Animal Político

Radio Pío XII, 1967: un extraño actor

Evolución de la radio minera y de sus gestores, los padres oblatos.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo García Cárdenas es historiador

00:00 / 04 de julio de 2018

La Radio Pío XII perteneciente a la congregación católica de los Oblatos es un actor sobre el que se muestra el proceso de toma de conciencia de la situación real de los trabajadores mineros, su dura cotidianidad y permanente explotación laboral. La instalación de la Radio Pío XII junto con sus obras apostólicas fue uno de los esfuerzos importantes de la Iglesia Católica para luchar contra el comunismo, en ese tiempo considerado como gran enemigo de la fe. Por ello la población minera los miraba como contrarios a sus intereses; hacían problemas y no comprendían a la clase trabajadora, además de ser defensores de los sectores dominantes. Los oblatos se encontraban en pelea con el comunismo y muchos de los dirigentes se declaraban abiertamente comunistas, entonces los sacerdotes se encontraban constantemente en contra de los dirigentes y por lo tanto contra los sindicatos. (Moema Viezzer: ‘Si me permiten hablar...’: Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, México, 1978)  

La percepción de los trabajadores sobre el accionar de la iglesia desde los Oblatos y la Radio Pío XII, se refleja muy bien en el testimonio de un minero de base: “Y yo le quiero decir esto sobre la gente de la Pío XII. Ellos son nuestros amigos cuando nosotros estamos presentes, y cuando ellos están junto con nuestros enemigos hablan mal de nosotros y dicen cosas como esas de que conspiramos, y que nosotros chupamos, y que somos mal disciplinados, y así. Pero, ¿sabe usted lo que ellos son? Ellos son cambiacasacas que quieren ser amigos de todo el mundo, y eso es imposible en Siglo XX”. (Rubén Vásquez Díaz: Bolivia a la Hora del Che, México, 1968)

Entre los sacerdotes oblatos se encontraba Gregorio Iriarte, en ese momento, al parecer firme militante de su misión anticomunista. Cuando se dio la masacre llevaba tres años en Siglo XX. Para su visión las minas eran un importante centro de actividad para el comunismo internacional, su afirmación se apoya en las constantes visitas de personas provenientes de países comunistas que, según su testimonio, entregaban mucho dinero a los dirigentes de los sindicatos. Para él en Siglo XX había tres partidos trabajando contra el gobierno de Barrientos.

“Los comunistas son Simón Reyes y Rosendo García Maisman. El grupo Pekín con Toscanito y Federico Escóbar y, finalmente, la gente del POR, como Filemón Escóbar, Víctor Sosa y Jesús Camacho. Ahora todo es diferente. Simón Reyes se ha escapado. Él y un amigo se fueron para las montañas con un par de subametralladoras y se desvanecieron en Oruro. Maisman murió en el edificio del sindicato baleando y matando a un teniente Rangers”.

Sobre Federico Escóbar, que había muerto meses antes, dijo que se estaba convirtiendo al catolicismo y fue muerto por los mismos comunistas por “volverse suave”.  

Sobre la noche de San Juan, Gregorio Iriarte tiene una primera versión. El protagonista de la misma es el dirigente René Chacón, que al ser elegido dirigente se dedicó a tomar y se volvió subversivo y se alejó de la iglesia, Chacón conocía muy bien las divergencias entre Barrientos y Ovando y estaba seguro de que este último no marcharía sobre las minas si ellos atacaban a Barrientos; en este marco de análisis, Chacón prepara el ampliado del 24. Iriarte continúa:

“Se distribuyeron armas; y un cierto Sargento Ferrel, de los zapadores del otro lado del valle, fue sobornado para que colaborara con los mineros. Sin embargo, se descubrió todo, Ferrel reveló los planes al comandante militar; la noche de San Juan los soldados venían cuesta abajo por las laderas de las montañas y los mineros abrieron fuego con dos ametralladoras, y esa fue la manera en que la matanza se inició. Con el objeto de silenciar las dos ametralladoras, los soldados comenzaron a tirarle al campamento Salvadora y mataron a mujeres y niños. Más de 20. Fue la gente de Chacón, incitada por los comunistas, la que comenzó el tiroteo. El ejército solamente contestó el fuego. Que lo hicieran de una manera brutal, es otra cosa”. (Rubén Vásquez Díaz: Bolivia a la Hora del Che, México, 1968)

El proceso de ocupación y el encuentro con la realidad cotidiana llevaron a los sacerdotes oblatos y a la Radio Pío XII a un cambio de visión sobre las clases populares y dejaron las posiciones anticomunistas dogmáticas y pasaron a ser activistas de la opción por los pobres; de hecho, Gregorio Iriarte, poco después escribió un magnífico libro sobre los mineros, y la versión que éste consigna sobre la Masacre de San Juan es diferente a la anotada más arriba, tan cercana a la versión que los gobernantes deseaban escuchar. La nueva versión se ha convertido en la más aceptada sobre la masacre.

Fragmento del texto A sangre y fuego, contenido en el libro ‘1967: San Juan a sangre y fuego’, de Carlos Soria Galvarro T., José Pimentel Castillo y Eduardo García Cárdenas. Punto de Encuentro, La Paz, 2008.

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