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Prospección de uranio en Bolivia

Las lecciones aprendidas demuestran que incluso trabajando en áreas limitadas, y con conocimiento geológico escaso, fue posible descubrir ocurrencias y manifestaciones de uranio en el país. Hoy existe mejor información geológica y mejor conocimiento de los depósitos de      uranio.

La Razón (Edición Impresa) / Víctor Virreira Peñarrieta

00:01 / 30 de noviembre de 2014

Leí con mucha atención y entusiasmo los anuncios para reiniciar proyectos de exploración de uranio en Bolivia, como parte de un programa integrado de energía nuclear, cuyo objetivo final será la instalación de un reactor de potencia en el departamento de La Paz. Estas noticias me dan la oportunidad de tomar un momento para reflexionar sobre los avances en la exploración de uranio en Bolivia durante los últimos 48 años.

Historia. En 1969, el Departamento de Materias Primas de la Comisión Boliviana de Energía Nuclear (Coboen), compuesto por un grupo de profesionales jóvenes entrenados en Argentina, Brasil, España y Francia (del cual me siento privilegiado haber sido parte), inició la búsqueda de minerales radioactivos en el país.

Casi de inmediato se produjo el descubrimiento de la primera ocurrencia radioactiva en el área de Sevaruyo (Oruro). Este descubrimiento fue el inicio de los trabajos de prospección de uranio en rocas volcánicas de la formación Los Frailes, donde se descubrió el depósito de uranio de Cotaje y otras ocurrencias uraníferas menores. 

Cotaje es un depósito muy peculiar, porque allí la mineralización es controlada por un sistema de fracturas. Esta peculiaridad llamó la atención de muchos científicos extranjeros, especialmente franceses, japoneses y alemanes. En la década de 1970 se hicieron labores preliminares de exploración para estudiar la potencialidad de la cantera. En ese tiempo, los resultados mostraron un depósito con poco significado comercial. Otra actividad complementaria en Cotaje fue el estudio experimental para la obtención de concentrados de uranio (yellow cake) empleando un proceso químico clásico como es el heap leaching (lixiviación) estático.  Los resultados de estos experimentos fueron promisorios. 

En 1979, otro esfuerzo importante en la búsqueda de depósitos uraníferos en áreas adyacentes a Cotaje fue la prospección aérea, empleando un helicóptero Lama de la FAB (Fuerza Aérea Boliviana), en el que se instaló un equipo de detección de radioactividad. Técnicos de Coboen volaron alrededor de 100 horas en prospección detallada teniendo como base el campamento de Cotaje. Los resultados de este trabajo no mostraron anomalías radioactivas similares a Cotaje, sin embargo, la información serviría a los estudios geoquímicos del área.   Paralelamente a los estudios indicados, Coboen también trabajó en otras áreas y, por razones presupuestarias, solo en el occidente del país. Aun así, el resultado de estos trabajos fue la identificación de un número importante de anomalías radioactivas y ocurrencias de uranio y thorio, muchas de las cuales podían justificar más exploración.

COOPERACIÓN. Los trabajos señalados anteriormente solo pudieron materializarse con la cooperación de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) y otros países amigos, especialmente Francia. La AIEA, como agencia de Naciones Unidas, ayudó con la donación de equipos de prospección, movilidades, asistencia de expertos y becas para la formación de los recursos humanos de Coboen; Francia, esencialmente con becas a su Comisariato de Energía Atómica no solo a ingenieros, sino también a otros técnicos medios. El presupuesto del Tesoro (General de la Nación) fue para gastos de salarios, insumos y la adquisición de algún equipo. 

En 1983 se cierra Coboen y se transfiere a Geobol (Servicio Geológico de Bolivia) toda la información generada por su Departamento de Materias Primas; desde entonces, no se conocen avances significativos de prospección o exploración. Sin embargo, hubo avances muy importantes en el mejor conocimiento geológico del país, un ejemplo son los estudios básicos de geoquímica, petrografía, estratigrafía y otros producidos por diferentes organizaciones nacionales e internacionales. Asimismo, la AIEA, en los últimos años ha publicado numerosos informes sobre depósitos de uranio, sus características geológicas y distribución geográfica, creando una base de datos de acceso inmediato para los países miembros.

Desafíos. Un programa de prospección y exploración de uranio en el país requerirá enfrentar un conjunto de desafíos; entre otros, la formación de recursos humanos y el acceso a tecnología, financiamiento y regulaciones ambientales. 

La AIEA es uno de los organismos más importantes en la formación de recursos humanos para la industria nuclear, cuenta con programas de becas para universidades y otros centros de enseñanza, como también facilita visitas a depósitos de uranio de otros países. Éste fue el caso en Coboen. Asimismo, países amigos como Francia, Argentina y Brasil pueden ser excelentes aliados en esta materia por su desarrollo en la industria. Se deben especializar, esencialmente, a geólogos, geofísicos y químicos, quienes orientarán con el marco teórico en las diferentes etapas de prospección y exploración. 

Conclusiones. Las lecciones aprendidas por Coboen demuestran que incluso trabajando en áreas limitadas, y con conocimiento geológico escaso, fue posible descubrir ocurrencias y manifestaciones de uranio en el país. Hoy existe mejor información geológica básica y mejor conocimiento de los depósitos de uranio, lo que posibilitaría una valoración más precisa del origen de los potenciales recursos uraníferos en el país.

Otra idea sería trabajar de la forma más cercana posible con países amigos que usan estas tecnologías, incluyendo la IAEA, que llegaría a ser un participante de gran importancia. Por último, la garantía de los recursos financieros hace la diferencia para que un proyecto de esta magnitud sea exitoso.

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