2003, en el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Los propios errores y la incapacidad de reconocer que el pueblo vislumbraba el camino hacia un nuevo Estado derivaron no solamente en la renuncia de aquél, que se llevaba consigo la muerte de muchos compatriotas, sino en la caída del neoliberalismo y en la determinación de construir un nuevo Estado a partir de la Agenda de Octubre, que planteaba la inminente recuperación de los recursos naturales y la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

Es en esa coyuntura, y tras los gobiernos de Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez Veltzé, cuando empieza la carrera hacia las elecciones nacionales de 2005 y se vislumbra la gran incidencia de Álvaro García Linera como parte del “binomio victorioso”, del que destaca su enorme capacidad de sistematización y estructuración del proyecto político. La gran vocación de trabajo, honestidad y lealtad del Vicepresidente marcó una nueva visión del rol del segundo mandatario, insertada en la Constitución actual.

En la segunda parte se analiza el histórico triunfo de 2005. Se describe con datos inéditos la llegada de Morales al Palacio de Gobierno, la organización del Gobierno y las primeras medidas históricas, en estricto cumplimiento del compromiso con el pueblo. La eliminación de la partida de gastos reservados, el reordenamiento salarial bajo el concepto de austeridad, la reforma de la Ley de Organización del Poder Ejecutivo, la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la nacionalización de los hidrocarburos empezaban a perfilar un Estado diferente.

Se detalla cómo el Gobierno demostró desde un principio un desempeño con enormes fortalezas para solucionar conflictos, convencido de avanzar en la agenda de los movimientos sociales. A la nacionalización (mayo de 2006) y la convocatoria a la Asamblea Constituyente (junio de 2006) se sumó la apertura internacional, que encumbró como nunca antes a la patria en el escenario mundial.

Es a partir de esa coyuntura fundacional que las fuerzas reaccionarias acumulan una ira incontenible y empiezan a generar un proceso contrarrevolucionario que fue caracterizado por la negación terca y miope del liderazgo legítimo y aplastante del presidente Morales. A diferencia de otros países en los que fuerzas antagónicas llegaron a transar en aras de privilegiar el bien mayor, en Bolivia las fuerzas minoritarias, en franca decrepitud de ideas y pérdida absoluta de credibilidad, nunca aceptaron el liderazgo extraordinario y legítimo de Morales y forzaron una confrontación de la que finalmente  logramos salir victoriosos.

El libro narra de manera descarnada cómo las fuerzas conservadoras se empecinaron una y otra vez en pretender derrocar al Presidente a cualquier costo, sin importar si en este cometido destruían la patria entera. Se destaca la gran capacidad que tuvo Morales de responder en todos los frentes en los que la derecha decidió, en claro afán conspirativo, desatar conflictos.

El libro finaliza estableciendo claramente los escenarios de la victoria del proceso de cambio en Bolivia: Primero, la victoria electoral en el referéndum revocatorio del 10 de agosto de 2008, que a su vez abrió el paso para desarchivar el proyecto de nueva Constitución para el país. Posteriormente, la victoria militar con unas Fuerzas Armadas institucionalizadas y de profunda vocación democrática, que le cerraron el paso a quienes asesinaron a gente inocente y estuvieron a centímetros de encender la mecha de la guerra civil. La tercera batalla fue librada en el ámbito de la economía; la lucha por mantener controlado el mercado interno se dio con la determinación de buscar alternativas al desabastecimiento que ganaderos, avicultores y agroexportadores intentaron provocar, con el único fin de volcar a la población civil en contra del Gobierno. El cuarto escenario de victoria se dio en el ámbito internacional tras el pronunciamiento de la comunidad internacional, fundamentalmente de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), en respaldo a la democracia y al Presidente. Y la última batalla, que engloba a todas, fue la victoria en el terreno político en octubre de 2008, después de la histórica marcha que destrabó el proceso constituyente y viabilizó el referéndum constitucional del 25 de enero de 2009. Esta gran victoria en todos los frentes —electoral, militar, económico, internacional y político— planteó, en definición de García Linera, el “punto de bifurcación”: momento definitivo de inflexión social y el triunfo revolucionario del pueblo.

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