Animal Político

Pueblos indígenas, partidos políticos y el MAS

El exdirigente del Conamaq responde al artículo ‘Crisis en el Consejo Nacional de Markas y Ayllus’ que escribió el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales Alfredo Rada y  se publicó en este espacio el 22 de diciembre de 2013.

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Quispe

00:03 / 12 de enero de 2014

De qué manera se puede entender la retórica y las contradicciones del Gobierno? Por un lado nos dicen que estamos en un gobierno plurinacional que sirve a los pueblos indígenas originarios campesinos y, por otro, inician una feroz campaña de desprestigio contra autoridades originarias y dirigentes campesinos que interpelan al “socialismo comunitario”, que es un simple debate entre organizaciones afines al MAS. El desconocimiento del gobierno del MAS a la reciprocidad con la Pachamama y a la interrelación hombre-naturaleza practicada ancestralmente por los pueblos indígenas de tierras altas y de tierras bajas, nos replantea un reposicionamiento del ejercicio de una verdadera democracia intercultural porque aún no existen las transformaciones estructurales anheladas, habida cuenta que el Estado todavía postula una economía capitalista dependiente de la extracción de los recursos naturales no renovables (minería e hidrocarburos).

Si el Gobierno sostiene su pilar político en los denominados movimientos sociales, que por años lucharon por sus reivindicaciones, entonces, ¿por qué se dice una cosa y se hace otra?  En junio de 2012, los operadores del MAS dividieron la Cidob, mientras la novena marcha indígena llegaba a Caranavi en su caminata a La Paz.  Este fue el inicio de una serie de estrategias del Gobierno para consolidar su política extractivista por una sola razón; gloria y venganza. Para  nuestros gobernantes ni siquiera el “infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano” (Fenelón), porque siguen sujetados a una política neoliberal.

Mientras las organizaciones sociales estaban mimetizadas en peleas internas creadas por el MAS, como sucedió con regantes de Cochabamba, con los intentos de toma de la sede del Conamaq; en la Fejuve de El Alto y en la otrora gloriosa Central Obrera Boliviana, el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa aprobaban leyes que violan la parte dogmática de la Constitución. Así, uno de los “súper” ministros de Evo Morales anuncio la semana pasada la expulsión de Bolivia de la ONG internacional IBIS, porque se habría entrometido en asuntos internos, sin tomar en cuenta los aspectos históricos de las organizaciones indígenas originarias y campesinas que recibieron el apoyo de esta institución por varios años; especialmente en el proceso Constituyente que tanto pregonan los “intelectuales progresistas” encaramados hoy en el poder.

El anuncio fue secundado por intérpretes iluminados y algunos clarividentes que se creen dueños de la verdad, como el coordinador de los movimientos sociales Alfredo Rada Vélez, quien en su artículo del 22 de este mes intenta justificar la crisis orgánica de la Cidob y el Conamaq promovida por operadores del Gobierno. para legitimar sus aspiraciones de tomar el control económico del Fondo Indígena, un hecho denunciado por el Conamaq a principios de 2013. La independencia de las organizaciones indígenas originarias campesinas, comunidades interculturales (colonizadores) y pueblo afroboliviano, está vigente en la memoria histórica de nuestros pueblos que data desde 1492: Invasión del territorio por parte de los españoles. Posteriormente, entre 1500 y 1809, se registraron luchas del movimiento indígena originario campesino por la liberación del dominio español. Pero por injerencia política del MAS al interior de esas estructuras dicha independencia está seriamente cuestionada.

Desde 1825, cuando nace Bolivia, como Estado colonial y minero feudal liberal, se  ha transitando por la Guerra del Chaco (1932–1935) hasta el 1952 de la  Revolución Agraria–Minera, Voto Universal.  Una Reforma Agraria basada en la titulación individual de la propiedad, dando lugar a la Abolición del pongueaje y esclavitud y se tuvo la nacionalización minera. A partir de entonces y entre 1964 y 1982 se registraron periodos de gobiernos militares. Bolivia atravesó una especie de Anacyclosis política, como decía el pensador político Polibio durante la edad antigua.

Con todo y gracias a las movilizaciones de 1990 hubo la marcha por el Territorio y la Dignidad, desde Trinidad a La Paz.  Este proceso prosiguió en 1994 con la Marcha por la “Vida y la Soberanía Nacional” de los cocaleros del trópico cochabambino.  Se puede decir que fueron varios los acontecimientos históricos que reafirman el espíritu combativo de pueblos indígenas, llegando hasta 1995, cuando en Santa Cruz se crea el Instrumento Político IPSP. Con demandas estratégicas y propias en 1996 se realiza la marcha indígena-campesina por la “Vida, Tierra y Territorio”. Uno de los frutos de este movimiento fue lograr introducir en la Ley INRA las partes referidas a las Tierras Comunitarias de Origen (TCO), aspecto que en la actualidad algunas autoridades y funcionarios pretenden desconocer esos derechos.

Estos hechos parecen ya no tener retrocesos porque en el 2002 se registra la marcha Indígena por la “Asamblea Constituyente”. La democracia neoliberal estaba entonces bajo la influencia de tesis del “fin de la historia de Francis Fukuyama del “Estado mínimo” de Robert Nozick, pero la perspectiva intercultural y descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos logra el 2005 que Evo Morales gane por mayoría absoluta del 53,7%.  En 2006 se decreta la nacionalización de los hidrocarburos y se celebran las elecciones a la Asamblea Constituyente y el MAS obtiene la victoria con el 50,7%. El 25 de enero de 2009 se aprueba la CPE con 61,43 % de votos en favor y el 9 de febrero Evo promulga la CPE en  El Alto. 

Los pueblos indígenas fueron, desde su independencia política, la médula que la Constitución recogió. Sin embargo, grande fue la sorpresa cuando el gobierno de Morales se apropio de las organizaciones sociales del Pacto de Unidad, CSUTCB, “Bartolinas”, Interculturales, y cómo no tenía el mismo respaldo de las naciones indígenas de tierras bajas, Cidob y de tierras altas Conamaq, decidió crear paralelismos al interior de sus estructuras institucionales, con el objetivo de seguir utilizando simbólicamente el concepto indigenista en esferas internacionales, llevándolos a los dirigentes campesinos a posar como floreros junto a Evo en eventos nacionales e internacionales, porque decir la verdad es “hacer quedar mal a Evo Morales”. 

Lo que sí queda en completa evidencia y no puede desafiar la inteligencia del soberano, es que el gobierno del MAS impulsa divisiones orgánicas con total descaro, sin ningún disimulo, sin importar que cada vez más sean más los que se dan cuenta de cuál es la verdadera realidad que viven las organizaciones sociales, socavando la democracia intercultural ejerciendo el control de todos los estamentos del Estado, incluido el Poder Judicial que funciona como su aparato represor. “La hermosura es una tiranía de corta duración”, decía Sócrates, y nos damos cuenta que existe imposición de la doctrina neoliberal y un intento de borrar la memoria histórica de las luchas nacionales y populares.

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